Viaje por La Mancha
Fecha del viaje: Marzo de 2026
El primer fin de semana de la Semana Santa de 2026, los días 28 y 29 de Marzo, decidimos hacer una excursión de dos días a un destino que no estuviera muy lejos de casa, en Villaviciosa de Odón. El destino elegido fue Ciudad Real, pasando noche en el maravilloso pueblo de Almagro, uno de los pueblos más bonitos de España. Queríamos visitar también el parque nacional de las Tablas de Daimiel, ya que ese invierno había sido bastante lluvioso y ahora, después de años en una situación lamentable, las lagunas lucían espléndidas como hacía mucho tiempo que no se conocía. Sin duda, era un destino perfecto.
Nuestra ruta fue la siguiente:
Dia 1: Puerto Lápice, parque nacional de las Tablas de Daimiel, Almagro, y volcán Cerro Gordo en Campo de Calatrava.
Día 2: Almagro, castillo de Calatrava la Nueva, castillo y molinos de Consuegra.
Y este es el mapa completo de la ruta que hicimos, cerca de 550 km en dos largos e intensos días.
Recomendaciones importantes
- La plaza de Almagro es un sitio estupendo tanto para desayunar, como comer o cenar. Preferiblemente en una de sus terrazas, si hace buen tiempo.
- La plaza está orientada, más o menos, en el eje Este-Oeste. Para las fotos, el mejor momento es al medio día, en que ambas fachadas están iluminadas por el Sol (especialmente la Norte) incluyendo el ayuntamiento y la iglesia de San Agustín. Por la mañana, el ayuntamiento está en sombra. El atardecer también es un momento ideal para hacer fotos en la plaza. Lo podéis ver en las fotos del artículo.
- En la callecita que hay entre el ayuntamiento y la iglesia, hay una cafetería un poco escondida ideal para merendar. Es la única que vimos en el pueblo.
- Para visitar las lagunas de las Tablas de Daimiel, es mejor que os aseguréis antes de que tienen una cantidad aceptable de agua, sino es así es posible que no merezca mucho la pena y sea mejor esperar. En determinadas épocas están casi secas.
Día 1
Como solemos hacer siempre en estos viajes cortos, madrugamos bastante el día de salida, para aprovechar el día al máximo (y además, Inés va dormida todo el trayecto hasta que paramos a desayunar). La primera parada fue en el bonito pueblo de Puerto Lápice, a hora y media de casa, y a sólo 40 minutos del parque nacional de Las Tablas. Aparcamos en el mismo centro, es un pueblo pequeño, y dimos un paseo por el centro histórico, que se reduce a su original plaza mayor, y algunas calles aledañas.
Hay una escultura de Cervantes junto a la biblioteca, muy cerca de la plaza mayor, que a Inés le llamó mucho la atención. En la foto de arriba a la izquierda, detrás de Inés se ve el sitio donde fuimos a desayunar unas buenas tostadas con aceite, tomate y jamón. Después de ese fantástico desayuno, fuimos a ver la plaza, que estaba justo enfrente. Es enormemente original, y aunque pueda parecer una plaza del siglo XVII o XVIII, en realidad es mucho más moderna, del año 1976. Se diseñó así deliberadamente para reproducir la arquitectura tradicional manchega con soportales de madera y balcones corridos. No había nadie en ese momento, y estuvimos un rato curioseando y haciendo algunas fotos.
Muy cerca de la plaza, encontramos un restaurante situado en una auténtica venta manchega del siglo XVIII, que podéis ver en las fotos de abajo. Sin duda, para todos los amantes de los sitios con encanto e historia, un sitio fascinante donde comer. Cuidado, porque hay que reservar. Nosotros lo intentamos al día siguiente, ya de vuelta hacia Madrid, y sin reservar era imposible. Este pueblo, Puerto Lápice, aparece en El Quijote, ya que hacia él se dirige el caballero en busca de aventuras, por ser un lugar transitado gracias a su famosa venta, que no sabemos si se corresponderá con ésta que aún existe hoy.
Y desde aquí pusimos rumbo al parque nacional de las Tablas de Daimiel, a 40 minutos de distancia, donde íbamos a pasar el resto de la mañana, ya que nuestra idea era comer en Almagro. Siendo Sábado, Semana Santa, y además estar las lagunas llenas de agua como hacía años que no estaban, ya imaginábamos que no íbamos a estar solos. El caso es que sí que había gente, pero como era temprano aún, no resultaba agobiante. Además, al ser un lugar grande, la gente se va repartiendo. Cuando acabamos la visita, sobre las dos de la tarde, sí que notamos que había mucha más gente, y el parking estaba mucho más lleno. La entrada al parque es totalmente gratuita. Como siempre en estos sitios turísticos, cuanto más maduguéis, menos gente encontraréis.
Arriba, una foto del plano de las posibles rutas. Nosotros hicimos la más clásica, la amarilla, que sale desde el mismo centro de visitantes donde habíamos dejado el coche, y pasa por la isla del Pan, donde hay un mirador elevado. Al acabar ésta, hicimos la corta ruta de color rojo que va hacia abajo y es lineal, se vuelve por el mismo camino. Luego cogimos el coche unos minutos y aparcamos en el siguiente parking, cerca del antiguo molino. Allí es donde está el cartel con el plano que sale en la foto de arriba. Aquí podéis visitar el antiguo molino reconstruído, que hoy se ha musealizado y es un centro de interpretación del lugar.
La ruta amarilla es muy agradable de recorrer, ya que va casi siempre por pasarelas de madera por encima de las lagunas. Y en cuanto a la cantidad de gente, pensaba que iba a ser más agobiante, pero al final no era para tanto. Como se ve en las imágenes del artículo, era fácil hacer buenas fotos sin que apenas saliera gente. Por otro lado, las lagunas lucían espléndidas, estaban a tope de agua. Esto es algo que conviene comprobar antes de ir, pues el agua en este paisaje lo significa todo, y encontrarse las lagunas casi secas le quita mucho encanto al lugar.
Abajo a la izquierda, el mirador elevado de la isla del Pan, y abajo a la derecha, la vista que se ve desde allí. Esta ruta amarilla mide en total sobre 2 km, y es una sencilla y agradable ruta de senderismo para hacer en una hora y media más o menos, según las paradas que hagas.
En algunos puntos de la ruta hay casetas para la observación de aves en las lagunas
Una vez que hicimos la ruta amarilla completa, volviendo al punto de inicio, hicimos la ruta lineal roja, que va paralela a la laguna y acaba en una caseta de observación de aves. Son las fotos de abajo.
Y una vez hecha esa corta ruta, que nos llevó unos 15 o 20 minutos, cogimos el coche para ir ya hacia Almagro, que se acercaba la hora de comer. Como pasamos al lado, decidimos parar en el molino de Molemocho, un antiguo molino originario del siglo XVI que ha sido restaurado y habilitado como centro de interpretación del parque. Desde el aparcamiento hay que dar un agradable paseo de unos 10 minutos hasta el molino, es una parada muy recomendable.
Como ya eran casi las dos de la tarde, estaba casi vacio cuando lo visitamos nosotros (fuimos los últimos en salir antes de que cerrasen). Desde allí ya nos fuimos directos a Almagro, donde aparcamos cerca de nuestro alojamiento, en el centro histórico. Nuestro alojamiento era el hotel "Retiro del Teatro", situado a un paseo de 5 minutos de la Plaza Mayor. Nos alojamos en la suite que tienen en la planta baja, con saloncito, por algo menos de 100 euros la noche (sin desayuno, por que no sirven comidas, es sólo alojamiento). Después de instalarnos, fuimos dando un paseo a la plaza, con intención de comer allí. Abajo, un par de fotos de la fachada del alojamiento, una antigua casa de labranza del siglo XVIII muy bien rehabilitada, y de la fantástica cama de nuestra suite.
Y aquí abajo, fotos en la maravillosa plaza mayor de Almagro, una de las más bonitas de España, y absolutamente única en su estilo. Comimos muy tranquilamente a base de raciones en una de las terrazas de la plaza.
La razón de la originalidad de esta plaza, tiene que ver con la poderosa familia de banqueros alemanes, los Fugger, que llegó a Almagro en el siglo XVI para gestionar el arrendamiento de las minas de mercurio de Almadén. Durante su presencia en la ciudad se construyeron edificios, incluyendo la plaza, siguiendo modelos arquitectónicos que recordaban a los del norte de Europa. De ahí procede, en buena medida, el aspecto tan peculiar de las galerías acristaladas de color verde de la plaza. Como curiosidad, originalmente esas galerías no estaban acristaladas. Eran corredores abiertos desde los que los habitantes podían contemplar los espectáculos que se celebraban en la plaza.
Después de comer, hicimos un poco de sobremesa allí mismo, que se estaba genial en la terraza, tomando el café, con ese solecito que hacía. Inés mientras tanto, jugaba por los alrededores con unos muñecos que había traído. Después, nos hicimos unas fotos en ese magnífico lugar, aprovechando que a esa hora de la tarde, además de haber poca gente, la fachada opuesta de la plaza, así como el ayuntamiento que la preside, estaban iluminados por el sol, que ya estaba de bajada. Como podéis ver, es una plaza realmente fotogénica, especialmente el rincón que queda delante del ayuntamiento y la enorme iglesia de San Agustín.
Almagro también está relacionado con El Quijote, ya que muy cerca de aquí, en el camino al cercano pueblo de Bolaños de Calatrava, es donde Cervantes sitúa la aventura del barbero al que Don Quijote arrebata el supuesto yelmo de Mambrino, usándolo desde ese momento como su propio yelmo.
Y ya con la sensación de habernos empapado completamente de la belleza de ese lugar, decidimos aprovechar la tarde en acercarnos al volcán de Cerro Gordo, situado a sólo 10 km de Almagro. Fuimos dando un paseo hasta el coche, y en apenas 15 minutos ya estábamos entrando en la pista que lleva al centro de visitantes de ese antiguo volcán. Toda esta zona de Castilla la Mancha fue hace millones de años una amplia zona volcánica, llamada Campo de Calatrava, y es, junto a La Garrotxa en Gerona, la principal zona volcánica de la península Ibérica. Naturalmente, uno no puede esperar cráteres o campos de lava especaculares, ya que esto ocurrió hace millones de años y la zona ha sufrido mucha erosión y naturalización desde entonces.
La entrada es una caseta de obra, donde un encargado da unas breves explicaciones, y a partir de ahi bajas por un camino excavado en el terreno, donde lo más sobresaliente es ver los diferentes estratos de tierra y roca, de diferentes colores, formados en distintas erupciones del volcán.
De vuelta a Almagro, donde llegamos aún con luz, aparcamos junto al hotel y nos dedicamos a pasear por las calles aledañas a la plaza mayor, que es la zona más bonita de Almagro. Pasamos por la puerta del Parador Nacional, situado en un antiguo monasterio, y nos metimos en una iglesia que encontramos, a parte de visitar también la iglesia de San Agustín, las más imponente del pueblo, que preside la plaza junto con el edificio del ayuntamiento.
Y al caer el sol, nos metimos en una cafetería que está en la callecita peatonal que va entre la iglesia de San Agustín y el ayuntamiento, donde nos acabamos metiendo una merienda tan abundante que ya se nos quitaron las ganas de cenar más tarde. Un sitio muy recomendable. Después de esa estupenda merienda, nos quedamos en la plaza hasta que se hizo completamente de noche, disfrutando de los diferentes tonos de luz de la plaza según iba oscureciendo.
Dejamos la plaza, iluminada en la noche, y con bastante ambiente, para irnos a dormir. Nos saltamos la cena porque después de la merienda nos habíamos quedado ya sin hambre. En la habitación, estuvimos un rato viendo una peli con Inés antes de dormir.
Día 2
Segundo y último día de nuestro viaje, que iba a ser igual de intenso que el primero. Ibamos a comenzarlo de la mejor manera posible, con un magnífico desayuno de tostadas con aceite, tomate y jamón, con zumo de naranza natural, en una de las terrazas de la plaza.
Al ser Semana Santa, estuvimos un rato viendo como pasaba gente disfrazada de romanos, para alguna procesión que recorería las calles más tarde. Inés se compró un pompero en un puesto de juguetes de la plaza y estuvo un rato jugando a hacer pompas con el magnífico escenario de fondo de los soportales de la plaza. Es un sitio tan bonito y distinto a las demás plazas de España, que uno no se cansa de estar allí.
Aparte de la plaza, pasear por las calles de alrededor, y visitar la iglesia de San Agustín, una visita imprescindible en este bello pueblo es visitar su corral de comedias, un antiguo teatro del siglo XVII que es el mejor conservado de España, y está en la misma plaza mayor. Para eso, conviene reservar con antelación, ya que las plazas son limitadas. Nosotros hicimos esa visita en nuestro anterior viaje a Almagro, sin Inés, en el año 2013.
El edificio se construyó en 1628, cuando Leonardo de Oviedo transformó el antiguo Mesón del Toro en un espacio para representaciones. La primera representación documentada tuvo lugar en 1629. Durante el siglo XVIII los corrales de comedias fueron perdiendo el favor de las autoridades y del público. Se consideraban incómodos, poco higiénicos y peligrosos frente a los nuevos teatros cerrados "a la italiana". El de Almagro tuvo una suerte extraordinaria: siguió utilizándose como posada.
Con el paso de los siglos, algunas partes del antiguo corral fueron tabicadas, cubiertas y modificadas, y el conjunto quedó integrado en las edificaciones que lo rodeaban. Exteriormente ya no resultaba evidente que allí hubiera un teatro del Siglo de Oro. A mediados del siglo XX funcionaba incluso como taberna, la Posada de las Comedias. En los años 50, el propietario quiso realizar unas obras de mejora. Durante ellas apareció una baraja española pintada a mano, escondida en una de las estructuras del edificio. El hallazgo llamó la atención y llevó a investigar qué había sido realmente aquel lugar. Fue entonces cuando se comprendió que se había conservado el antiguo corral.
Lo más curioso, es que no sobrevivió porque durante cuatro siglos fuera considerado un monumento; sobrevivió porque durante cuatro siglos fue utilizado para cosas distintas hasta que alguien descubrió que era un monumento. Abajo podéis ver unas fotos de cuando visitamos este magnífico teatro en el año 2013.
Abajo a la izquierda, una foto en la plaza de Almagro durante esa visita de 2013. Nosotros estamos más jóvenes, pero la plaza sigue básicamente igual. A la derecha, una foto en el hotel en el que nos alojamos en aquel viaje, la posada "Los Caballeros", situada en un viejo caserón del siglo XVI rehabilitado con mucho gusto. La verdad es que en Almagro hay unos cuantos alojamientos con mucho encanto.
Ya desayunados, volvimos al hotel a hacer el checkout, y pusimos rumbo a la siguiente parada del día, el espectacular castillo de Calatrava la Nueva, a poco más de media hora de distancia de Almagro. Este castillo está situado en la cima de un monte aislado, y es visible desde la carretera desde bastante antes de llegar. Ya en la distancia resulta espectacular. Al llegar a la base de ese monte, hacemos una parada para sacar una foto con la escultura de Don Quijote, con el castillo de fondo. Hay gente que deja el coche aquí y sube caminando, pero hay una buena subida. Nosotros seguimos con el coche, y lo dejamos cuando quedaban unos 200 o 300 metros para la cima, ya que vimos una pequeña zona de aparcamiento que estaba vacía.
Se puede seguir hasta arriba, ya que hay un aparcamiento habilitado donde caben unos cuantos coches, y ese día estaba prácticamente vacio, no había casi nadie visitando el castillo. Bueno, de esa manera caminamos un poco, y con buenas vistas además, ya que desde ese monte las vistas son amplìsimas hacia toda la meseta, que es fundamentalmente llana. Los tickets se compran en la propia entrada del castillo, y cuesta 4 euros por adulto y 2,5 los niños mayores de 5 años.
Arriba podéis ver las amplias vistas que hay de la meseta durante el paseo, y más ahora en primavera, que está todo verde. Es poca distancia la que subimos caminando, pero tiene buena pendiente. Si venís aquí en verano, desde luego os aconsejo subir con el coche hasta arriba del todo. Abajo, ya acercándonos a las formidables murallas del castillo.
Este castillo está situado, como decíamos, en lo alto de un monte, el Alto de Calatrava, a unos 925 metros de altitud, dominando el antiguo paso hacia Sierra Morena. Frente a él se encuentra el castillo de Salvatierra, que se puede ver desde las murallas, aunque apenas queda nada de él.
Tras la batalla de Las Navas de Tolosa de 1212, la Orden de Calatrava decidió abandonar progresivamente su antigua sede de Calatrava la Vieja y establecerse aquí, en una posición mucho más fácil de defender. Las obras comenzaron hacia 1217 y el conjunto fue creciendo durante los siglos XIII al XVI. Llegó a convertirse en la sede maestral de la Orden de Calatrava, una organización religiosa y militar cuyos miembros eran simultáneamente monjes y guerreros.
De camino hacia la iglesia, pasamos por una sala bien conservada (fotos de abajo) que era una antigua cocina, y también hizo funciones de dormitorio colectivo. Las condiciones de vida aquí no debían ser nada fáciles. Al parecer, dormían sobre el banco corrido de piedra que hay junto a la pared.
Sin duda ninguna, la parte más espectacular de la visita, con mucha diferencia, es la imponente iglesia, de transición entre el románico tardío y el gótico, con una enorme nave y en la que destaca sobre todo el enorme rosetón.
Y después de disfrutar de la magia y el misterio de esta antigua y olvidada iglesia, subimos a la parte alta del castillo, desde donde hay unas fantásticas vistas de 360 grados.
Ya iba siendo hora de comer, así que bajamos por el camino que sube al castillo hasta nuestro coche, y pusimos rumbo a la última parada de este viaje, el castillo de Consuegra y los molinos que lo rodean. Hay hora y media de viaje hasta allí. Paramos a comer en la antigua venta de Puerto Lápice que tanto nos gustó el día anterior, pero cometimos el error de no llamar para reservar, así que no había sitio. Al final, comimos en un restaurante bastante decente a las afueras de Puerto Lápice. Llegamos a Consuegra con el tiempo justo de ver el castillo antes de que cerrase, sobre las 17:15, ya que cerraba a las 18:00.
Consuegra tiene uno de los paisajes más españoles y más reproducidos del mundo, que es su castillo en lo alto del cerro Calderico, rodeado por un buen puñado de molinos de los siglos XVI al XVIII. Una imagen icónica que todo el mundo ha visto alguna vez en alguna foto, poster o revista. Lo primero, como decía, fue aparcar en el cerro y entrar al castillo deprisa y corriendo, ya que quedaba poco para su hora de cierre. Esta fortaleza tiene un origen musulmán, y fue conquistada definitivamente por los cristianos en 1183. Un siglo antes, junto a estas murallas murió Diego Rodríguez, hijo del Cid Campeador, durante la batalla de Consuegra, que terminó con una derrota de las tropas cristianas frente a los almorávides.
El castillo está bastante restaurado, ya que al parecer durante la guerra de la independencia, estuvo ocupado por los franceses, que al retirarse lo destruyeron en parte. Una de las cosas más bonitas son las vistas de los molinos que podéis contemplar desde sus murallas.
Estos molinos también tienen un papel destacado en la obra de El Quijote, ya que aunque Cervantes no especifica de qué molinos se trata, hay dos localidades de La Mancha que se disputan el escenario de la célebre aventura de los gigantes: Campo de Criptana y Consuegra. Es posiblemente la aventura más conocida del genial hidalgo, cuando confunde unos simples molinos de viento con malévolos gigantes.
Y después de ver el castillo, de donde salimos los últimos, ya a punto de cerrar, dimos un paseo hacia el grupo principal de molinos, donde hay uno de ellos que está habilitado como bar, y otro que conserva la maquinaria, y se puede visitar como museo. Desde ese punto, además, hay una bonita vista del castillo.
Abajo, merendando en uno de los molinos. La planta superior es un pequeño saloncito con unas pocas mesas, no cabe mucha gente. Nosotros tuvimos suerte y pillamos mesa, era un día frio y no había mucha gente en la zona, pero imagino que en días de mucha afluencia será difícil tomar algo aquí.
Y después de la merienda, visitamos el molino museo, llamado molino "Rucio", donde se puede subir a la planta superior para ver la maquinaria, que conserva elementos que se remontan al siglo XVI. Se restauró y abrió al público en 2013, manteniendo la estructura tradicional manchega de tres plantas. La entrada cuesta solo 1,5 euros.
Arriba a la izquierda, el grueso eje principal que transmite el movimiento horizontal desde las aspas hasta la rueda dentada principal, y que con otro engranaje es transformado en un movimiento giratorio vertical para mover la pesada piedra que muele el grano, convirtiéndolo en harina.
Y seguimos el paseo hasta el último molino, desde donde se tiene la mejor vista del conjunto, con el castillo al fondo. En primer plano, en la foto de abajo, el molino Rucio que acabábamos de visitar, y detrás, el molino donde habíamos merendado. Hacía un día con muchísimo viento, como se puede ver en las otras fotos de abajo.
Y de esta manera terminamos ese intenso viaje de dos días por las tierras de El Quijote. Nos metimos en el coche con auténtico alivio de escapar de ese fortísimo viento, y pusimos rumbo a casa, en Villaviciosa de Odón, adonde ya fuimos directamente, sin más paradas.
Volver a Inicio