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Valle del Loira


Fecha del viaje: Agosto de 2017

Esta visita forma parte de un viaje que hicimos en coche para recorrer el valle del Loira y la región del Perigord. Salimos en nuestro propio coche desde Villaviciosa de Odón, y pasamos la primera noche en el bonito pueblo francés de Saint Emilion, cerca de Burdeos. Aquí podéis leer el artículo de nuestro paso por el bonito pueblo histórico de Saint Emilion.

Este artículo no pretende ser un relato exhaustivo de todo lo que se puede ver en esta región, sino simplemente un relato de lo que vimos nosotros en los tres días que estuvimos allí. El valle del Loira tiene una densidad enorme de sitios interesantes y monumentales que ver, posiblemente la mayor de Francia. Podrías estar una semana entera y aun así no darte tiempo a verlo todo. Por algo esta zona fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000. Y fue incluído todo el valle como un conjunto, por que en su interior hay al menos 8 o 10 sitios que por sí solos merecerían estar en ese selecto grupo.

Nosotros investigamos mucho y al final, después de darle muchas vueltas, escogimos el conjunto de lugares que nos parecieron más interesantes, y que por temas de logística era más óptimo. Así que este es el relato de la ruta que nosotros diseñamos para estar tres días completos (cuatro noches) en este fascinante lugar. Sin duda volveremos en el futuro para visitar lo que nos quedó pendiente.

Recomendaciones importantes

  • Si te gustan los alojamientos con encanto en edificios históricos, el valle del Loira está lleno de ellos, hay una oferta muy grande. Abajo te contamos cuál fue el que escogimos nosotros, que nos pareció que tenía una muy buena relación calidad/precio.
  • Seguramente estarás por aquí unos pocos días. Si es así, no intentes verlo todo, es imposible. Haz como nosotros, documéntate, y escoge los lugares que más te apetezca visitar, y disfrútalos relajadamente. Parte de la belleza de estos castillos y ciudades reside justamente en eso, en la capacidad de disfrutarlos lentamente.
  • Los castillos más conocidos (Chenonceau, Chambord, Blios, etc) son muy visitados, y en verano más. Lo mejor, como siempre en estos casos, es madrugar. Lo bueno es que hay otros castillos menos conocidos (el de Sully en nuestro caso) que veréis casi solos, o solos del todo. Mucha gente visita el valle del Loira, pero hay tantos castillos, palacios y ciudades monumentales, que al final la gente se dispersa mucho, y hay muchos sitios que veréis con poca gente.

Desde nuestro alojamiento de esa noche, una bonita mansión nobiliaria en Rauzan, a 20 km de Saint Emilion, teníamos unas cuatro horas de camino hasta el valle del Loira. Paramos a comer en un área de servicio y llegamos a nuestro alojamiento a media tarde. La verdad es que quedamos realmente contentos con el alojamiento que escogimos (después de mucho mirar).

Nos gustan mucho los alojamientos situados en edificios históricos o antiguos, como el de la noche anterior, y en esta ocasión no íbamos a ser menos. Además, es que en Francia hay realmente muchos alojamientos de ese tipo, posiblemente el pais con la mayor oferta en castillos y mansiones convertidos en hoteles. Lo malo es que tampoco somos ricos, así que realmente gran parte de estos alojamientos están fuera de nuestro alcance, y hay que buscar bastante.

Teníamos claro que, al ir con Inés, queríamos que fuese un sitio tranquilo, en un pueblo pequeño, un entorno más bien rural, y a ser posible con jardín. Y encontramos justamente eso en Le Clos Saint Marie, una antigua finca vinícola en el pequeñísimo pueblo de Mesland. Está muy bien situada, a mitad de camino entre Amboise y Blois, dos de las principales ciudades que ver en el valle del Loira.

Abajo a la izquierda podéis ver una foto de nuestra habitación, y a la derecha, dando de merendar a Inés en el jardín de la casa, frente a la fachada principal.

Una vez instalados, pasamos el resto de la tarde en el jardín de la casa, donde hay un cedro enorme, muy bonito, con un columpio colgando de una de sus ramas. Y ese columpio fue el primero en el que montó Ines en su todavía corta vida de 9 meses. La experiencia le gustó un montón, no hacía más que reirse.

La verdad es que pasamos un rato muy agradable, el sitio invita a la relajación y el descanso. Además, el dueño nos invitó a un vino. Fue una tarde muy agradable, viendo como llegaba el atardecer poco a poco y la fachada de la casa se tornaba de color dorado.

En las fotos de arriba, Inés se merendó un potito entero, en la foto da la impresión de que ya no le cabe ni un gramo más. En la otra foto, jugando con el carrito de las maletas. Los jardines de la casa son bastante amplios, y desde la explanada de arena que hace de aparcamiento, situada junto a la entrada, hay que caminar unos 100 metros atravesando los jardines, así que tienen un par de carritos de estos para llevar el equipaje. Muy útiles, además a Inés le encantaba subirse y que la pasease por los caminos del jardín.

Por cierto, la casa tiene una bonita piscina exterior, lo malo es que esos días no hizo mucho calor y al final no la usamos ningún día. Nosotros estuvimos aquí cuatro noches, usándolo como cuartel general para recorrer los diferentes sitios que queríamos visitar del valle del Loira. Su ubicación es perfecta para eso, ya que está en el mismo centro de todo, pero alejado del bullicio.

Si quieres reservarlo, puedes hacerlo desde nuestro enlace para obtener el mejor precio posible, aquí. Si quieres mirar más alojamientos, en nuestra página de descuentos tienes acceso a nuestro enlace a Booking, y también descuentos en coches de alquiler, seguros, etc. Tu puedes conseguir un muy buen precio, y a nosotros nos ayuda mucho.

Abajo podéis ver un mapa de la zona del valle del Loira, desde el extremo Oeste (Tours) hasta el Este (Orleans). En él está señalado nuestro alojamiento, así como todos los sitios que visitamos en esos tres días. Tanto Tours como Orleans deben ser ciudades muy interesantes, pero que lamentablemente no nos dio tiempo a visitar.

Día 1: Castillos de Chenonceau y Amboise

¡Nuestro primer día completo en el valle del Loira! Y teníamos muy claro por donde íbamos a empezar. Desde siempre, nos ha fascinado la silueta elegante y etérea del castillo de Chenonceau, levitando sobre las aguas del rio Cher. Sin duda, una de las imágenes más icónicas del valle del Loira.

Después de un magnífico desayuno en el alojamiento, nos pusimos en ruta, estábamos a sólo media hora de distancia. Al llegar, nos recibe un amplio aparcamiento, con sitio para un montón de coches. Desde allí, en un corto paseo estamos en la entrada al recinto del castillo. La entrada de adulto (precio de 2025) son 18 euros, y los niños de 7 años en adelante, 15 euros. Para más información o reservar tickets online, podéis hacerlo en la web oficial del castillo de Chenonceau. Nosotros las sacamos allí mismo. Una vez has pasado por taquilla, estás en los amplios jardines de Chenonceau, como podéis ver abajo.

Había bastante gente, pero al ser los jardines tan grandes, la gente se dispersa y no tuvimos ninguna sensación de agobio, y como podéis ver, se pueden hacer buenas fotos sin que salga en ellas media Francia. Las posibilidades fotogénicas en estos jardines, sacando el castillo desde diferentes perspectivas, son infinitas. Y desde luego, el mejor momento para hacer fotos es por la mañana, cuando el sol ilumina este lado de la fachada.

Después de pasear un rato por los jardines, nos acercamos a la ribera del rio Cher, desde donde se pueden sacar las mejores fotos del castillo. También, si queréis, podéis alquilar una barca de remos, nosotros eso no lo hicimos.

En la foto de arriba a la derecha, sacada desde la entrada al castillo, podéis ver un puesto de zumos de naranja. Cuando lo vimos, mientras caminábamos hacia el castillo, no lo pensamos dos veces, que rico nos supo ese zumo recién exprimido.

Y por fin entramos al interior del castillo, que se ve bastante rápido. Al fin y al cabo, este castillo es realmente un puente, posiblemente el puente más hermoso del mundo. En su interior sí que se nota la gran cantidad de gente que visita este lugar, la sensación puede ser un poco agobiante, comparado con lo bien que se está en el exterior. Abajo, una foto en el interior, en la gran galería sobre el rio, y una vista áerea sacada de internet, en la que podéis ver bien el castillo como si fuese un hermoso puente, y los jardines de su ribera izquierda.

El castillo actual se construyó en el siglo XVI sobre los restos de un antiguo molino fortificado que cruzaba el río Cher (afluente del Loira). Se le conoce como "castillo de las damas", ya que ha estado siempre muy vinculado a personajes femeninos. Fue mandado levantar por Thomas Bohier, tesorero de Francisco I, aunque su esposa Katherine Briçonnet supervisó las obras y el diseño.

Otras mujeres que intervinieron fueron Diane de Poitiers, amante de Enrique II, que construyó los magníficos jardines. Catalina de Médici, reina y viuda de Enrique II, que tomó el castillo tras la muerte del rey y lo embelleció aún más, añadiendo la gran galería sobre el río. Más tarde fue residencia de Luisa de Lorena, viuda de Enrique III.

Como curiosidad, fue usado como hospital militar durante la Primera Guerra Mundial. Después, en la Segunda Guerra Mundial, al estar construido sobre el río Cher, servía de frontera natural entre la Francia ocupada y la zona libre. Hoy es el castillo privado más visitado de Francia, y el primero que visitábamos nosotros. Al atravesar el castillo, puedes salir al exterior por el otro lado, donde hicimos también un par de fotos, pero que no salieron tan bien al estar en sombra ese lado por la mañana.

Una vez visto el castillo desde la orilla opuesta y dar un paseo por esa ribera, volvimos sobre nuestros pasos hasta la entrada, ya se nos había pasado la mañana, y aún quedaba mucho por ver. Cogimos el coche hasta Amboise, que está a sólo 15 minutos de distancia. Nada más aparcar, lo primero fue buscar un sitio donde comer, y luego decidimos dar un buen paseo para que Inés durmiese un poco de siesta. Abajo, paseando por las proximidades del castillo de Ambiose.

Y aqui, cruzando el rio hacia la orilla opuesta, donde hay un parque desde donde hay fantásticas vistas del castillo de Amboise. Inés ya estaba completamene dormida en su silla.

El paseo hasta allí nos llevó un rato, que le sirvió a Inés para descansar. Una vez allí, estuvimos sentados en el césped, junto a una escultura de Leonardo da Vinci hecha en bronce, observando la magnífica vista, hasta que Inés se despertó. Entonces nos hicimos algunas fotos los tres, y la dejamos jugar un rato en el césped.

Después de un rato en ese agradable parque que tan buenas vistas tenía, montamos a Inés en el carro y volvimos sobre nuestros pasos a cruzar el rio de nuevo, para hacer la visita del castillo. Arriba a la derecha, ya en el castillo, una panorámica del puente que habíamos cruzado antes durante nuestro paseo.

Abajo, fotos en el castillo, situado en una especie de colina que estuvo fortificada ya desde tiempos muy antiguos. Este castillo tuvo un papel muy importante, ya que el rey Francisco I lo convirtió en residencia real a principios del siglo XVI. El precio de la entrada de adulto es de 16,9 euros, y el de niño de más de 7 años, 10,8 euros (precios de 2025). Para más información, podéis consultar la web oficial del castillo de Amboise.

Arriba a la derecha, vista de la calle principal de Amboise desde el castillo. Al fondo se ve un palacete de ladrillo con ventanas blancas, es el palacio de Clos Lucé, residencia que el rey Francisco I le cedió a Leonardo da Vinci en 1516 para que pasara allí sus últimos años de vida. Leonardo vivió allí tres años, hasta su muerte en 1519. Después del castillo, iriamos a visitarlo. Abajo, en uno de los salones principales del castillo.

Y aquí, un par de fotos paseando por los jardines colgantes del castillo. Desde aquí hay buenas vistas hacia el rio y las casas que están debajo.

Y antes de acabar la visita del castillo, nos quedaba una última cosa, la capilla de Saint-Hubert, un pequeño edificio gótico situado en los jardines, fuera del edificio principal del castillo. Aquí fue enterrado Leonardo da Vinci a su muerte en 1519, y en su interior puede visitarse su tumba.

Y con el recuerdo de haber visitado la tumba del gran genio del Renacimiento, Leonardo da Vinci, salimos del castillo para ir a ver el palacete donde vivió sus últimos años de vida como protegido del rey. Francisco I lo nombró “Primer pintor, ingeniero y arquitecto del rey” y le dio libertad absoluta para trabajar en sus proyectos. El paseo hasta allí es muy agradable, por la calle medieval principal de Amboise. El palacete está rodeado de jardines que también se visitan.

Primero visitamos el interior del palacete, las diferentes estancias donde el gran Leonardo hacía su vida. La entrada a este palacete tampoco es barata, el precio de adulto es de 19,5 euros, y el de niños a partir de 7 años, 14 euros (precios de 2025). Para más información, podéis consultar la web oficial del palacio de Clos Lucé. Esta visita Inés la hizo absolutamente dormida en la mochila de paseo.

Y después dimos un paseo por los jardines, que están muy bien, es como un laberinto de caminos entre una vegetación muy exhuberante. Además hay algunas reproducciones de máquinas diseñadas por Leonardo, repartidas por el jardín.

Cuando acabamos ese paseo, ya estaban cerrando. Fuimos los últimos en salir. Un día bien aprovechado. Volvimos caminando hacia el coche, y cenamos en una hamburguesería que estaba frente al castillo. Desde allí, de vuelta a nuestro alojamiento, que estaba a sólo 20 minutos de distancia.

Día 2: Castillos de Chaumont y Blois

Segundo día en el valle del Loira, un lugar repleto de arte y castillos de cuento. Después de otro maravilloso desayuno en nuestra casona, nos pusimos en ruta de nuevo. Esta vez nuestro destino estaba muy cerca, ya que el castillo de Chaumont se encuentra a sólo 8 km de nuestro alojamiento. Aparcamos sin problema, y sacamos el ticket. El precio para adulto en temporada alta es de 21 euros, y para niños de más de 6 años, 6 euros. Hay un ticket familiar por 42 euros. Para más información, podéis consultar en la web oficial del castillo de Chaumont.

Este castillo tiene unos jardines enormes, muy buen cuidados, y con unos árboles que son monumentos en sí mismos. Pasear por esos jardines es una verdadera delicia, nosotros estuvimos un buen rato. Hay muchos rincones desde donde sacar unas fotos muy chulas del castillo, que contrasta con el color blanco inmaculado de la piedra y los mil tonos de verde de la vegetación circundante.

Después de disfrutar de los jardines, pasamos al interior del castillo. La verdad, más que un castillo, es como un palacio de cuento, con esos tejados cónicos y los muros de un blanco intenso.

Por dentro se ve rápido, puedes recorrer unas pocas salas preparadas. Está todo muy bien ambientado, como si los dueños hubiesen salido de viaje y estuviesen a punto de volver. Desde aquí fuimos a Blois, a sólo 22 minutos de distancia, seguramente la ciudad más monumental y bonita de todo el valle del Loira.

Aquí empleamos la misma táctica que el día anterior en Amboise. Lo primero, buscamos un sitio para comer, en una terraza esta vez. Después, con Inés bien acomodada en el carro, dimos un largo paseo para que durmiese su siesta, disfrutando de las calles de esa bella ciudad tan monumental. Al igual que Amboise y Chaumont, también está a la orilla del rio Loira.

Visitamos la iglesia principal de la ciudad, la catedral de Saint Louis, situada en la parte alta de la ciudad. Abajo podéis ver una foto de su fachada, y del interior, en la nave principal. Tuvo que ser muy reconstruída a partir de 1678, por los daños causados por un violento huracan.

Y dejamos lo mejor para el final, el castillo de la ciudad. Uno de los más importantes de todo el valle, ya que fue residencia real con varios reyes, y conserva estancias de muchas épocas diferentes, desde la edad media hasta el siglo XVII. A estas alturas, Inés ya se había despertado.

La fachada principal corresponde a la zona del castillo (palacio más bien) levantada por el rey Luis XII, quien convirtió la fortaleza medieval en un palacio renacentista, a finales del siglo XV. La escultura del jinete que está sobre la puerta muestra al propio rey Luis XII montado a caballo, con la corona en la cabeza y vistiendo armadura, en actitud de soberano pacífico más que guerrero.

Una vez pasamos al patio interior, en la foto de abajo a la izquierda podemos ver el edificio de Luis XII por el lado interior, inconfundible con su fachada de ladrillo y piedra caliza. En la foto de la derecha, el ala de Francisco I, levantada unos 15 años más tarde, y hecha toda en piedra. Lo más característico de este ala es la escalera helicoidal, hecha posiblemente según los diseños del gran Leonardo da Vinci, que en esa época ya estaba viviendo en Clos Lucé.

Abajo, más fotos de la torre de la escalera, desde el patio, y luego en su interior. En el interior se entrecruzan continuamente dos escaleras con forma helicoidal, una de subida y otra de bajada. Una especie de doble hélice entrelazada en la que las dos escaleras no llegan a tocarse nunca. Un prodigio de la arquitectura de la época.

Desde allí pasamos al interior del palacio, donde se visitan algunas estancias.

Y desde allí, al mirador que hay en la parte superior, desde donde hay unas vistas fabulosas de la iglesia de San Nicolás y de las calles adyacentes del centro histórico. Este mirador está en el ala de Gaston d’Orléans, la más reciente de todas, del siglo XVII.

Y para acabar, volvimos al ala de Luis XII, la más antigua del palacio, para visitar la sala gótica de los estados generales. Es la parte más antigua de todo el palacio, del siglo XIII, y una de las salas góticas más grandes y mejor conservadas de Europa. Ya existía cuando el rey Luis XII remodeló completamente la antigua fortaleza medieval para convertirla en un palacio al gusto de la época (siglo XV), y se decidió conservarla.

Sin duda, este es el castillo cuya visita de su interior más nos había gustado hasta ese momento. Por fuera, son más espectaculares el de Chenonceau o el de Chaumont, pero por dentro gana este por goleada. No en vano, ha sido residencia de 7 reyes y 10 reinas. A la salida de la visita, fuimos paseando hasta el coche, y cenamos en una pizzería en un pequeño pueblo camino de nuestro alojamiento, que estaba a 25 minutos de distancia.

Día 3: Oratorio de Germigny des Prés, abadía de Saint Benoit, castillos de Sully y Chambord

Empezaba nuestro tercer y último día en el valle del Loira. Esta vez íbamos a alejarnos un poco de la zona donde estábamos, para ir al oriente del valle, cerca de la ciudad de Orleans.

Concretamente, nuestra primera parada fue en el oratorio carolingio de Germigny-des-Prés, a una hora y media de distancia, que es uno de los monumentos más antiguos e importantes del arte carolingio en Francia (sino el que más), y una auténtica joya de la arquitectura altomedieval europea. Se trata de una de las iglesias más antiguas de Francia, equiparables a las prerrománicas asturianas por la época de construcción. A mi me encanta este tipo de arte, así que no íbamos a dejar de verlo, teniéndolo tan cerca.

Fue construido en el año 806 d.C., durante el reinado de Carlomagno, por su consejero y embajador Teodulfo de Orleans. El oratorio de Germigny-des-Prés es una pequeña iglesia carolingia de planta de cruz griega cubierta por cúpulas, bastante avanzado paa la época. El gran tesoro del oratorio es su mosaico del ábside, el único mosaico carolingio conservado en Francia. Representa el Arca de la Alianza flanqueada por dos querubines, con una clara influencia bizantina (arriba a la derecha).

El oratorio, con la iglesita donde está, se ve rápido, es pequeño. No debe ser muy visitado, por que acostumbrados a ver los castillos más famosos siempre con gente (aunque sin llegar al agobio nunca), este sitio lo vimos completamente solos. Imagino que en cualquier otro lugar sería un monumento de primer orden, pero claro, en el valle del Loira, con la concentración brutal que hay de sitios alucinantes... es un sitio al que solo van frikis del arte medieval más antiguo. Después de verlo, estuvimos un rato en los jardines de alrededor, que a Inés no le puede faltar su rato de jugar en la hierba.

Y de aquí, seguimos ruta hasta la abadía de Saint Benoit sur Loira, también conocida como abadía de Fleury, a sólo 7 km de allí. Tardamos como cosa de 7 u 8 minutos en llegar. Esta abadía fue fundada hacia el año 650 d.C. aunque el edificio actual de la iglesia es románico del siglo XI.

Según la tradición, en el año 673, monjes de Fleury viajaron a Italia y trajeron las reliquias de San Benito hasta aquí, donde permanecen enterradas. Fue un centro de estudios y copia de manuscritos, y llegó a tener una de las bibliotecas más prestigiosas de su tiempo. Lamentablemente, en las guerras de religión del siglo XVI, la abadía sufrió grandes daños, y gran parte se perdió.

Y el siguiente destino era el castillo de Sully sur Loira, que estaba a otros 8 km más allá. Llegamos enseguida, y aunque aún era pronto, decidimos comer antes de ver el castillo. La estrategia habitual, para que Inés duerma su siesta.

Como podéis ver en las fotos de abajo, es un castillo realmente fotogénico. Es muy diferente a los que habíamos visto hasta ese momento, ya que esos más que castillos eran palacios renacentistas. En cambio, éste es un auténtico castillo feudal defensivo del siglo XIV, auténticamente medieval. Aún está rodeado de un foso lleno de agua, lo que le hace aún más espectacular.

Su propósito era defender el paso del Loira y controlar la ruta entre París y el centro de Francia. Para ello, tenía foso con agua, torres circulares, puente levadizo y murallas gruesas: un verdadero castillo de defensa.

En el siglo XVII, fue adquirido por el duque de Sully, ministro y amigo personal del rey Enrique IV. Él lo transformó en residencia señorial, añadió jardines y dependencias, y dio su nombre al castillo. Como curiosidad, Juana de Arco pasó por Sully en 1429, tras liberar Orléans, para entrevistarse con el duque de La Trémoïlle. Abajo, frente a la fachada principal, donde Inés estuvo un rato jugando en la hierba.

Y por fin, entramos al interior. El precio es más barato que los castillos anteriores que habíamos visitado. La tarifa de adulto es de 8 euros, y para niños a partir de 6 años, 5 euros. Para más información, podéis visitar la web del castillo de Sully sur Loira.

Como se puede ver arriba a la derecha, una de las salas conserva una fabulosa bóveda de entramado de madera. Se encuentra en la torre principal, en la sala de guardia, y forma parte del núcleo más antiguo del edificio, del siglo XIV. En esta estancia se conserva una bóveda de madera en forma de artesa invertida, es decir, con el perfil curvado como el casco de un barco puesto del revés.

Está construida enteramente con un entramado de vigas de roble ensambladas sin clavos, con técnicas de carpintería medieval. En la Edad Media, esta sala servía como salón de banquetes y de recepción, además de refugio en caso de asedio. Una auténtica maravilla.

Una vez acabada la visita, pusimos rumbo hacia el alojamiento, pero antes hicimos una parada más que nos pillaba de camino, el enorme castillo de Chambord situado a una hora de distancia, cerca de Blois. Allí estaríamos hasta la puesta de sol. El objetivo no era visitarlo por dentro, es un castillo enorme y ya era tarde para eso, sino disfrutar de las vistas exteriores, que además es gratis. Al llegar, hay un aparcamiento enorme, al estilo del de Chenonceau, y desde allí fuimos a los jardines desde donde hay una vista maravillosa del castillo, especialmente ahora al atardecer. Este castillo no es barato, cuesta 19 euros por adulto y niños gratis. Para más informacion, puedes visitar la web oficial del castillo de Chambord.

Estuvimos paseando por la zona, a lo largo del foso que rodea al castillo, para verlo desde diferentes ángulos mientras el sol se iba poniendo. Sin duda la mejor foto de todas, es justo en el centro, con la imagen del castillo reflejándose en el foso. Además el atardecer es perfecto, por que la luz pálida incide justo en el edificio.

Este enorme palacio fue mandado construir por el rey Francisco I, el gran mecenas responsable de unos cuantos castillos en el valle. La enormidad de dinero que debió gastarse este rey coleccionista de palacios. Además, éste no fue pensado como residencia permanente, sino como pabellón de caza y demostración del poder del monarca.

Está rodeado por un parque amurallado de 5.440 hectáreas, el mayor cerrado de Europa. Al igual que el palacio de Blois, también tiene una doble escalera helicoidal, inspirada en los diseños del gran Leonardo. En total, consta de 426 habitaciones, 83 escaleras y 282 chimeneas. Y después de todo ese dispendio, Francisco I apenas pasó en Chambord unas pocas semanas en total, debido al clima húmedo y la lejanía de la corte.

Como sorpresa especial que no esperábamos, pudimos ver como se preparaban unos globos aerostáticos para empezar el vuelo. Lo vimos al completo, tranquilamente tirados en la hierba, desde que empezaron a hincharlos hasta que izaron el vuelo. La verdad es que tiene que ser toda una experiencia.

Tiene pinta de ser una experiencia muy interesante, es algo que tenemos muchas ganas de probar algún día, el vuelo en globo. De momento en este viaje, Inés es aún muy pequeña para eso. Si estás interesado, aquí tienes algunos links de salidas organizadas en globo por el valle del Loira:

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Ya con los globos en el aire, y el sol casi escondido, emprendimos el camino a casa. Paramos a cenar por el camino, y a dormir. Nuestro viaje al valle del Loira terminaba ahí, pero al día siguiente empezaba otra emocionante aventura, ya que nos íbamos a otra región fantástica de Francia, el Perigord, donde íbamos a estar tres noches. Podéis leer aquí el relato de nuestras aventuras en el Perigord. Aquí os dejo otra serie de experiencias y excursiones en el valle del Loira, si lo que os gusta es ir con todo organizado y no tener que preocuparos de nada:

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