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Perigord


Fecha del viaje: Agosto de 2017

Esta visita forma parte de un viaje que hicimos en coche para recorrer el valle del Loira y la región del Perigord. Salimos en nuestro propio coche desde Villaviciosa de Odón, y pasamos la primera noche en el bonito pueblo francés de Saint Emilion, cerca de Burdeos. Las cuatro siguientes noches las pasamos recorriendo el valle del Loira, aquí podéis leer el artículo de nuestro paso por el espectacular Valle del Loira.

Recomendaciones importantes

  • Cuidado con la visita al castillo de Castelnaud. Tiene un museo sobre la guerra medieval que hace que sea una especie de parque temático de la Edad Media, y es muy visitado. Nosotros no pudimos verlo por la inmensa afluencia de gente que había ese día, intentad que no os coincida en fin de semana.
  • En Verano el Perigord es un lugar caluroso. Sobre todo si vais con niños, mejor reservad un alojamiento con piscina, seguro que os vendrá bien.
  • Gastronómicamente hablando, el Perigord es un auténtico paraiso. Además de tener buenos vinos, es típico aquí el confit de pato (una delicatesen), el foie gras de pato o de oca (auténtico emblema del Perigord, delicioso también), setas, trufa, y el acompañamiento estrella de los diferentes platos, las "pommes sarladaises" que son como nuestras patatas fritas, pero salteadas en grasa de pato y ajo. Solo por esto ya merecería la pena viajar a esta región de Francia.
  • Tanto Sarlat la Caneda como Rocamadour son lugares muy visitados, mejor ir a primera hora de la mañana o última de la tarde. Para sacar fotos en Rocamadour desde el mirador, sin duda mejor por la mañana pronto.
  • A parte de los lugares más conocidos, que son dignos de visitar aunque haya mucha gente, el Perigord tiene tanta densidad de sitios bonitos que hay castillos o pueblos medievales, que en otro lugar serían la estrella del lugar, pero aquí son menos visitados. De este estilo de sitios que nosotros visitásemos, recomendaría el castillo de Puymartin.

Desayunamos por última vez en nuestro maravilloso alojamiento de Le Clos Saint Marie, en el valle del Loira. Antes de irnos, estuvimos un rato jugando en los jardines con Inés, ya que le había gustado mucho el columpio y el carrito de las maletas, con el que le dábamos buenos paseos por los jardines.

Por fin nos despedimos de los dueños, y emprendimos ruta hacia la lejana tierra del Perigord, que estaba a unas cuatro horas y media hacia el sur. Paramos a comer en un área de servicio, luego Inés se durmió una buena siesta, y menos mal, porque pillamos atasco y tardamos más de lo que pensabábamos. Llegamos a media tarde a nuestro hotel en Sarlat la Caneda, y ya pasamos el resto de la tarde allí, en los jardines y la piscina.

Nuestro alojamiento, al igual que los dos anteriores en Saint Emilión y valle del Loira, es una antigua casona con varios siglos a sus espaldas, reconvertida en alojamiento con encanto. Se llama Hotel La Hoirie, está en las afueras del pueblo medieval más bonito de todo el Perigord, Sarlat la Caneda, y nos costó 360 euros por tres noches, con desayuno. Abajo podéis ver unas fotos. En la primera foto a la izquierda, nuestra habitación estaba en la primera planta, es la de la ventana en la buhardilla, y la siguiente ventana a la derecha, más pequeña, es la del baño. Una habitación bastante grande.

Además de desayunar, también se podía comer y cenar allí. Esa primera noche, que no nos apetecía ya movernos, cenamos allí mismo, y la verdad estuvo genial, acabamos repitiendo al día siguiente de nuevo. Una fantástica cena en terraza, y al acabar solo teníamos que entrar en la casa y subir unas escaleras para llegar a nuestra habitación.

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Día 1

El desayuno estuvo tan bien como la cena, y después ya nos pusimos en ruta. Nuestra primera parada, el bonito y fotogénico pueblo de La Roque-Gageac, estaba a sólo 13 km de allí. El pueblo realmente es una calle que tiene a un lado, paralela al casco urbano, el rio Dordoña, y al otro lado un paredón vertical de una montaña. Al llegar, hay un amplio aparcamiento en su extremo (de pago) donde te aconsejo que aparques, no lo intentes dentro del casco urbano, no vas a poder. Desde allí, ya puedes pasear para conocer ese fotogénico y pequeño lugar.

La imagen más famosa del pueblo es desde el extremo del pueblo contrario al castillo, junto a la ribera del rio Dordoña. Desde allí puedes ver el pueblo a todo lo largo, terminando en su bello castillo, que es privado y no se puede visitar (me pregunto quien tendrá la suerte de vivir allí). Abajo podéis ver un par de fotos de esta bonita vista. Desde ese lugar salen los barcos tradicionales (gabarras) que te dan un paseo por el rio, y también es posible alquilar canoas. Este pueblo adquirió bastante importantancia en la Edad Media como puerto comercial en la ruta de navegación del Dordoña.

Nosotros nos limitamos a dar un tranquilo paseo por la calle principal que recorre el pueblo de extremo a extremo, y a estar un rato en una zona infantil junto al rio, para que Inés se columpiara un poco. El pueblo es muy turístico, no esperéis verlo solos. La calle principal está llena de tiendas de recuerdos y restaurantes, como es habitual en estos sitios. Como curiosidad, en Enero de 1957 sobrevino una gran catástrofe: un bloque de 5000 m³ de roca se separó y cayó al pueblo, destruyendo una decena de casas, matando a 3 personas y cortando la carretera durante varios años. Abajo podéis ver unas fotos del desastre.

La Roque Gageac figura en la clasificación de los pueblos más bonitos de Francia, al igual que nuestro siguiente destino. Ambos figuran todos los años como dos de los pueblos más espectaculares de este ya de por sí espectacular país. Volvimos al coche a seguir ruta hasta nuestro siguiente destino, que además de ser uno de los pueblos más bonitos de Francia, también es de los sitios más visitados: Rocamadour, situado a una hora de distancia.

Ya llegando a Rocamadour, se aprecia la espectacularidad de su ubicación, como podéis ver en la imagen de abajo a la izquierda, sacada desde un mirador cercano. Pero la foto más espectacular, con una vista frontal de los diversos santuarios que trepan por la ladera, la tendréis desde un sitio conocido como L'Hospitalet, un pueblo situado a unos 500 metros en linea recta (algunos km por carretera) del acantilado donde se asienta Rocamadour. Se llama así por que antiguamente aquí habia un hospital o albergue de peregrinos que se dirigían hacia el santuario. Muchos peregrinos veían por primera vez la ciudad santa desde este punto, de ahí que se lo conociera como “le belvédère des pèlerins” (el mirador de los peregrinos).

Las demás fotos que podéis ver abajo, están sacadas desde este mirador. La vista es espectacular, como podéis ver, aunque la hora no era la mejor, por la posición del sol. Lo mejor es pronto por la mañana, o ya al atardecer. Una cosa importante, es que mucha gente viene aquí a disfrutar de la vista, y encontrar donde dejar el coche no es fácil. Hay unos cuantos restaurantes, que tienen aparcamiento privado para los clientes. Nosotros lo que hicimos fue comer allí, en uno de esos restaurantes (ya era más o menos la hora de comer en Francia) y gracias a eso dejamos el coche en el mismo mirador, a unos metros de donde están sacadas estas fotos.

Viendo estas fotos podréis entender por qué es el segundo sitio más visitado de Francia, después de Mont Saint Michel. La imagen del exhuberante y verde valle del rio Alzou, y las diferentes edificaciones levantadas en el propio acantilado es increíble, maravillosa. Pocos lugares debe haber así en el mundo. Junto al rio, formando una calle longitudinal, está el pueblo, con las casas medievales apiñadas formando una larga calle. En el siguiente nivel, en el mismo acantilado, los diferentes santuarios; y por fin, en la cúspide, el castillo.

Comimos bastante bien, la verdad, y con vistas de Rocamadour además. Ya con el estómago lleno, cogimos el coche y fuimos hacia el pueblo. Se puede también ir caminando desde la zona del mirador, por el antiguo camino de peregrinos, pero Inés era aún muy pequeña para eso. Al llegar al pueblo, vemos que está muy bien montado, y hay un gran aparcamiento a las afueras (de pago, claro) donde no tuvimos problema ninguno para dejar el coche. Desde allí fuimos caminando hasta la calle medieval que forma el pueblo (en realidad no es más que eso, una larga calle que puedes recorrer de un extremo al otro).

Para ser sinceros, esa parte del pueblo medieval no tenía tanto encanto como nos imaginábamos, ya que básicamente es una calle llena de gente, donde casi todas las casas son tiendas de souvenirs, heladerias, restaurantes u hoteles. Sin duda el truco para disfrutar realmente de este sitio debe ser como ya hicimos en su día en Mont Saint Michel: dormir allí. De esa manera, puedes disfrutarlo por la noche después de cenar, y a primera hora de la mañana, cuando está vacio de turistas. Rápidamente cogimos el ascensor que sube a la zona de santuarios.

El ascensor te deja en una especie de placita que forman los diferentes santuarios que están construídos sobre la roca. Arriba podéis ver un par de fotos. No sacamos casi fotos, por que esta es la zona de más aglomeración de gente en todo Rocamadour, y realmente era imposible sacar una foto decente en la que no saliera un rio de gente. Desde aquí, después de ver las diferentes capillas que hay, volvimos a coger el ascensor hasta la parte superior, el castillo, que podéis ver en la última foto de arriba a la derecha.

Rocamadour nació como un lugar de eremitas en torno al siglo XI. La leyenda cuenta que un ermitaño llamado Amadour (de ahí el nombre “Roc-Amadour”) vivía en una gruta excavada en el acantilado. Ya en los siglos XII y XIII, se convierte en un importante centro de peregrinación cristiana, comparable a Santiago de Compostela o Mont-Saint-Michel. Rocamadour es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1998, como parte del conjunto de los “Caminos de Santiago de Compostela en Francia”. Los peregrinos al llegar, como parte de su penitencia, subían de rodillas los 216 escalones que hay desde el pueblo hasta los santuarios.

Nosotros lo hicimos en ascensor... pero eso sí, la bajada desde el castillo sí que la hicimos por la escalera. El castillo de arriba es privado y no se puede visitar, pero sí que se pueden visitar sus murallas por un módico precio, aunque nosotros no lo hicimos. Una vez bajados todos esos escalones, volvimos al coche y pusimos rumbo a los jardines de Marqueyssac, muy cerca del pueblo que estuvimos por la mañana, La Roque Gageac.

Estos jardines están situados en Vézac, en una cresta rocosa que domina el valle del río Dordoña, justo enfrente de La Roque-Gageac y muy cerca de los castillos de Beynac y Castelnaud-la-Chapelle. Forman parte del château de Marqueyssac, un elegante castillo (mansión más bien) del siglo XVII. Los jardines fueron diseñados en el siglo XIX y son célebres por su estilo romántico, destacan especialmente los más de 150.000 setos de boj recortados a mano, formando laberintos, figuras ondulantes y caminos sombreados.

Hay varios km de senderos para pasear por esos bucólicos jardines, con abundantes bancos y miradores con grandes vistas hacia el valle, y especialmente hacia el pueblo de La Roque-Gageac y el castillo de Castelnaud, como se ve en las fotos de abajo.

El precio de entrada es de 12,9 euros por adulto y 6,5 niños mayores de 10 años (precios de 2025). Pero mejor visitad la web oficial de Marqueyssac para más información, hay incluso una via ferrata. También hay un restaurante con terraza donde se puede comer, y tiene pinta de ser un sitio estupendo.

Si vais al atardecer, seguramente podréis disfrutar del espectáculo de ver globos aerostáticos muy cerca vuestro, ya que pasan casi rozando los jardines. Al estar los jardines a bastante altura, incluso es posible que veáis los globos por debajo vuestro, como nos pasó a nosotros.

Abajo, un par de fotos de la mansión, que se puede visitar por dentro. Cuando fuimos nosotros había una exposición de arte. Ya con las últimas luces del día, cuando estaban ya cerrando, dejamos el lugar y volvimos a nuestro alojamiento, que estaba cerca de allí. Repetimos el plan del día anterior y cenamos en la fantástica terraza del hotel. Inmejorable.

Día 2

Segundo día completo en el Perigord. Para este día también teníamos grandes planes, así que después de otro buen desayuno en nuestro alojamiento, nos pusimos en ruta. La primera parada iba a ser en el castillo de Castelnaud, a sólo 13 km de nuestro hotel en Sarlat. Realmente, era volver a donde acabamos el día anterior, ya que está a la orilla del rio Dordoña, muy cerca de los jardines de Marqueyssac.

Abajo a la izquierda podéis ver una imagen de este fantástico castillo, perfectamente conservado desde sus tiempos de gloria en la edad media, durante la guerra de los 100 años. Pero el destino nos tenía reservada una sorpresa... cuando llegamos al castillo, había un atasco impresionante para entrar al aparcamiento. Era algo muy raro, nunca nos había pasado nada parecido. Cuando por fin llegamos al aparcamiento, vemos que está completo, y que unos trabajadores están desviando a los coches hacia un prado en mitad del campo. No tiene buena pinta.

Como ya estamos metidos hasta el fondo, aguantamos y acabamos aparcando en ese prado. Desde el coche vamos caminando hasta el castillo, que hay un paseo, por que el prado donde hemos aparcado está un poco retirado, y al llegar al castillo vemos, totalmente incrédulos, que hay una cola de la leche para entrar. Media Francia está aquí, hoy. En mi vida había hecho cola para entrar a un castillo. Nos replanteamos la situación y vemos que en esa cola vamos a estar mucho tiempo antes de entrar, y además, cuando entremos, vamos a ver el castillo en medio de una marea humana, es decir, la visita va a carecer del más mínimo encanto.

Así que, siendo pragmáticos, estamos en el Perigord, una tierra llena de castillos y pueblos medievales, no hay por qué esperar aquí, cuando seguramente hay algún castillo cercano que nadie está visitando hoy (ya que parece que todo el mundo está aquí), así que nos damos media vuelta y nos volvemos al coche. Nos replanteamos el día, y decidimos ir al castillo de Puymartin, que es el que podéis ver en el resto de fotos de abajo, y está a sólo 15 minutos de allí.

Hay que decir, que el castillo de Castelnaud, por lo visto, lo han convertido en un gran museo sobre la guerra en la Edad Media, con gran cantidad de recreaciones a tamaño real de catapultas, trébuchets, bombardas, ballestas y torres de asedio. Y en verano se hacen demostraciones de su uso, como una especie de parque temático de la Edad Media. Seguramente esa era la razon de esa afluencia tan masiva que encontramos. En fin, a ver si en el futuro volvemos por aquí, y lo intentamos de nuevo. Si queréis más información sobre cómo es la visita a este castillo, lo podéis ver en la web oficial del castillo de Castelnaud.

Y enseguida llegamos a nuestro nuevo destino, el castillo de Puymartin, que también resulta muy interesante y que, además, vimos casi solos. Aparcamos sin problema, y nada más llegar nos hicimos una foto con este fotogénico castillo, que podéis ver arriba a la derecha, y abajo a la izquierda solo con Inés.

Este castillo fue construído durante la guerra de los 100 años, y cambió de manos varias veces entre ingleses y franceses. En el siglo XVI fue reconstruído por la familia de Saint-Clar, que lo transformó en una residencia más confortable sin perder su aspecto defensivo. Todavía hoy sigue perteneciendo a esa familia.

Como curiosidad, el castillo es famoso en toda Francia por su fantasma, la llamada “Dame Blanche de Puymartin” (la Dama Blanca). Resulta que en el siglo XVI, una dama llamada Thérèse de Saint-Clar fue descubierta por su marido con un amante. Como castigo, él la encerró viva en una pequeña habitación de la torre norte, donde permaneció hasta su muerte. Dicen que su espíritu todavía vaga por los pasillos del castillo, y que se aparece como una figura blanca y luminosa al caer la noche. Abajo a la derecha, podéis ver la habitación donde estuvo encerrada esa dama. La verdad, es que se notaba un frio extraño al entrar allí...

No se si por el influjo del fantasma de la dama blanca, pero Inés se quedó totalmente dormida durante la visita. Luego a la salida, la dejamos jugar un poco en la hierba de los jardines antes de irnos a otro sitio. El precio de la entrada a este castillo es de 11 euros por adulto, y 6 euros los niños mayores de 6 años (precios de 2025). Para más información, podéis visitar la web oficial del castillo de Puymartin.

Y una vez visto el castillo, pusimos rumbo a Sarlat la Caneda, la capital de Perigord y la población más monumental de toda la región (y además, el lugar donde nos alojábamos), y que aún no habíamos visitado. Pudimos aparcar cerca del casco histórico, y una vez allí buscamos un sitio donde comer. Esta vez nos dimos un pequeño homenaje y nos metimos entre pecho y espalda un buen confit de pato, que nos encanta, así como un poco de foie, que es quizá el producto más típico del Perigord, y está delicioso.

Dimos un buen paseo por el pueblo, lo malo es que estaba muy lleno de gente. Sarlat es una población muy turística, y en verano aún más. Abajo podéis ver unas fotos de nuestro paseo por Sarlat. Abajo a la izquierda podéis ver la plaza principal del pueblo, y a la derecha la catedral de Saint-Sacerdos.

Arriba a la izquierda, la llamada "linterna de los muertos", junto a la catedral. Un edificio misterioso, que data del siglo XII. Se piensa que su utilidad era la de que en ella se habría encendido una lámpara en memoria de los difuntos, especialmente los monjes de la abadía, de ahí su nombre. Hacía bastante calor, y la verdad es que había mucha gente por las calles de Sarlat, así que decidimos ir al hotel y pasar el resto de la tarde cómodamente en la piscina.

La verdad es que pasear por Sarlat es como viajar en el tiempo. Todo el entramado urbano son casonas de esa piedra caliza dorada tan bonita, con sus tejados de pizarra, no hay ningún edificio nuevo que desentone. Lo malo era la cantidad de gente que había, y el calor. Seguramente en otra época del año, tendría más encanto. Abajo, fotos en los jardines y piscina de nuestro hotel, donde pasamos el resto de la tarde muy tranquilamente. Un buen refugio contra el calor.

Tan relajados estuvimos, que después del baño Inés se quedó completamente frita, como se ve arriba a la derecha. Como llevábamos buena parte de la tarde en el hotel, decidimos que esta vez saldríamos fuera a cenar. Escogimos el pueblo de Domme, a sólo 12 km del hotel. Domme es un pueblo pequeñito, muy medieval, muy bonito. Lo malo es que llegamos ya casi de noche, y no hicimos fotos. El pueblo está en lo alto de un acantilado, y tiene un restaurante fantástico con terraza justo al borde de dicho acantilado. Tuvimos suerte y conseguimos mesa, sin haber reservado. El sitio es realmente recomendable, desde la terraza hay unas vistas espectaculares, similares a las que hay desde los jardines de Marqueyssac, aunque mucho mejor si llegas al comienzo del atardecer.

Día 3

Se acababa nuestra estancia en el Perigord. Ese día dejábamos ya el hotel La Hoirie, en el que tan bien habíamos estado, y seguíamos ruta hacia el sur, hacia España, pasando las dos últimas noches del viaje en Hendaya, justo en la frontera, con intención de tener un poco de playa para redondear este apasionante viaje.

Pero antes de eso, aún teníamos una visita más que hacer, el castillo de Beynac, situado a solo 12 km de Sarlat. Este castillo es el antagonista del castillo de Castelnaud que no pudimos visitar el día anterior. Ambos están situados uno frente al otro, en orillas opuestas del rio Dordoña. Durante la guerra de los 100 años, el de Castelnaud estuvo ocupado por los ingleses, y el de Beynac por los franceses, y desde sus murallas se hostigaron y vigilaron durante décadas.

Por suerte, en este castillo no había ni de lejos la cantidad de gente que nos encontramos en Castelnaud. Aparcamos sin problema, y lo visitamos sin ningún tipo de agobio. Hoy día está perfectamente conservado despues de una cuidada restauración, y la visita la verdad es que nos resultó muy interesante. Abajo, la primera foto es desde la zona del aparcamiento, y el resto ya durante la visita.

Desde sus terrazas hay muy buenas vistas del rio Dordoña. El precio de la entrada es de 11,5 euros por adulto, y 7 euros niños a partir de 7 años (precios de 2025). Podéis ver más información en la web oficial del castillo de Beynac. Abajo, fotos del interior, donde hay bastantes estancias con mucha autenticidad medieval. Puede uno hacerse a la idea de cómo vivían los señores del castillo durante esa época.

Abajo a la izquierda, vista del castillo de Fayrac desde la terrazas de Baynac. Un castillo espectacular también, pero que lamentablemente no puede visitarse por ser propiedad privada. Abajo a la derecha, vista amplia del valle del Dordoña. En la parte baja del castillo podéis ver una agradable terraza donde estuvimos después tomando algo, antes de abandonar el lugar.

Y la última estancia que visitamos fue la cocina del castillo, que conserva toda la autenticidad de una auténtica cocina de castillo del siglo XIV o XV. Una vez fuera, nos sentamos un rato en la fantástica terraza de la cafetería del castillo a tomar algo, y volvimos al coche para continuar nuestra ruta hasta Hendaya, parando a comer por el camino, ya que era una ruta larga de unas cuatro horas y media. Tendremos que volver algun día por esta bella tierra, para sacarnos la espinita de la visita al castillo de Castelnaud.

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