Abu Simbel
Fecha del viaje: Agosto de 2015
Una vez que el barco está en el extremo sur del crucero, en Asuán, lo cual puede ser al principio o al final del crucero, según el planning del viaje, es cuando se visita Abu Simbel, que está aun más al sur, cerca ya de la frontera con Sudán. Esta visita no se puede hacer por libre, va incluida en el crucero contratado, y se hace en un convoy escoltado por un par de coches de la policía.
A las 3:30 de la mañana sonó el despertador. Menuda pereza, sino fuera porque íbamos a ver una de las maravillas de Egipto... Nos dieron a todos una bolsa de picnic con el desayuno y nos llevaron en coche hasta el punto de encuentro desde donde sale la expedicion, con gente de otros barcos, todos juntos hacia Abu Simbel, escoltados por unos policias jovenzuelos que tenían más sueño que nosotros. El viaje son unas dos horas y media, y pudimos aprovechar para dormir un poco, ya que íbamos en un monovolumen grande para nosotros solos.
Recomendaciones importantes
- Aquí no vais a estar solos, estareis acompañados por el resto de turistas que van en el convoy. Aprovechad nada más llegar, parte de la gente pasa primero por el bar que hay a la entrada a comprar algo o sentarse un poco. Aunque el mejor momento para estar lo más solos posible es hacerse los remolones al final, cuando la gente después de la visita reservan un poco de tiempo para sentarse en la terraza sombreada del bar antes del viaje de vuelta a Asuán.
Abajo podéis ver un par de ilustraciones realizadas por el pintor-aventurero inglés David Roberts, que recorrió Egipto y gran parte de Oriente Medio (también la exótica España) a mediados del siglo XIX, haciendo unos valiosísimos dibujos que nos permiten conocer el estado de esos sitios cuando aún no existía la fotografía. Como podéis ver, Abú Simbel estaba parcialmente cubierto por la arena del desierto, y esa es la principal razón de que se haya conservado tan bien.
Bueno, se conservó bien hasta que al gobierno egipcio se le ocurrió hacer una mega presa que lo iba a dejar totalmente sumergido, porque Abu Simbel fue construido a la orilla del rio Nilo. De esta manera, para poder salvarlos, tanto el templo de Ramsés II como el de su esposa Nefertari fueron cortados en más de 1000 bloques, algunos de más de 30 toneladas, y numerados, trasladados y vuelto a montar en otro emplazamiento cercano unos 65 metros más alto y 200 metros más hacia el interior. Esta ciclópea operación duró cuatro años, desde 1964 a 1968, cuando fue inaugurado en su nueva ubicación. No solo se reconstruyeron los templos, también la montaña en la que estaban tallados, para que no se notara ninguna diferencia con el original.
Arriba a la izquierda, con el templo de Nefertari, y a la derecha con el del faraón, Ramsés II, mucho más grande. Abajo a la izquierda, en ese zoom podéis ver las lineas de separación entre los diferentes bloques de la reconstrucción, que en la distancia apenas se aprecia. No es de extrañar que esta maravilla del empeño humano fuese declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979.
En principio está prohibido hacer fotos en el interior de los templos, pero si le dais una buena propina al guardia, se soluciona el problema. El mismo os hará las fotos muy amablemente. Abajo a la izquierda, con la llave del templo.
Estos magníficos templos fueron construidos aproximadamente entre 1264 y 1244 a. C. Su función era tanto religiosa como política: glorificar al faraón y afirmar el dominio egipcio sobre Nubia, que estaba justo al sur de este lugar. Otra razón fue conmemorar la victoria egipcia en la batalla de Qadesh contra los hititas, en el año 1274 a.C., lo cual está escrito en los jeroglíficos que hay en su interior, y se considera el primer tratado de paz documentado en la historia humana. Si consigues estar dentro del templo sin nadie más, como nosotros, te sentirás como un auténtico Indiana Jones, sentirás cómo el faraón Ramses II te susurra al oido cómo despedazó a sus enemigos en la batalla de Qadesh.
Abajo, vista hacia el embalse desde el templo de Ramsés II. Estaba a tope de agua, y eso que era pleno mes de Agosto.
Cuando ya todo el mundo se iba retirando hacia el bar con terraza de la entrada, nosotros fue cuando más aprovechamos a hacer fotos, hasta que nos quedamos solos del todo, y enseguida uno de los guardias ya nos indicó que teníamos que salir. Un par de fotos más todavía. Y aún nos dio tiempo a sentarnos diez minutos a la sombra en la terraza y tomar algo fresco antes de que embarcásemos todos en nuestros respectivos vehículos de vuelta hacia Asuán.
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