Saint Emilion
Fecha del viaje: Agosto de 2017
Esta visita forma parte de un viaje que hicimos en coche para recorrer el valle del Loira y la región del Perigord. Salimos desde Villaviciosa de Odón, y como el camino es muy largo, decidimos hacer una noche entre medias, en el bonito pueblo medieval de Saint Emilion. Era el primer viaje al extranjero que hacíamos con Inés, que en ese momento tenía 9 meses.
Para ello, salimos muy temprano desde casa, era de noche aún. Paramos a desayunar ya muy cerca de la frontera con Francia, en un área de servicio, y desde allí ya directamente hasta Saint Emilión, que está a 45 km pasado Burdeos (una ciudad, por cierto, que nos quedamos con ganas de visitar).
Recomendaciones importantes
- No podéis ir a esta región de Francia sin probar el maravilloso confit de pato, un plato con un sabor y texturas sublimes, nos encantó.
- Aprovechad para acompañar ese confit de pato con uno de los vinos de la región, que son de los mejores y más famosos de Francia.
- Lo mejor de Saint Emilion es sin duda la iglesia monolítica excavada en la roca, la mayor de Europa, y la segunda más grande del mundo. Sólo por eso ya merece la pena desviarse a este pueblo, no os lo perdáis.
Conseguimos aparcar en la calle, a un corto paseo del centro histórico. Lo primero fue buscar un sitio donde comer. En Francia la comida es buena, pero no barata (a no ser que tires de hamburguesa o pizza, claro). Después de mirar varios sitios, entramos en un restaurante del centro histórico donde probamos por primera vez el confit de pato (confit de canard, como dicen allí). Qué delicia, dios mio, nos encantó. De hecho, se convirtió en nuestra comida oficial para el resto del viaje, lo pedimos unas cuantas veces.
Es un plato típico de esta región de Francia. Se hace cociendo diferentes partes del pato en su propia grasa, a baja temperatura durante bastante tiempo. El resultado tiene un sabor muy profundo, y está increiblemente tierno, una maravilla. Después de la comida, dimos un paseo por el pueblo, con intención de ver la colegiata.
Este pueblo fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999, ya que tiene un casco histórico increiblemente bien conservado. Pasear por sus calles es como retroceder en el tiempo. Es de esos lugares que no ves un edificio moderno que desentone con el conjunto y te vuelva a traer de golpe al presente. Pasear por sus calles es una delicia, y eso hicimos hasta llegar a la colegiata, que se construyó entre los siglos XII y XV y tiene una mezcla de estilos románico y gótico. Primero vimos la iglesia por dentro, y después pasamos al claustro gótico, abajo podéis ver unas fotos de ambos sitios.
Inés estaba muy despierta, y solo quería que la bajásemos del carro y la tuviésemos en brazos o la dejásemos en el suelo. Después de la colegiata, subimos a un mirador desde donde hay una bonita vista del casco histórico de Saint Emilión. Este mirador es sin duda el lugar más espectacular y fotogénico del pueblo. Está situado justo encima de la iglesia monolítica, junto al campanario de dicha iglesia.
Desde ese mirador solo tuvimos que bajar, y ya estábamos en la plaza donde está la fachada de la iglesia monolítica de Saint Emilión. Esta iglesia está totalmente excavada en el macizo de piedra caliza que tenemos delante. La fachada gótica que podéis ver en las fotos de abajo se realizó después.
Sólo se puede visitar con visita guiada, que son a determinadas horas, y el precio es de 15 euros adultos y 8 euros niños mayores de 6 años. Para reservar las entradas, lo podéis hacer en la web oficial de la iglesia monolítica de Saint Emilión. En la foto de abajo a la derecha podéis ver el campanario, en la plaza-mirador donde habíamos estado antes.
La verdad es que resulta muy original. Habíamos sacado las entradas allí mismo, en el momento, y estuvimos esperando un rato a que llegase la hora de nuestra visita guiada. Esta iglesia fue excavada entre finales del siglo XI y principios del XII, cuando la villa se convirtió en un importante centro de peregrinación ligado a la figura del ermitaño San Émilion (monje bretón del siglo VIII que vivió en una cueva en la zona).
Las dimensiones son impresionantes: unos 38 metros de largo, 20 metros de ancho y hasta 11 metros de alto. Por algo es la iglesia excavada en la roca más grande de Europa, y la segunda del mundo (la mayor es una iglesia en Etiopía), y una de las razones de que Saint Emilión sea Patrimonio de la Humanidad. Más adelante, sobre mediados del siglo XIII, fue levantado el campanario que se ve en una de las fotos, construído directamente en el techo de la roca en la que se excavó la iglesia.
Lo malo es que el enorme peso del campanario ha provocado una fatiga en la estructura de roca de la cueva, y desde hace unos 50 años los pilares interiores de la iglesia han sido reforzados con unos feisimos armazones metálicos que deslucen bastante, como podéis ver en las fotos de abajo.
Una vez acabada la visita, seguimos paseando un rato por Saint Emilion. Inés acabó durmiéndose en el carro durante el paseo. Después, volvimos al coche para ir ya hacia nuestro alojamiento, una mansión muy bonita situada en un pequeño pueblo llamado Rauzan, a 20 km de distancia. Hacía bastante calor, y nos apetecía descansar el resto de la tarde en la piscina de la mansión. Abajo, una foto de Inés en las calles de Saint Emilión, y a la derecha el baño de nuestra habitación, que era enorme y muy bonito, con dos capiteles de piedra sosteniendo los dos lavabos.
Nuestra habitación estaba muy bien, era muy amplia, y tenía el encanto de estar situada en una mansión antigua. La puerta daba directamente al jardín de la casa, frente a la puerta principal. Pasamos un par de horas en los jardines y la piscina, descansando, y con idea de cenar temprano, que había sido un día muy largo.
Para cenar había que ir al centro de Rauzan, el pueblo donde estaba la mansión, que estaba a las afueras. Pensamos coger el coche para ir, pero los dueños (ella hablaba decentemente en español) nos dijeron que si íbamos atravesando el viñedo que había en la parte trasera de la casa, llegaríamos al centro en diez minutos, y era un paseo muy agradable.
La verdad es que fue una fantástica idea. Además justo con la luz del atardecer, el viñedo se veía espectacular. Casi sin darnos cuenta llegamos a la plaza de Rauzan, y nos sentamos en la terraza del único restaurante que había. Hacían unas pizzas al horno estupendas, así que cenamos de maravilla.
Para volver, una vez llegamos al viñedo tuvimos que iluminarnos con las linternas de los móviles. Fue una pequeña aventura muy emocionante. Inés iba encantada, ya daba muestras de que iba a ser toda una viajera. Al día siguiente desayunamos en el salón de la casa, un lugar grande y distinguido. Antes de irnos y emprender viaje hacia el valle del Loira, dedicamos un rato a hacer algunas fotos en la mansión, que resultaba muy fotogénica, como podéis ver abajo.
La casa donde nos alojamos se llama Chateau Villotte, y nos costó (en 2017) 98 euros una noche con desayuno en habitación doble superior. La recomiendo totalmente, especialmente si te gustan los alojamientos en edificios históricos con encanto. En Francia hay muchos de ese tipo, en esta región también. Hay alguno realmente espectacular.
Después de mucho mirar, éste, Chateau Villotte, era sin duda el que tenía la mejor relación calidad/precio. Hay algún castillo reconvertido en hotel muy chulo, pero que lógicamente se va mucho de precio. Nosotros lo reservamos por booking, pero parece que ya no está disponible. Si quieres mirar más alojamientos, en nuestra página de descuentos tienes acceso a nuestro enlace a Booking, y también descuentos en coches de alquiler, seguros, etc. Tu puedes conseguir un muy buen precio, y a nosotros nos ayuda mucho.
Y después de la sesión de fotos en "nuestra" mansión, a continuar viaje, que aún teníamos algo más de cuatro horas de viaje hasta el valle del Loira. Aquí podéis leer el relato de los tres días que pasamos recorriendo el Valle del Loira.
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