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Prambanan


Fecha del viaje: Julio de 2026

Puedes ver aquí el itinerario completo de este viaje por Indonesia.

Indonesia la verdad es que es un destino bastante lejano de España, prácticamente a dos pasos ya de Oceanía. Realmente, desde que salimos por la puerta de casa, en Villaviciosa de Odón (Madrid) hasta que llegamos por fin a nuestro hotel en Yogyakarta, habían pasado algo más de 25 horas repartidas en tres vuelos.

Nuestro vuelo principal, con Qatar Airways, salió de Madrid a las 9:05 de la mañana, y llegó a Yakarta a las 7:30 de la mañana del día siguiente, con una escala de cerca de dos horas en Doha. Este vuelo nos salió por 3129 euros en total los tres pasajes de Patri, Inés, y el mio. Una vez en Yakarta, teníamos otro vuelo dos horas y cincuenta minutos después hacia Yogyakarta. Ese vuelo nos costó 185 euros los tres pasajes, y duraba solo una hora (con Batikair, una aerolínea indonesia que funcionó muy bien en todos nuestros vuelos internos).

Una vez en Yakarta, además de recoger nuestro equipaje facturado y cambiar dinero, teníamos que hacer los trámites de visado. Para ahorrar tiempo en colas, lo habíamos hecho ya online como diez días antes. Ese trámite lo puedes hacer de manera sencilla en la web oficial, aqui. Tendrás que tener preparadas unas fotos de la página principal del pasaporte de cada viajero, así como una foto de la cara de cada uno. El precio es de unos 25 euros por cabeza, que puedes pagarlo con tarjeta.

Pero ese no es el único trámite que tendrás que hacer con antelación antes de empezar el viaje. Tres días antes de coger el vuelo, tienes que rellenar online la "arrival card" de entrada al pais. Eso lo puedes hacer en la web oficial, aquí para cada uno de los viajeros, y te devolverá un código QR que te enviarán por mail para cada uno, que tendréis que enseñar obligatoriamente en el aeropuerto. De hecho, hay que pasar el código QR por los torniquetes de salida, y si no lo tienes no podrás salir. Si no lo has hecho en casa, te tocará rellenar esos datos allí, con la pérdida de tiempo que supone (sobre todo si vas a coger otro vuelo, como era nuestro caso). Este código QR, ya lo hagas online o en el propio aeropuerto al llegar, es gratuito.

Una vez salimos de la zona de llegadas, corriendo a la zona de salida de vuelos domésticos, a facturar y pasar el control de seguridad. Teníamos en total casi tres horas desde que aterrizamos, y no nos sobró mucho tiempo. Si vais a coger otro vuelo a vuestra llegada a Yakarta, contad con al menos dos horas y media como poco, en ningún caso planeeis otro vuelo por debajo de ese límite, podéis perderlo.

Una vez en Yogyakarta, a las 11 de la mañana, recogimos nuestro equipaje y nada más salir ya nos estaba esperando el conductor del hotel con un cartel con mi nombre. Así da gusto. Ese traslado lo contraté directamente con el hotel y nos salió al cambio por 32 euros. Nos montamos en su coche, con aire acondicionado y botellas frias de agua, y en algo más de una hora de intenso tráfico llegamos a nuestro fabuloso hotel en el centro de la ciudad, The Phoenix Hotel Yogyakarta. Nada más llegar, sacaron nuestro equipaje, bebida de bienvenida, y asiento en un buen sofá bajo las aspas de un ventilador de aire colonial, para hacer el checking. Por fin en casa, unas 25 horas después de salir de la nuestra.

Recomendaciones importantes

  • Para visitar estos templos, el mejor consejo posible es madrugar y estar allí justo cuando abran, a las 7:30. Si veis las fotos del artículo, entenderéis por qué. Cuando salimos del recinto, la cantidad de gente era muchísimo mayor que cuando entramos. Además, la luz para las fotos es mucho mejor temprano por la mañana.
  • En el recinto hay algún establecimiento donde tomar algo o incluso comer. Si queréis visitar también los templos menores, como hicimos nosotros, también se pueden alquilar bicis.
  • Además del recinto principal de Prambanan, no os perdáis el templo Candi Sewu, una auténtica maravilla, donde apenas va nadie (al menos temprano, que es cuando estuvimos nosotros).
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Día 2

Llegamos al hotel pasada la 1 de la tarde de nuestro ya segundo día de viaje, y nuestra habitación aún no estaba lista. Aprovechamos para acomodarnos en el bonito y fresco salón colonial para comer, mientras ponían a punto nuestra habitación.

Y nada más terminar de comer, pudimos subir a nuestra habitación, una fantástica suite con un gran balcón que daba directamente a la piscina. Esta habitación nos salió por 298 euros por dos noches con desayuno. Es caro para ser Indonesia, pero es un hotelazo de 5 estrellas en un antiguo edificio colonial de 1918. Un hotel así en España costaría más del doble, así que viajar a paises más baratos, es en realidad una oportunidad para disfrutar lujos que en España son mucho más inaccesibles.

Una vez instalados, bajamos a la piscina a darnos un chapuzón y tomarnos unos zumos naturales. El hotel estaba genial, con una atención muy personalizada para cualquier cosa que necesites.

Ese rato de relax en la piscina nos vino genial para despejarnos un poco. Tanto, que en vez de dormir la siesta (si lo hubieramos hecho, igual no nos levantábamos hasta el día siguiente) decidimos salir a dar una vuelta por la famosa calle comercial de la ciudad, la calle Malioboro. Desde nuestro hotel hay como unos 12 o 15 minutos de agradable paseo hasta el extremo norte de la calle Malioboro, que empieza justo nada más cruzar las vias del tren. A partir de ese punto, ya no hay tráfico de coches en esa calle, solo los famosos tuk tuk (que en Yogyakarta se llaman becak) y algún que otro autobús.

Es una calle llena de comercios a ambos lados, sobre todo de prendas de ropa tintadas con llamativos colores, con una técnica llamada batik, y también todo tipo de souvenirs. Hay un ambiente muy festivo, y bastante gente. Incluso había unos indonesios en el suelo que retaban a una partida de ajedrez al que quisiera aceptar el reto, con una módica apuesta de 40.000 rupias (unos 2 euros). Yo jugué una partida (abajo a la derecha), y por supuesto perdí, esa gente lleva muchas partidas ya jugadas.

Una vez que se hizo de noche, a las 6 de la tarde, emprendimos la vuelta al hotel, pero esta vez a lomos de un becak. Inés aún se acordaba perfectamente, dos años antes, de los tuk tuk de Bangkok (podéis ver el artículo de ese viaje aquí) y estaba deseando probar esta nueva modalidad, en la que ibas delante del conductor, en vez de atrás. De hecho, le gustó aún más, ya que vas viendo por donde vas en primer plano, sin nada delante. Lo flipaba.

Y ya en el hotel, fuimos a cenar directamente antes de subir a dormir. Esa noche necesitábamos descansar unas 10 horas para reponernos del viaje, y además al día siguiente tocaba madrugar para ir a visitar los templos de Prambanan. Abren a las 7:30 de la mañana (aunque en muchos sitios en internet pone que es a las 7) y queríamos estar allí los primeros, así que habíamos contratado un conductor desde España para que al día siguiente nos recogiera a las 6:30 de la mañana en la recepción del hotel. Antes de las 20:30 ya estábamos en la cama, así que teníamos bastantes horas de descanso por delante.

Los gastos del día habían sido:

Comida: 34 euros

Taxi al hotel: 32 euros

Becak al hotel: 5 euros

Cena : 52 euros

Zumos en el bar del hotel: 5,5 euros


Día 3

A las 6:10 de la mañana sonó el despertador... No íbamos a desayunar en el hotel, ya lo haríamos después de ver los templos de Prambanan, en algún restaurante de la zona. Nos vestimos, nos lavamos un poco la cara, y a las 6:30 ya estaba nuestro conductor esperando en la recepción. Este conductor lo busqué por internet desde España antes de salir de viaje, y la verdad es que funcionó muy bien. Si alguien quiere el contacto, puede escribirme y se lo paso por privado. El recorrido era llevarnos desde el hotel hasta los templos de Prambanan (media hora de viaje), luego al templo de Plaosan, que pertenece a Prambanan pero está como a 5 minutos en coche, y finalmente dejarnos en el palacio del agua, Taman Sari, en el centro de Yogyakarta. Unas 5 o 6 horas con nosotros, que nos costó 550.000 rupias, unos 27 euros al cambio.

A las 7 y poco de la mañana ya estábamos en Prambanan. Fuimos a la taquilla a sacar las entradas, que no son nada baratas si no eres indonesio. El precio es de 400.000 rupias por adulto y 250.000 por cada niño. Total, 1.050.000 rupias, que son unos 52,5 euros. Fuimos hacia la entrada del recinto, donde nos sacamos una foto con el cartel con el nombre del lugar y los templos al fondo, iluminados con la cálida luz de la mañana.

Llegamos a la entrada, y aún no habían abierto, son muy puntuales. Abajo a la izquierda, algunos operarios fregando el paso de entrada, y a la derecha, justo a las 7:30, abriendo los templos para nosotros. La regla básica del buen viajero, no hay mejor truco que madrugar.

Entramos los primeros, y detrás nuestro apenas habría 8 o 10 personas más. Sin duda, el mejor momento del día para visitar estos fantásticos templos, los mayores templos hinduistas fuera de la India. Además, la luz de la mañana a primera hora es la mejor para sacar fotos, ya que la fachada principal que veis en estas fotos, está orientada hacia el Este. En las fotos de abajo, el paso de entrada brilla debido a que aún está húmedo de la fregada que le acaban de hacer. Prambanan, allá vamos.

En las dos fotos de abajo se puede ver el templo principal y más grande, de los seis que componen el conjunto. Se trata del templo de Shiva, con la escalera que accede a su interior, y donde iríamos después. Lo primero que hicimos fue ir a uno de los templos menores, el Candi Angsa, situado justo a la izquierda según se entra al recinto. Desde allí, como podéis ver, hay muy buenas vistas del templo principal, aun con muy poca gente en la explanada. Una hora después, la cantidad de gente ya era muchísimo mayor.

Desde ese pequeño templo, cruzamos la explanada para ir al principal, que está escoltado a ambos lados por dos templos más pequeños, dedicados a Brahma y Visnu. Estos fantásticos templos fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1991.

Fue construido alrededor del año 850 d. C., durante el reinado de la dinastía Sanjaya. En aquella época, Java estaba dividida entre reinos hinduistas y budistas. Es curioso que Prambanan y Borobudur (el gran templo budista) se construyeran con apenas unas décadas de diferencia. Reflejan un periodo en el que hinduismo y budismo coexistieron y compitieron por el poder político y religioso.

Poco después de su construcción, la capital del reino se trasladó al este de Java y el complejo fue perdiendo importancia. Durante siglos quedó abandonado, cubierto por la vegetación y afectado por numerosos terremotos. No fue hasta el siglo XIX, durante la administración colonial neerlandesa, cuando comenzaron las excavaciones y la restauración.

Arriba a la izquierda, subiendo la escalinata del templo de Shiva, el principal y más grande. Arriba a la derecha, desde el templo de Shiva, vista del pequeño templo que fue el primero en el que entramos, y desde donde sacamos las fotos anteriores. Abajo a la derecha, estatua de Shiva en una de las cámaras del templo.

Abajo a la izquierda, estatua de Agastya, y más abajo, estatua del dios Ganesha de cabeza de elefante, en otras de las cámaras del templo de Shiva.

Después del templo de Shiva, pasamos a visitar uno de los dos templos más pequeños que lo escoltaban, el de Visnú, que estaba a su derecha. En la parte trasera de los templos, la fachada Oeste, hay un bonito árbol que resulta muy fotogénico en composición con los templos. Al ser la fachada Oeste, al fotografiar los templos tendrás el Sol de cara, como se puede ver en las fotos de abajo.

De nuevo en la explanada principal, para entrar en el templo de Visnú.

Y una vez visto este templo más pequeño, decidimos salir ya del recinto principal. Llevábamos una hora casi exacta de visita, y ahora ya había bastante más gente que cuando entramos, que estábamos prácticamente solos. El recinto está rodeado por una muralla de piedra, y salimos de allí por la puerta Norte, que estaba justo a nuestro lado, junto al templo de Visnú. Al salir por esa puerta, hay una panorámica muy fotogénica de los templos, como podéis ver en las fotos de abajo.

Sin duda, un lugar muy interesante para las fotos, la salida norte, me gustó mucho ese ángulo de los templos. Desde aquí hay un camino muy agradable, siguiendo hacia el norte por una zona ajardinada con grandes árboles, hasta el siguiente templo, el Candi Lumbung, que es muy pequeño y se ve enseguida. Desde el recinto principal, habrá como unos 300 o 400 metros de distancia de paseo agradable, aunque vimos que también había posibilidad de alquilar bicis. Como digo, no hay pérdida, al poco de salir del recinto prinicipal, ya veréis el Candi Lumbung delante vuestro. Abajo a la izquierda, en el camino a Candi Lumbung, detrás de Inés se ven los templos del recinto principal. Realmente, casi nadie se desvía hacia aquí, a la inmensa mayoría de la gente le vale con ver el recinto principal. Este y los dos siguientes templos, nosotros los vimos completamente solos.

En la foto de arriba a la derecha, detrás de las edificaciones se ve el camino que continua hacia el siguiente templo, Candi Bubrah. Como habéis visto en estas fotos, se trata de un conjunto mucho más pequeño que Prambanan. Tanto Candi Lumbung como los siguientes templos Candi Bubrah y Candi Sewu, son del siglo IX, y al contrario que Prambanan, que es hinduísta, éstos son budistas, señal de la buena convivencia en la isla de Java de ambas religiones en aquella época.

Abajo, un par de fotos del pequeño templo Candi Bubrah, situado a unos 300 metros del anterior. Como se puede ver en las fotos, había unos operarios encaramados en su estructura, quitando la vegetación que crece entre las piedras. En la foto de la derecha, llegando a Candi Bubrah desde el anterior templo.

Y desde aquí, en otro corto paseo de unos 300 metros, llegamos al mejor de los templos budistas de Prambanan, el de Sewu, que tiene un tamaño realmente espectacular, sin ser tan grande como el de Shiva. La entrada al recinto es muy fotogénica, con dos guardianes protegiendo el templo.

Estos guardianes se llaman Dvarapalas, que significa literalmente "guardianes de la puerta". Los Dvarapalas son seres protectores presentes tanto en el hinduismo como en el budismo. Su misión no era combatir a los visitantes, sino proteger el recinto sagrado e impedir simbólicamente la entrada de las fuerzas malignas o de quienes se acercaban con malas intenciones.

En Candi Sewu había ocho grandes Dvarapalas en total: dos en cada una de las cuatro entradas del complejo. Los de la entrada este, que suele ser el acceso principal para los visitantes y por donde íbamos a entrar nosotros, son los más conocidos y el de la derecha está excepcionalmente bien conservado, como podéis ver en las fotos de abajo.

Resulta increíble que en un templo tan espectacular no hubiese absolutamente nadie más que nosotros, y eso que ya no era tan temprano. Pudimos hacer fotos a nuestro aire, sin prisas, disfrutando de ese lugar tan magnífico para nosotros solos. Se trata del segundo templo budista más grande de Indonesia, después del gigantesco Borobodur, que visitaríamos al día siguiente.

Y con este templo, ya habíamos terminado con todo el complejo de Prambanan, a excepción de otro templo, el de Plaosan, situado a 3 km de Prambanan, y a donde iríamos en coche después. Pero antes, había que desayunar, así que deshicimos el recorrido hacia la entrada del complejo, donde había un fantástico sitio para desayunar enfrente del recinto principal de Prambanan. Inés ya llevaba un rato diciendo que tenía hambre y empezaba a hartarse de tanto templo, la verdad es que había aguantado muy bien. Ese desayuno nos supo a gloria.

Y las vistas que había desde donde desayunamos...

Ya desayunados, salimos del recinto (para salir te obligan a recorrer una especie de mercadillo de souvenirs, donde no compramos nada) y llegamos al parking, donde nos estaba esperando nuestro conductor. Ahora estaba todo lleno de coches y autobuses, y cuando llegamos nosotros estaba prácticamente vacio. Nos montamos en el coche, y pusimos rumbo a los templos gemelos de Plaosan, que tardamos como 5 minutos en llegar. Nuestro conductor nos recibió con unas botellas de agua fria que vinieron muy bien, porque ya empezaba a hacer calor.

Según la tradición, aunque es un templo budista, Plaosan fue construido por el príncipe hinduista Rakai Pikatan, de la dinastía Sanjaya, para su esposa, la princesa Pramodhawardhani, hija de la dinastía budista Sailendra. En lugar de imponer una religión sobre la otra, ambas tradiciones convivieron. Plaosan se considera un símbolo de esa convivencia y de la tolerancia religiosa en la Java del siglo IX.

La entrada a este templo también está protegida por un par de esculturas de Dvarapalas. En este templo no estuvimos solos, no es que hubiera mucha gente, pero nos sorprendió ver que en Candi Sewu, más grande que éste, no había nadie, y en cambio aquí sí había gente (todos indonesios, eso sí, ningún turista extranjero salvo nosotros).

Además, la mayoría eran parejas de indonesios vestidos con trajes típicos haciéndose sesiones de fotos, algo al parecer bastante típico, que ya vimos que pasaba también dos años atrás en algunos templos de Bangkok. Nuestro conductor nos dijo que solían venir a Plaosan porque les costaba menos dinero la entrada que en los otros templos.

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Pasamos a la explanada del segundo templo, situado a la izquierda de la entrada al recinto. Desde allí era el mejor punto desde donde sacar fotos de los dos templos, debido a la posición del sol por la mañana.

Y una vez visto todo, volvimos al parking, donde nos estaba esperando nuestro conductor para llevarnos de vuelta a Yogyakarta. En poco más de media hora ya estábamos en el bullicioso centro de la ciudad, y tal y como habíamos quedado, nos dejó en la puerta del palacio del agua, el Taman Sari.

Nuestro plan era visitar este antiguo palacio del sultán, y luego ir dando un paseo por el centro histórico hasta la calle Malioboro, donde hacer unas compras, comer, y volver al hotel montados en un becak, que tanto gustaba a Inés. Si queréis seguir leyendo el relato de esa nueva aventura, podéis pinchar directamente aquí.


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