Hayedo de Ciñera
Fecha del viaje: Octubre de 2023
Esta excursión forma parte de un viaje de tres días al norte de la provincia de León. El Viernes salimos por la tarde, cuando Inés salió del colegio, hacia nuestra casa rural en Cerezales del Condado, a unas tres horas y media de Villaciciosa de Odón, donde llegamos ya de noche. Cenamos maravillosamente bien en el único restaurante del pueblo.
Recomendaciones importantes
- La mejor época para visitarlo, sin duda es el otoño, aunque en primavera o en invierno también puede tener su encanto.
- A mitad camino, antes de entrar en el hayedo en sí, hay un fantástico merendero con bancos y mesas junto al arroyo.
- En el pueblo hay varios sitios donde tomar algo o comer. Un buena manera de completar el día es juntar esta visita con la de la cueva de Valporquero, que no queda lejos.
El Sábado empezamos el día visitando la cueva de Valporquero, y por la tarde nos acercamos al pueblo de Ciñera de Gordón para hacer una pequeña ruta de senderismo al Hayedo (o Faedo, como también se le llama) de Ciñera. En realidad habíamos ido primero a hacer la ruta del hayedo, pero estaba lloviendo ya desde el principio, y además había una batida de caza en la zona, y no se recomendaba el paso, así que cambiamos los planes y fuimos primero a la cueva.
Los dos sitios están más o menos cerca uno del otro, a unos 25 km, y a unos 50 km del pueblo donde nos alojábamos, Cerezales. Es ideal para dedicar un día a ambos sitios, uno por la mañana y otro por la tarde (Si el tiempo lo permite, mejor el hayedo por la tarde, para verlo con los colores del atardecer, y además suele haber menos gente).
Después de ver la cueva, y de comer, fuimos hasta el pequeño pueblo de Ciñera. Puedes buscar sitio en cualquier calle del pueblo, nosotros dejamos el coche en la entrada. Hay que atravesar el pueblo buscando el camino del cementerio, aunque ya en la plaza hay un cartel señalando el camino al hayedo (hay, además, varias terrazas). La ruta en total son unos 5 km, ida y vuelta, y tiene muy poco desnivel, es un paseo sin ninguna dificultad.
Enseguida sales del pueblo, que es muy pequeño, y vas por un sendero en el que tienes a la derecha el arroyo que seguirás hasta el hayedo. Al poco de dejar las últimas casas atrás, pasarás junto al cementerio. Abajo tenéis una fotos de esta primera parte del paseo. Estaba lloviznando muy ligeramente, es lo que tiene el otoño en el norte.
Esta primera parte, aunque no es hayedo, es un sendero muy agradable que va por un bosque de ribera (ya que el camino discurre paralelo al arroyo) de chopos y álamos, que en Otoño también adquieren unos colores dorados muy bonitos. El camino es muy sencillo, sin desnivel, un paseo apto para cualquier persona, como podéis ver en las fotos.
De esta manera llegamos hasta la entrada a una antigua mina, ya abandonada, junto a la cual hay algunas vagonetas y material ferroviario que se utilizaba en la antigua explotación.
Unas decenas de metros después de la boca de mina, pasaremos junto a una casa medio en ruinas (foto de arriba a la derecha), y al poco de pasar dicha casa, tendremos que cruzar un pequeño puente de piedra (abajo a la izquierda) y después de ese puente, seguir un corto tramo de pasarela de madera.
Esa pasera es cortita, enseguida se convierte en sendero de nuevo, y en breve cruzaremos un pequeño puente de madera sobre un minúsculo curso de agua, como podéis ver abajo a la derecha.
Y nada más cruzar ese mini puente, llegamos a una explanada desde donde podemos ver un poco más allá una zona de pic-nic bajo la sombra de las primeras hayas. Este puede considerarse el punto desde donde comienzan las hayas. El merendero está junto a la ribera del arroyo, y está muy bien, un fantástico sitio donde hacer una parada y comer el bocadillo.
Justo junto al merendero, hay un puente de madera que cruza el arroyo, por donde continuaremos nuestro paseo, en busca de la entrada a la parte más profunda y bella de este mágico bosque.
Abajo a la izquierda, foto del merendero, y al fondo el camino desde el que vinimos. Este arroyo que cruzamos ahora, y que vamos siguiendo desde Ciñera, es el que atraviesa el hayedo en el que estamos a punto de entrar.
Y caminando solo un poco más despues de cruzar este último puente, llegamos a otro puente, esta vez de hierro, que marca el auténtico comienzo del misterioso bosque de hayas donde viven los duendes y las brujas. Al entrar en este mágico mundo entenderéis que este hayedo fuese nombrado en el año 2007 por el Ministerio de Medio Ambiente, "Bosque mejor cuidado de España".
A partir de este puente, el camino ya va siempre por pasarela de madera, zigzageando entre las hayas retorcidas que nos vigilan mientras caminamos entre ellas. Inés y Nora van abriendo el camino sin miedo a los misteriosos seres que habitan este bosque.
Y por esa mágica pasarela, que recuerda al camino de baldosas amarillas del mundo de Oz, llegamos a uno de los hitos principales del bosque, el gran haya llamado "Fagus", de unos 500 años de edad. Fagus está catalogada como uno de los 100 árboles más singulares de España. Junto al árbol hay un cartel que nos cuenta todo esto.
Ya iba quedando poca luz, y además empezó a llover de nuevo, así que dimos la vuelta desde este haya formidable. Aún se puede seguir más, hasta llegar a un pequeño desfiladero formado por las aguas del arroyo, pero eso quedará para otra ocasión.
Volvimos sobre nuestros pasos, hasta llegar al puente de hierro que marca el comienzo del bosque, y continuamos nuestro camino hasta llegar a los coches en el pueblo de Ciñera de Gordón, la última parte ya con lluvia más intensa. Y desde aquí, a nuestra casa en Cerezales, donde nos esperaba otra fabulosa cena en el restaurante del pueblo.
Al día siguiente se acababa el viaje, tocaba volver a casa, pero aún haríamos un par de paradas en el camino de vuelta, la primera de ellas en la espectacular iglesia de San Miguel de la Escalada.
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