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Salamanca


Fecha del viaje: Abril de 2022

En la Semana Santa de 2022 hicimos una escapada a la monumental ciudad de Salamanca, declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1988. Fue una escapada corta, de solo dos días, y como siempre hacemos en esos casos, madrugamos mucho el día de salida, parando a desayunar cuando ya estábamos cerca de Ledesma. En esta bonita localidad hicimos una pequeña ruta de senderismo al puente Mocho, un antiguo puente romano con modificaciones medievales que está en mitad del campo.

Después de hacer esa ruta, fuimos a Salamanca, donde comimos y pasamos la tarde. Para dormir escogimos un sitio fantástico, en el que algún día repetiremos. Estaba situado fuera de la ciudad, y resultaba por lo tanto más incómodo, pero realmente mereció la pena, ya que es un alojamiento como pocos hay en España. Se trata del castillo del Buen Amor, a unos 25 km de Salamanca. Después de dormir en este fantástico sitio, a la mañana siguiente volvimos a Salamanca para seguir con la visita a la ciudad, y después de comer, emprendimos la vuelta a casa.

Recomendaciones importantes

  • En Salamanca hay buenos hoteles para alojarse, pero por el precio que tenían, nos mereció más la pena pasar la noche a 20 minutos de la ciudad, en el maravilloso y fascinante castillo del Buen Amor.
  • La orilla sur del rio Tormes es un fantástico lugar para aparcar gratis en las cercanías del casco histórico.
  • Imprescindible subir a las torres de la Clerecía, desde donde tendréis una vista soberbia de la catedral y alrededores.
  • E imprescindible también hacer la visita a los tejados de la catedral, con unas vistas espectaculares también.

Llegamos a Salamanca ya casi a la hora de comer, después de hacer la ruta al puente Mocho, que nos había abierto el apetito. Aparcamos gratis, en la calle, justo al lado del casco histórico. El truco es ir a la ribera sur del rio Tormes, muy cerca del extremo sur del puente romano que cruza el rio, cerca de donde está el parador. Al lado del puente romano hay un extenso parque junto al rio, y una gasolinera. En esa zona había bastante sitio para aparcar gratis, y estábamos al lado de la zona histórica, solo había que cruzar el puente.

Desde donde dejamos el coche, ni dos minutos tardamos en llegar al puente, de origen romano aunque muy modificado y restaurado desde la edad media en adelante. Sin duda, la mejor foto de Salamanca es la imagen que tenéis desde aquí, con el perfil del puente y la enorme catedral señoreando sobre él, como podéis ver en las fotos de abajo.

Cruzamos el puente en un agradable paseo, y enseguida llegamos a la plaza de la catedral. Daban ganas de meterse ya a verla, pero lo primero era comer. Después de callejear un poco, encontramos un sitio con menú a buen precio que tenía un pequeño patio interior, y allí comimos.

Después de comer fuimos a visitar la iglesia de la Clerecía, la segunda mayor de Salamanca tras la catedral, pero antes entramos a ver el patio de la casa de las conchas, que está justo enfrente. Hoy día es una biblioteca municipal, y puede visitarse su patio interior.

Esta casona se construyó entre 1493 y 1517 por encargo de Rodrigo Arias de Maldonado, caballero de la Orden de Santiago y profesor de la Universidad de Salamanca. Su fachada exterior está decorada con más de 300 conchas de vieira talladas en la piedra, símbolo de la orden de Santiago. Un edificio realmente bonito, abajo podéis ver un par de fotos de su interior.

Y ahora sí, entramos en la gigantesca iglesia de la Clerecía, justo enfrente de la casa de las conchas. Es un templo barroco de comienzos del siglo XVII, y originalmente era la iglesia del Espíritu Santo del Real Colegio de la Compañía de Jesús, pero tras la expulsión de los jesuitas en 1767 pasó a ser propiedad de la Real Clerecía de San Marcos, de ahí su nombre actual. Desde 1940 alberga parte de la Universidad Pontificia de Salamanca.

Lo mejor de esta visita, sin duda, es la subida a las torres de la iglesia. Desde allí se disfrutan las mejores vistas aéreas de la ciudad, especialmente hacia la cercana catedral. Para horarios y precio de esta visita, podéis verlo aquí. Sin duda, algo que nadie debería perderse en la visita a Salamanca, como podéis ver en las fotos de abajo.

Arriba a la derecha, la iglesia de San Esteban, otra de las grandes iglesias de Salamanca, construída en el siglo XVI como parte del convento del mismo nombre. Desde luego, subir a lo alto de estas torres de la Clerecía es una fantástica manera de empezar la visita a Salamanca, para tener una buena idea de conjunto de lo que representa y ofrece esta ciudad. La imagen de la catedral desde aquí es soberbia, con su gigantesco campanario que llega a los 110 metros de altura, y que es el más alto de España sin contar con la Sagrada Familia de Barcelona. Desde aquí fuimos a la plaza mayor, una de las más bonitas y famosas de España, con cierto parecido a la plaza mayor de Madrid.

En la plaza mayor, al igual que ocurre en la de Madrid, hay unas cuantas terrazas donde sentarse a tomar algo. Al lado de la plaza, en una de las calles que desembocan en ella, se puede ver uno de los edificios más antiguos de Salamanca, la iglesia de San Martín (foto de arriba a la derecha), románica del siglo XIII, aunque no puede contemplarse bien, porque está encajonada entre otras construcciones más modernas.

Y desde aquí nos fuimos a otro edificio emblemático de Salamanca, su universidad. Primero entramos en el claustro de las escuelas menores, del siglo XVI, y que se puede entrar de forma libre y gratuita. Son las fotos de abajo. Aquí se impartían estudios de bachiller, que eran un paso previo para acceder a la Universidad de Salamanca (que serían las escuelas mayores).

Y al lado, la plaza donde está la entrada principal a la Universidad de Salamanca, lo que serían las escuelas mayores, presidida por la maravillosa fachada esculpida de estilo plateresco, del siglo XVI, y la estatua de Fray Luis de León, una de las figuras intelectuales más importantes del Siglo de Oro español, y que fue profesor en esta universidad.

Esta es la universidad más antigua de España, ya que lleva en funcionamiento desde que fue creada en 1218 por el rey Alfonso IX de León, lo que la convierte también en una de las más antiguas de Europa. En 1254 y 1255, mediante bulas papales, obtuvo el estatus de studium generale, lo que otorgó validez universal a los títulos que expedía y la consolidó como universidad reconocida internacionalmente.

La visita de su interior es muy interesante, pero no la hicimos, preferimos seguir paseando por el casco histórico de Salamanca. Nos dirigimos hacia un pequeño jardín con mucho encanto, el huerto de Calixto y Melibea, pero antes pasamos por la parte trasera de la catedral, donde se puede contemplar el edificio románico de la catedral vieja de Salamanca.

La catedral de Salamanca, realmente, son dos catedrales: la vieja, y la nueva, mucho más grande, que eclipsa casi totalmente a la antigua. Contemplando ambas, se puede uno hacer una idea de la diferencia entre los viejos tiempos (la edad media) y los aires de modernidad que trajo el Renacimiento, con una forma de hacer las cosas mucho más grandiosa, en todos los sentidos. Para ver la catedral vieja hay que ir la fachada sur, que es donde está la vieja catedral románica comenzada en el siglo XII, unos 400 años antes que la mole gótico-renacentista que tiene justo al lado, pared con pared.

Se empezó a contruir la catedral nueva, en 1513, no por que la vieja estuviera en ruina, sino porque se había quedado pequeña por el crecimiento de la ciudad (entre otras cosas), gracias a su universidad. En ese momento la idea era derruir la vieja, pero decidieron dejarla de momento, para que la ciudad siguiera teniendo catedral mientras durasen las obras, que se preveían largas. Y largas fueron, ya que no se concluyó hasta dos siglos después, en 1733, y ya en ese momento se decidió mantener la vieja adosada al nuevo edificio. En la visita a los tejados que hicimos al día siguiente se ve bien la diferencia entre ambas catedrales. En las fotos de abajo podéis ver la catedral antigua, con sus ábsides y ventanas típicamente románicas y el cimborrio de estilo bizantino-oriental, junto al edificio nuevo, de un color más claro.

Abajo, fotos en el huerto de Calixto y Melibea, ubicado junto a la antigua muralla salmantina. Es llamado así por los personajes de la célebre obra "La Celestina", escrita en el siglo XV por Fernando de Rojas. Aunque el autor no concreta un lugar real para los encuentros de los protagonistas, la tradición local asocia este jardín con el escenario de su historia de amor trágica.

Es un lugar muy bucólico y tranquilo, especialmente con la cálida luz del atardecer. De hecho, suele estar abierto todos los días desde la mañana hasta la puesta de Sol. Por encima de la vegetación, se ve asomar la catedral, que está muy cerca de allí.

Y desde aquí bajamos hasta el puente, que atravesamos para volver hasta el coche. Era el momento de ir a nuestro fantástico hotel, al que queríamos llegar antes de que se hiciese de noche. Abajo a la izquierda, una foto de la catedral desde el puente, y a la derecha, en unos columpios que Inés estuvo jugando un rato antes de irnos, en el enorme parque que hay junto al rio, al otro extremo del puente.

Tal y como estaba previsto, llegamos al hotel justo antes de la puesta de Sol. Tardamos 20 minutos en llegar desde Salamanca, y ahí lo teníamos por fin, el flamante castillo del Buen Amor, nuestro castillo por un día. Pagamos 200 euros por una noche con desayuno en una habitación superior, y la verdad no podemos estar más contentos, nos encantó el lugar. El castillo, como podéis ver en las fotos de abajo, rebosa misterio y originalidad.

Arriba a la izquierda, el castillo tiene una piscina de temporada, pero ahora en abril estaba cerrada. Todo en este castillo-hotel tiene auténtico sabor medieval, desde la recepción, hasta los pasillos o la propia habitación. Si queréis más información sobre precios y reservas, ésta es la web del castillo del Buen Amor. Abajo, fotos en nuestra habitación, que incluso tenía una terraza sobre la muralla.

Abajo, fotos del patio central al que daba la puerta de nuestra habitación, que estaba en la primera planta. Nos dimos una vuelta por las instalaciones del castillo antes de cenar, solo faltaba que saliera algún fantasma. Este castillo tiene su origen en una fortaleza del siglo XI, pero la estructura actual principal data del siglo XV, cuando fue reconstruido y ampliado, transformando la antigua fortaleza militar en un palacio de estilo renacentista. Su nombre popular de “Buen Amor” surge por la historia de amor del obispo Alonso Ulloa de Fonseca Quijada, que lo convirtió en su residencia y vivió allí con su amante Teresa de las Cuevas (con la que tuvo cuatro hijos).

Una cosa que nos pareció increíble, es que aunque se puede cenar en el castillo, no había un comedor como tal, puedes elegir cualquiera de los diferentes salones del castillo, y te sirven la cena allí. Realmente, como si estuviésemos en nuestra casa. Cuando bajamos nosotros, no había nadie más cenando, así que escogimos la biblioteca, aunque podríamos haber elegido otro de los salones. Nos dieron la carta, nos tomaron nota, y al poco estábamos disfrutando de una deliciosa cena. Inés, incluso bajó en pijama, como si el castillo fuese su casa. Sin duda, podría acostumbrarse a esto...

Después de cenar, salimos un poco al exterior, a contemplar el castillo en la quietud de la noche. Que paz, y que silencio... Sin duda era el sitio ideal donde descansar en este viaje a Salamanca, fue todo un acierto venir aquí. Abajo a la derecha, fijaros en el grosor de los muros en algunas partes del castillo. Inés parece un auténtico fantasma en esa foto.

Al día siguiente, al bajar de la habitación, antes de ir a desayunar estuvimos haciendo algunas fotos en los diferentes salones. El desayuno no era como la cena, para eso tienen montada una especie de carpa en el exterior donde sirven un desayuno buffet estupendo, con zumo de naranja natural y un montón de cosas más. Abajo, algunas de las fotos que hicimos antes del desayuno, de otros salones donde también podríamos haber cenado la noche anterior.

Y a la vuelta del desayuno, hicimos algunas fotos también en el exterior, con mejor luz que la tarde anterior. Es como uno de esos castillos que pagamos para visitar cuando hacemos turismo, pero esta vez hemos dormido en él.

Llegó el momento de abandonar este castillo, muy a nuestro pesar. Hicimos el checkout y fuimos a buscar nuestro coche con el equipaje. Ibamos a echar de menos ese sitio, ya lo creo que sí. De los mejores alojamientos que hemos estado, al nivel de un parador sin duda. Pero bueno, tocaba seguir viaje, y el plan era pasar la mañana en Salamanca, viendo lo que nos faltó por visitar el día anterior.

Volvimos a dejar el coche en el mismo sitio que la tarde anterior, en la zona del parque que hay en la ribera sur del rio Tormes. Ningún problema para aparcar, y eso que era domingo. Al igual que el día anterior, nos volvimos a tirar una foto al llegar al puente romano. Es una vista tan bonita, que es difícil resistirse, aunque ya hubiésemos hecho esa foto el día anterior, pero con una luz muy distinta.

Desde el puente fuimos directamente hasta la catedral. La visita no solo incluye el típico acceso al interior del templo, sino que aquí, además, se puede subir a los tejados. Para información sobe horarios y precio de la visita, lo podéis ver en la web de la catedral de Salamanca.

En las fotos de arriba, se puede ver bien la división entre el edificio de la catedral vieja, que está a la derecha, y la nueva, a la izquierda. La pasarela por donde va Inés marca justo la divisoria entre ambas. Abajo, fotos de las vistas que desde allí teníamos. La de la derecha es la iglesia de la Clerecía, donde habíamos subido la tarde anterior.

La foto de arriba a la derecha, vista del puente romano desde lo alto de la catedral. En la otra orilla del rio Tormes se ve la mole del parador. Mucho más cerca, al lado del extremo del puente hacia la derecha, es donde habíamos dejado el coche.

Una vez vistos los tejados, pasamos al interior de las naves, que se pueden contemplar a vista de pájaro desde una balconada perimetral. Desde aquí arriba la majestuosidad del gótico es todavía mayor que visto desde el suelo. Por cierto, al ser Semana Santa y día de procesiones, el acceso a la catedral a nivel del suelo estaba cerrado, por eso en las fotos no se ve a nadie en las diferentes naves.

También puedes ver un interesante audiovisual sobre la historia de la catedral (abajo a la izquierda), y el mecanismo original del reloj de la torre de la catedral nueva, que está allí expuesto (abajo a la derecha). Con eso dimos por terminada nuestra visita a la catedral, que al final nos había llevado bastante tiempo.

Y antes de dejar la catedral definitivamente, no pudimos dejar de buscar, en la puerta de la fachada norte, las famosas esculturas del astronauta y el animal mitológico comiéndose un helado, que fueron introducidas en la restauración que se hizo en 1992.

Y ya se nos había hecho la hora de comer, pero antes aún pudimos ver una procesión de Semana Santa que iba por la calle mayor en dirección a la catedral. Después de verla pasar, tuvimos suerte y encontramos sitio en una terraza soleada para comer, que hacía un día estupendo.

Y después de esto, nos fuimos hacia el coche para emprender el camino a casa. Al lado del puente, está la casa Lis (foto de abajo a la derecha), una mansión señorial de estilo Art Nouveau mandada construir en 1905 por el industrial samaltino Miguel de Lis. Hoy día alberga el Museo Art Nouveau y Art Déco, dedicado a las artes decorativas entre finales del siglo XIX y la década de 1930. Lamentablemente, ya era tarde y no lo visitamos.

Salamanca tiene mucho que ofrecer, y un día completo, es poco para recorrerla entera. A nosotros nos faltó, sobre todo, la visita al interior de la Universidad, y alguna cosa más como la casa Lis y la iglesia de San Esteban.


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