Miravet y Calaceite
Fecha del viaje: Diciembre de 2024
El día anterior lo dedicamos a algunos de los restos romanos que hay en las proximidades de Tarragona, como el edificio de Centcelles y el acueducto de las Ferreras. Podéis leer aquí el relato de esas visitas tan interesantes.
Recomendaciones importantes
- Las mejores vistas de Miravet, sin duda son desde el viejo embarcadero que está enfrente del pueblo, pero en la misma orilla. En esta zona no hay puente para cruzar el Ebro, pero sí una barcaza que puede cruzar incluso coches. Al parecer es la única barcaza de este tipo que queda en España.
- El restaurante que hay en la plaza de Calaceite es un fantástico sitio para comer, pero conviene reservar con antelación. En la plaza, con buen tiempo, se monta una terraza muy agradable para tomar algo.
Nuestro viaje se acababa... Era 30 de Diciembre, víspera de Nochevieja, y había que volver a casa para la gran fiesta familiar de fin de año. Y no estábamos cerca precisamente, ya que además no íbamos a ir por la ruta más corta, queríamos pasar por el pueblo de Miravet, uno de los más espectaculares de Tarragona, y luego parar a comer en Calaceite, otro pueblo espectacular, ya en Teruel. En total eran 522 km, con una previsión de seis horas y media de viaje. Sin contar paradas, claro.
Pero lo primero es lo primero, salimos a dar una vuelta por el paseo marítimo de L'Hospitalet de L'Infant, donde habíamos dormido en un apartamento, y a desayunar, cosa que hicimos en uno de los locales del puerto deportivo.
Desde L'Hospitalet cogimos la carretera hacia Vandellós, que se alejaba del mar en perpendicular, y en unos pocos km se metía de lleno en la cordillera costera. Si en L'Hospitalet teníamos un día completamente soleado, como se puede ver en las fotos, en cuanto entramos en zona montañosa nos envolvió una niebla que nos dejó hasta casi Miravet.
Al llegar a Miravet (40 minutos tardamos desde L'Hospitalet) fuimos directamente al castillo templario, que es visitable pero ese día estaba cerrado por ser Lunes. La foto de arriba del rio Ebro está sacada desde la zona de aparcamiento del castillo, junto a sus murallas. Bajamos al pueblo, donde aparcamos sin mucho problema, y fuimos al punto más fotografiado y espectacular del pueblo, un antiguo embarcadero, que debe estar en desuso, desde donde hay una maravillosa vista del pueblo, flotando sobre las aguas del Ebro, y trepando a la vez por la ladera de la montaña.
Sin duda, es un sitio fantástico donde uno no se cansa de hacer fotos y de contemplar esa magnífica vista. Además, estábamos solos, cosa que seguro en otra época no es nada habitual. Ese día frio y con niebla, hacía que el pueblo pareciese aún más misterioso e inaccesible, y el rio más frio y profundo. Un sitio que parece sacado de un cuento de brujas y caballeros.
Aquí el rio Ebro lleva cantidad de agua. No en vano, es el rio más caudaloso de España, y además aquí estamos cerca de su desembocadura, que es donde más agua lleva. En la foto de arriba, se pueden ver restos vegetales enganchados en las ramas del arbusto, que dan una idea de hasta dónde puede llegar el agua en época de muchas lluvias. Abajo, otro sitio muy bueno donde sacar fotos, una playa al lado del embarcadero anterior.
Y después de las fotos, fuimos caminando hasta el casco urbano, dando un paseo por las callejuelas, cuesta arriba, hasta la iglesia. Estaba cerrada y no pudimos entrara a verla. Realmente, por dentro el pueblo tiene poco que ver, es básicamente subir la calle hasta la iglesia. Abajo podéis ver unas fotos de este pequeño paseo.
Arriba a la derecha, el rio Ebro visto desde la altura de la iglesia. A la derecha de la foto, justo en el recodo del rio, se puede ver el pequeño embarcadero desde donde hicimos las fotos anteriores. A la bajada, entramos en un bar, en la plaza que hay frente al rio. Apetecía tomar algo calentito.
Con buen tiempo, aquí se montan varias terrazas que tienen que ser un sitio estupendo para tomar algo mientras uno observa el discurrir del rio. Y con el estómago caliente después de nuestro paso por la taberna, volvimos al coche. Hicimos tres cuartos de hora de ruta, casi todo en medio de una persistente niebla, hasta llegar a Calaceite, ya en la provincia de Teruel. Sabíamos, porque habíamos estado un par de años antes, que en la plaza mayor hay un restaurante estupendo, así que emprendimos el paseo por sus calles medievales, frías y solitarias, hasta dicha plaza.
Y al llegar a la plaza... ahí lo tenemos, el restaurante, enfrente del bello edificio del ayuntamiento y del árbol de Navidad. Es como reencontrarse con un viejo amigo. Incluso tienen montada la terraza, aunque con este frio raro será que alguien se siente ahí (aunque es verdad que por estas tierras de Teruel están más que acostumbrados al frio). Preguntamos para comer, y nos dicen que tenemos que esperar un poco, así que aprovechamos para dar un paseo por las calles de alrededor. En este sitio, sobre todo si vais en época de mejor tiempo, es conveniente reservar. Es el restaurante del hotel del Sitjar.
Las calles de alrededor de la plaza son como viajar en el tiempo, y más ahora, que parece que todo el mundo ha huido y nos lo han dejado para nosotros. Gran parte de las casas y edificios son de los siglos XVII y XVIII, la época de mayor esplendor económico del pueblo. A 2 km del centro están los restos de un antiguo poblado íbero, el de San Antonio, que ya no visitamos por falta de tiempo.
Y después de ese breve paseo, a comer. Inés se pidió un plato de bacalao, como podéis ver en la foto de arriba. La verdad es que las dos veces que hemos estado aquí hemos comido muy bien. Y después de comer, tocaba la gran paliza de casi cinco horas de conducir hasta casa, de las cuales más o menos las dos primeras fueron dentro de la niebla más persistente que he visto nunca.
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