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Borobudur y Mendut


Fecha del viaje: Julio de 2026

Puedes ver aquí el itinerario completo de este viaje por Indonesia.

Puedes leer aquí el relato de la etapa anterior, la visita a El palacio del agua de Yogyakarta, llamado Taman Sari.

Recomendaciones importantes

  • Aquí lo de madrugar no es tan importante, ya que la visita es obligatoriamente en grupo. Pero sí que os aconsejo que compréis la entrada con semanas de antelación, ya que el aforo es de 1200 personas al día, 150 personas por turno, y puede que se acaben rápido para el turno que os interese.
  • Si vais con un conductor, como nosotros, se puede quedar con vuestro calzado, y así no tendréis que cargar con él durante la visita, ya que la visita hay que hacerla con unas sandalias que os darán allí que tienen una suela que minimiza la erosión de la piedra.
  • Una vez visto Borobudur, no os perdáis el cercano templo de Mendut y su gigantesco ficus. Seguramente lo veáis solos.

Día 4

Si los templos hinduistas de Prambanan habían resultado espectaculares, no esperábamos menos del mayor templo budista del mundo, Borobudur, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1991. Las entradas a Prambanan, como ya visteis en el artículo anterior, se pueden sacar en taquilla en el momento, ya que la visita es libre, pero en el caso de Borobudur es muy diferente.

Este monumento estuvo cerrado al público durante dos años aproximadamente, por la pandemia, entre 2020 y 2022, y cuando se reabrió, se cambió radicalmente la forma de visitarlo. Antes de la pandemia, la visita era libre, podías ir a tu aire, sin restricciones. El número de visitantes solía estar entre 8.000 y 10.000 al día, lo cual provocaba un desgaste excesivo en las piedras que lo forman, especialmente en las escaleras. A partir de 2022, el aforo se ha limitado a 1200 personas al día, y la visita es obligatoriamente guiada, en grupos de unas 12 o 15 personas (más o menos). Es decir, que es muy pero que muy recomendable sacar las entradas con cierta antelación, porque sino corres el riesgo de llegar y que ya no haya plazas, o bien que las haya para un turno para el que falten varias horas y te obligue a perder el día esperando allí.

Nosotros las sacamos como dos o tres semanas antes de empezar el viaje, incluso recomendaría hacerlo con más antelación aún, por si acaso. La web oficial para comprarlas la tenéis aquí. Al igual que las entradas a Prambanan, no son baratas, la de adulto sale por 455.000 rupias (unos 20,75 euros) y la de niño por 305.000 rupias (unos 15,25 euros). En la web tienes que elegir la hora a la que quieres la visita de los posibles turnos que hay. El primero es a las 8:30, y el último a las 15:30. Una cosa importante, en muchos blogs se dice que los lunes no se puede subir a la estructura. Eso ha cambiado, se puede todos los días de la semana, nosotros de hecho subimos en lunes.

Otra cosa a tener en cuenta es que te obligan a hacer la visita con unas sandalias muy curiosas que luego te puedes quedar, al parecer llevan una suela especial de goma que minimiza la erosión sobre la piedra. Lo bueno de esta nueva manera de visitar el templo, es que si eres de los que no les gusta madrugar, pues te aseguras que en el templo solo habrá 1200 personas como máximo, mucho menos de las hasta 10.000 que podía haber antes. Pero si eres madrugador, lo verás igualmente con 1200 personas, cuando de la otra manera, yendo a primera hora, podías verlo casi en solitario. Ahora da igual a qué hora del día lo visites, siempre lo harás en grupo. Nosotros compramos entradas para el primer turno del día, a las 8:30, para aprovechar al máximo el día. Se tarda como una hora en llegar desde Yogyakarta.

Ese día sí que desayunamos en el hotel, bien temprano, y a las 7:00 de la mañana ya estaba esperando en la recepción nuestro conductor, Tom, el mismo que el día anterior nos había llevado a Prambanan (foto de abajo a la izquierda). Un tipo muy amable y simpático, que recomiendo totalmente. Si alguien quiere el contacto, que me escriba al correo y se lo mando. Ese día cambiábamos de alojamiento, así que hicimos el checkout y metimos todo nuestro equipaje en el coche, teníamos un largo e intenso día por delante, que iba a terminar en el que posiblemente fue el mejor alojamiento de todo el viaje, una antigua plantación de café colonial de la época holandesa, reconvertida en hotel de lujo. Abajo a la derecha, ya en las instalaciones de Borobudur. Tom nos acompañó para la gestión de las entradas.

No llegues muy justo de tiempo a Borobudur, mínimo con 15 minutos antes. Una vez llegas tienes que ir a la recepción, donde mostrar tus entradas, en el móvil o impresas, y entonces coger una especie de trenecito que te lleva donde está realmente el templo, un viajecito de unos 5 minutos. Una vez allí, te dan unas sandalias del número que digas, y una bolsita de tela para que guardes y lleves las que traías puestas, y también una botella de agua. Tom nos acompañó en el trenecito hasta el templo, y por un momento pensé que iba a hacer la visita también, pero no, venía solo para recoger las bolsas con nuestras chanclas y llevárselas al coche, para que no tuviéramos que cargar con ellas durante la visita. Todo un detalle. El ya nos esperaría en el coche hasta que terminásemos la visita.

Una vez tienes tus magníficas sandalias nuevas (foto de abajo a la izquierda) hay unos bancos de madera con sombra donde puedes esperar a que nombren tu grupo. En cada turno, salen varios grupos, hasta 10, creo recordar, cada uno con unas 12 o 15 personas. Cada uno de esos grupos va subiendo al monumento por una parte distinta, para evitar aglomeraciones, de forma que la visita se hace básicamente solo con la gente de tu grupo, excepto cuando llegas arriba del todo, que es cuando los grupos de juntan y da más sensación de agobio. Mientras esperábamos, ya que aún no eran las 8:30, aprovechamos para hacer unas fotos con la enorme mole del templo al fondo.

Una vez que llaman para nuestro grupo, el número 7, nos juntamos todos alrededor del guía, y emprendemos el camino por la avenida principal hacia la escalinata de subida. Durante todo el camino tenemos el templo delante, y nos paramos a hacer unas fotos junto a unas enormes flores muy fotogénicas.

Y comenzó nuestra visita al templo... Después de subir la primera escalinata, con la mole del templo delante, el guia da unas explicaciones sobre la historia del templo, en inglés (me temo que no hay visita en español, solo en inglés e indonesio).

Borobudur fue construido aproximadamente entre los años 780 y 850 d. C., durante el dominio de la dinastía Sailendra, una poderosa dinastía budista que gobernaba buena parte de Java Central. Posiblemente debido a las frecuentes erupciones del volcán Merapi, durante los siglos IX-X, el centro político de Java fue desplazándose progresivamente hacia Java Oriental, y esto causó que, gradualmente, el templo fuese abandonado.

La selva tropical fue cubriendo progresivamente el monumento, árboles y plantas crecieron sobre las estructuras y las raíces penetraron entre las piedras. Además, las erupciones del Merapi depositaron ceniza sobre la zona. Todo eso causó que, durante siglos, Borobudur quedó prácticamente oculto bajo la vegetación y los sedimentos.

En 1814, el gobernador Thomas Stamford Raffles recibió información sobre la existencia de un enorme monumento escondido en la jungla, y encargó al ingeniero holandés H.C. Cornelius investigar el lugar. Cuando llegaron, encontraron algo espectacular: una montaña artificial cubierta por tierra, árboles y vegetación. Durante aproximadamente dos meses, cientos de trabajadores fueron despejando el monumento, y poco a poco apareció Borobudur.

La primera gran restauración fue realizada entre 1907 y 1911 por el ingeniero neerlandés Theodoor van Erp. Se desmontaron algunas partes, se recolocaron piedras y se reconstruyeron elementos que estaban en peligro. Sin embargo, pronto se descubrió que el problema era mucho mayor: El agua de lluvia penetraba en la estructura y provocaba movimientos, erosión y deterioro, y esto acabaría llevando a la gran restauración de los años 1973 - 1983. En su momento, fue una de las mayores operaciones de conservación arqueológica realizadas hasta entonces. El problema era tan grave que no bastaba con reparar las superficies, los especialistas tuvieron que desmontar grandes partes de Borobudur piedra por piedra y volver a montarlo después, durante esos 10 años que el monumento permaneció cerrado.

Durante la visita, se va ascendiendo por los diferentes niveles o terrazas del templo. En realidad, este lugar está diseñado para que, más que un templo, sea un viaje. Borobudur es un enorme mandala budista tridimensional. El peregrino no entra en un edificio, sino que asciende físicamente por una representación simbólica del universo budista. En la cima se encuentra la gran estupa central, que simboliza la culminación del camino espiritual, después de haber ido purificando su alma a través de la meditación mientras se recorren todos los niveles.

Como podéis ver en las fotos, al estar solo con tu grupo de como mucho 15 personas, es fácil apartarse un poco para poder hacer fotos del templo en soledad.

Y llegamos por fin a los niveles superiores, donde están las diferentes estupas en forma de campana. A la estupa gigante que está arriba del todo no se puede subir, eso está reservado para ritos religiosos. Una vez llegas a este nivel, el guia te deja como 15 o 20 minutos libres para que deambules por esa zona, te sumergas en la espiritualidad del lugar, y hagas fotos. Esta es la parte del monumento donde más gente vas a encontrar, ya que se juntan varios grupos, y puede llegar a ser un poco agobiante, es difícil encontrar la espiritualidad con tanta gente. Como podéis ver por las fotos de abajo, es posible hacer fotos sin gente o casi sin gente, pero no os voy a engañar, es necesario paciencia para esperar ese momento en el que justo no pasa nadie.

Y después de ese rato en la cima del monumento, que se nos pasó volando haciendo un montón de fotos y admirando el paisaje desde esa altura, el guia nos reunió para emprender la bajada, ya que otros grupos iban llegando arriba. Lo tienen bien organizado para optimizar la visita al máximo y que no se junte demasiada gente en el mismo lugar.

Fuimos bajando poco a poco, haciendo alguna foto más. En la imagen de arriba a la izquierda, se ve la explanada hacia la que nos dirigíamos, situada en la cara opuesta del monumento en la que habíamos empezado la visita. Allí se juntaba mucha gente, a la sombra de un gran árbol, para hacer fotos del templo, ya que la vista es muy bonita. Pero nadie se daba cuenta, hasta que nos pusimos nosotros, que la foto era mucho más bonita si la sacabas detrás de una estatua de Buda que hay un poco más hacia un extremo, más escondida, como podéis ver en la imagen de abajo. En cuanto montamos el trípode, empezó a venir un montón de gente...

Y desde allí emprendimos el camino hacia el parking. Puedes rodear el monumento e ir a buscar el trenecito que te trajo a la ida, pero es mucho más rápido coger un camino que sale desde la propia explanada anterior, alejándose del templo, y pasando por un restaurante bastante chulo y modernista llamado "Prana Borobudur", te lleva directo al parking en un agradable paseo (fotos de abajo).

En el parking nos reencontramos con Tom, nuestro conductor, y pusimos rumbo al pequeño templo de Mendut, situado a solo 5 minutos en coche de Borobudur. Es un templo pequeño, pero que recomiendo mucho visitar, ya que tardaréis solo unos minutos en llegar, y lo más seguro es que lo veáis solos, no va casi nadie por allí. Las entradas son mucho más baratas que en Borobudur, nos costó en total al cambio 4,5 euros por los tres. Además, incluso más espectacular que el propio templo, en el recinto hay un ficus que es uno de los árboles más grandes que he visto nunca, un auténtico portento de la naturaleza, como podèis ver en las fotos de abajo.

El Ficus religiosa es conocido como árbol de bodhi porque, según la tradición budista, Siddhartha Gautama (Buda para los amigos) alcanzó la iluminación sentado bajo un árbol de esta especie, en Bodh Gaya, en la India, y por eso es habitual encontrar este tipo de árboles junto a los templos budistas.

Nosotros pudimos disfrutar de este templo completamente solos. Sobre esto, un consejo es intentar que la visita sea en día laborable. Aquí vienen muy pocos extranjeros, son sobre todo indonesios los que lo visitan, pero suelen venir especialmente en fin de semana (consejo de nuestro conductor). En nuestro caso era lunes, así que no había nadie. La pena fue que el templo estaba en restauración, así que no se podía entrar a su interior, y el exterior estaba cubierto de andamios.

La visita había que hacerla con un casco de obra, aunque para ir a ver el ficus nos los quitamos. Candi Mendut fue construido aproximadamente a finales del siglo VIII o comienzos del IX, durante el periodo de la dinastía Sailendra, la misma época en la que se construyó Borobudur. Este templo se ve bastante rápido, y realmente estuvimos más tiempo haciendo fotos junto al enorme ficus, que resultaba más fotogénico que el templo lleno de andamios.

Y una vez visto el templo, pasamos al interior del monasterio budista que hay justo al lado. Simplemente dimos una vuelta por los jardines, que inspiran mucha paz y espiritualidad (fotos de abajo).

Desde aquí, pusimos rumbo hacia el siguiente destino del día, la desconocida y solitaria cascada de Kedung Kayang, situada junto al volcán Merapi, a 45 minutos de distancia de donde nos encontrábamos.


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