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Costa de Lugo


Fecha del viaje: Diciembre de 2025

Este fue el segundo, tercer y cuarto día de un viaje de cuatro días por la provincia de Lugo. El primer día y medio lo pasamos recorriendo la tranquila y bonita ciudad de Lugo, su muralla romana, su catedral, y las callejuelas de la zona intramuros, que te transportan muy lejos en el tiempo. Podéis leer el relato de esa visita aquí. La tarde, y los dos días siguientes los íbamos a dedicar a la costa de Lugo, la llamada "Mariña Lucense".

El itinerario del viaje fue el siguiente:

Día 1: Viaje a Lugo y estancia en la ciudad.

Día 2: Pasar la mañana en Lugo, luego ir al puerto de Estaca de Bares, donde comeríamos, y pasar la tarde allí. Dormir en el hotel Thalasso Cantábrico, en Viveiro.

Día 3: Por la mañana hacer la ruta de Fuciño do Porco, luego visitar la iglesia de San Martiño do Mondoñedo en Foz, y comer allí. Por la tarde visitar la playa de las catedrales hasta la puesta de Sol. Dormir en el parador nacional de Ribadeo.

Día 4: Visitar la isla y faro de Isla Pancha, en Ribadeo. Luego, hacer una parada para visitar Mondoñedo y su catedral. Viaje de vuelta a Madrid.

Recomendaciones importantes

  • En el pueblo de Bares, muy cerca del cabo de Estaca de Bares, hay un bar de comidas en frente de la playa, llamado "O Centro" donde se come estupendamente y a buen precio comida casera gallega.
  • El hotel Thalasso Cantábrico tiene un buen spa donde poder relajarte después de un día de turismo, por lo que estuve buscando en la red, el mejor spa de la zona costera de Lugo.
  • La ruta de Fuciño do Porco, mejor hacerla pronto por la mañana, para evitar aglomeraciones, especialmente si la vas a hacer en temporada alta o fin de semana.
  • En el centro de Ribadeo hay un sitio muy bueno si te gusta el pulpo a la gallega, se trata de casa Villaronta, que lo llevan haciendo desde 1964.
  • Y si te quieres llevar una buena empanada gallega para casa, hay una tiendecita donde las venden junto a la plaza de la catedral en Mondoñedo, un pueblo que no te puedes perder.

Desde Lugo pusimos rumbo hacia el cabo de Estaca de Bares, que estaba a poco más de hora y media de distancia. Antes de llegar, paramos en el último pueblo, Bares, a comer. Junto a la playa de Bares, en el mismo pueblo, comimos en un sitio maravilloso, un pequeño bar de comidas llamado O Centro, donde nos pusieron unos calamares caseros, unas vieiras, y una ración de pulpo que fue de lo mejor que habíamos comido en mucho tiempo. No podíamos haber comido en un sitio mejor.

Y después de la comida, estuvimos en la solitaria playa de Bares disfrutando un rato de ese cálido sol de la tarde, haciendo algunas fotos. No había nadie, toda la playa era para nosotros, como un regalo del destino.

Y desde aquí, a toda prisa nos fuimos hasta el mismo cabo de Estaca de Bares (queríamos ver la puesta de sol desde allí), donde hay un faro. Estábamos cerca, tardamos en coche 10 minutos en llegar. Este faro es el punto más septentrional (más al norte) de la península ibérica. De nuevo, no había nadie, parece un lugar poco visitado.

Arriba a la derecha y abajo, desde el faro de Estaca de Bares cogimos el coche 3 o 4 minutos, ya de vuelta, e hicimos otra breve parada en un mirador espectacular en el que hay un banco desde donde contemplar una bonita puesta de Sol.

Desde aquí ya nos fuimos hasta nuestro hotel, el Thalasso Cantábrico Las Sirenas, situado a las afueras de Viveiro, a algo menos de media hora de distancia. Teníamos cierta prisa por llegar, ya que queríamos disfrutar de su fantástico spa antes de cenar. Por suerte, llegamos con tiempo y pudimos disfrutar de una hora de relax máximo en la piscina del spa, con agua bien calentita, y después cenamos en su fantástico restaurante, ya que nos dio pereza salir a la calle y dar un paseo hasta el centro de Viveiro.

Abajo, fotos de la terraza del hotel situada en la azotea, con vistas a la ria de Viveiro. Aquí es donde está situado el restaurante del hotel, donde cenamos (pero no en la terraza, claro, ya que hacía bastante frio). Esa terraza tiene que ser una pasada para estar relajadamente tomando algo en época de buen tiempo. El cielo tenía un color como muy norteño, me recordaba a Islandia.

Al día siguiente, desayunamos en el hotel, sin madrugar demasiado, y pusimos rumbo a la ruta del Fuciño do Porco, cuyo comienzo estaba a sólo 6 km al norte del hotel, en el municipio de O Vicedo. A las 10:30 de la mañana estábamos dejando el coche en el amplio parking, donde sólo había un par de coches, y comenzamos la ruta. Tiene, aproximadamente, unos 2.8 km ida y vuelta, con poco desnivel. Es un paseo muy facilito apto para cualquiera. Eso sí, si vas a ir durante los meses de Julio y Agosto, hay que hacer reserva previa gratuita en la web oficial. El comienzo de la ruta, como podéis ver abajo, es un cómodo sendero que atraviesa un bosque de eucaliptos.

Una vez llegamos a lo alto de un pequeño collado (arriba a la izquierda), el bosque de eucaliptos se acaba, y desde ahí podemos ver ya la ruta por pasarelas de madera que recorre serpenteando la llamada punta Socastro. Hay una pequeña escultura en forma de cuernos de granito. Desde aquí la ruta es cuesta abajo durante un rato.

Al poco de empezar esa corta bajada desde el collado, ya aparecen las pasarelas de madera. Hay que subir un poco para coger el camino que empieza a rodear el saliente de roca hacia el mar. Tuvimos la suerte de hacer esta ruta prácticamente solos, nos cruzamos con un par de parejas únicamente.

Y después de una pequeña curva, tendremos ante nosotros gran parte del camino restante, por un sendero de tierra que primero baja hasta casi el nivel del mar, salvándolo por un estrechamiento rocoso, para entonces emprender una empinada subida para ganar altura en la mole de roca final que se adentra en el mar, la punta de Socastro. Al otro lado, mirando directamente hacia el océano Atlántico, está el pequeño faro que aún no está a nuestra vista, y marca el final de la ruta.

Y una vez llegamos a ese punto más bajo de la ruta, que es una especie de estrechamiento del camino que separa las dos grandes moles de roca, y desde donde podemos ver el mar romper contra la orilla a ambos lados, empieza una corta pero empinada subida.

Y si desde aquí echamos la vista atrás, podemos ver todo el camino recorrido desde la parte más alta, donde acababa el bosque de eucaliptos (fotos de abajo). Es un camino realmente agradable de recorrer, y muy paisajístico, como se puede ver.

Y una vez terminada la subida, el camino ya va llaneando un poco, hasta que empieza una bajada tendida, que nos lleva hasta el pequeño faro metálico que hay al final del camino. Una vez aquí, tienes el Atlántico ante ti. En este punto final no hay un ensanchamiento donde se pueda estar cómodamente, simplemente el camino acaba sin más. En caso de haber mucha gente haciendo la ruta, puede ser un poco agobiante. Nosotros por suerte, estábamos solos.

Desde allí, emprendimos la vuelta. Al llegar al estrechamiento, la bajada que hicimos a la ida, ahora toca subirla (foto de abajo a la izquierda).

Desde aquí pusimos rumbo hacia la playa de las catedrales, más hacia el este. De camino, hay una parada en un sitio muy interesante y poco conocido. Se trata de un paseo por un bosque de gigantes, el llamado "Souto da Retorta", también conocido como "Eucaliptal de Chavín". Está a sólo 15 km de la ruta que acabábamos de terminar de Fuciño do Porco, un poco al sur de Viveiro, en el municipio de Chavín. Nosotros esta vez no paramos aquí, pero sí que lo hicimos en Marzo de 2016, en otro viaje que hicimos por esta zona (que también dormimos en el hotel Thalasso Atlántico). En aquella ocasión venía con nosotros Santi, a Inés le quedaban aún 8 meses para nacer.

Se trata de un paseo muy cómodo y fácil, de algo menos de kilómetro y medio en total, en el que podremos contemplar el que es considerado el árbol más alto de España. Allí le llaman "el abuelo de Chavín", en gallego, "O avó de Chavín". Tiene una altura de unos 67 metros, y entre 130 y 140 años de edad. El perímetro de su tronco es de unos 11 metros. Como podéis ver en las fotos de abajo, es un árbol realmente impresionante: el tronco tiene unas dimensiones enormes y la copa se eleva muy por encima del resto del bosque.

Una vez que llegas al destino, te quedas realmente boquiabierto del tamaño de ese árbol, situado muy cerca de la orilla del rio Landro. Es enorme, imposible sacarlo entero en una sola foto, un auténtico portento de la Naturaleza. Santi se quedó flipado, no sabía, no podía ni imaginar, que un árbol pudiese llegar a ser tan alto. Uno no puede evitar pensar que, si este árbol es espectacular, como serán las famosas secuoyas de California, que llegan en algún caso hasta los 100 metros de altura. De hecho, el más alto es una secuoya llamada Hyperion que mide 115 metros (¡y aun está creciendo!), en el parque nacional Redwood.

Arriba a la derecha, con otro ejemplar de Eucalipto también bastante grande, que puede que algún día supere al campeón actual. Y desde aquí, ruta hasta la playa de las catedrales, con una parada en Foz para comer con unos amigos. Foz no tiene un casco histórico bonito, pero sí que tiene un monumento muy especial, no exactamente en su casco urbano, sino a las afueras, a unos 2 km, en una zona muy campestre. Se trata de la iglesia de San Martiño do Mondoñedo, que es considerada la catedral más antigua de España. Esto es así por que fue sede episcopal desde muy antiguo, el siglo X, aunque luego se trasladó dicha sede a Mondoñedo, donde se levantó otra catedral que visitaríamos al día siguiente.

La razón del traslado fue que esta iglesia, al estar tan cerca del mar, fue atacada varias veces y destruída por incursiones vikingas. Lo que se puede ver hoy es fundamentalmente de época románica, del siglo XII, cuando los vikingos ya eran historia. No queda nada, más que alguna pieza reaprovechada, de la época prerrománica. Resulta muy evocador estar aquí, contemplando esta iglesia, e imaginar, hace más de 1000 años, a las hordas de guerreros normandos desembarcando por aquí cerca y dirigirse a la carrera hacia esta aislada e indefensa iglesia para saquearla. Lamentablemente estaba cerrada y no pudimos verla por dentro.

Y desde aquí, ya fuimos directamente hasta la playa de las catedrales. Si vas a visitarla los dias festivos de Semana Santa o en verano, tienes que reservar antes, ya que suele tener mucha afluencia de gente y hay aforo limitado. La reserva es gratuita y la puedes hacer aquí.

Y otro tema importante son las mareas. Con marea alta, la playa desaparece completamente y no se puede bajar. Por ello, tienes que planificar tu visita para que coincida con marea baja, si quieres poder estar en la propia playa y no limitarte a verla desde arriba. Para ello lo mejor es que visites esta web, donde para cada día del año puedes consultar las horas de la marea alta y la baja. Lo normal es llegar a la playa cuando aun queda una hora y media o así para que la bajamar alcance su máximo, pero en esa web está muy bien explicado. Abajo, un par de fotos de cuando visitamos la playa en Marzo de 2016 por la tarde, que la vimos con marea alta, comparad con el resto de fotos, que son con marea baja.

Abajo, fotos de la playa con marea baja de nuestra visita de 2016, hechas a la mañana siguiente.

Y aquí fotos de Marzo de 2026, con marea baja y al atardecer. En esta playa es difícil que vayas a estar solo, es un lugar muy visitado, aunque al ser un lugar grande, la gente se dispersa un poco.

Una vez el Sol se puso completamente, pusimos rumbo hacia Ribadeo, cuya ria marca la frontera entre Galicia y Asturias, a apenas 10 minutos de distancia de la playa de las catedrales, y donde íbamos a dormir en el Parador Nacional. Nos encantan los paradores, y el servicio tan personal y amable que siempre dan en sus establecimientos. Una vez instalados, salimos a dar un paseo, y cenamos en un sitio clásico del que habíamos leído muy buenas referencias, Casa Villaronta. Está en una de las calles que llevan a la plaza, no tiene pérdida. Abajo a la izquierda podéis ver una foto de Inés en la entrada, la verdad es que cenamos muy bien, el pulpo estaba exquisito.

Arriba a la derecha y abajo, ya al día siguiente, desayunando en el parador, y luego en su terraza, que da directamente a la ria. Como siempre, desayunar en un parador es una garantía de que todo va a ir bien ese día. Dificilmente se puede empezar mejor un día de vacaciones estando de viaje.

Una vez hecho el checkout en el parador, sin salir de Ribadeo fuimos a ver el faro de isla Pancha, a 10 minutos y 3,6 km de distancia del parador. Es un pequeño paseo junto al mar bastante pintoresco, como se puede ver en las fotos de abajo. Desde el aparcamiento se puede acceder a la isla, donde está el faro, a través de un puente peatonal.

En la isla hay realmente dos faros. El antiguo, del año 1860, que es la casa cuadrada de la derecha, con el lucernario encima del tejado, y el nuevo, del año 1980, una torre cilíndrica con franjas negras y blancas, y mayor alcance. El viejo ahora funciona como alojamiento turístico desde 2015, y consta de dos apartamentos para cuatro personas cada uno. Puedes ver más información en la web oficial del hotel Isla Pancha.

Arriba a la derecha, en la isla hay una fantástica terraza donde tomar algo con vistas al océano. Cuando estuvimos nosotros aun era temprano, y estaba cerrada. Para acabar nuestra visita de Ribadeo, nos acercamos al mirador de Santa Cruz, situado en la cima de una colina boscosa, y al que se puede llegar en coche. Desde allí hay una vista muy amplia de la ria, y unos columpios para niños también.

Ya tocaba empezar el camino de vuelta a casa, pero aún íbamos a apurar un poco haciendo una parada más. Camino de Lugo, a media hora de Isla Pancha, paramos en el que posiblemente es el pueblo más bonito de Lugo, Mondoñedo, que además tiene su propia catedral, del siglo XIII. La importancia de esta localidad es que desde muy antiguo fue sede episcopal, y llegó a ser una de las ciudades más importantes de Galicia, capital de una de las provincias del antiguo reino de Galicia, pero que con el tiempo no siguió creciendo y ha conservado el encanto de sus casas señoriales y calles empedradas. Aparcamos sin problema en la parte superior del pueblo, desde donde ya se veía algo la catedral (foto de abajo a la derecha)

Esta ciudad está íntimamente relacionada con la basílica de San Martiño do Mondoñedo que visitamos el día anterior. Como decía antes, debido a las incursiones vikingas se decidió trasladar en el año 1112 la sede episcopal tierra adentro, lejos de esas hordas salvajes que saqueaban y destruían en la zona costera. El lugar elegido fue un pequeño pueblo llamado Vilamaior de Brea. Con el tiempo ese lugar adoptaría el nombre de Mondoñedo. Y como toda sede episcopal, que es la residencia de un obispo, tiene que tener su catedral, aquí construyeron en estilo románico y gótico la bonita catedral que podemos contemplar hoy. En cierto modo, la existencia de este monumento, y del bonito pueblo que se levantó a su alrededor, se lo debemos a los vikingos. Ahora en estas fechas han colocado unas casetas navideñas en la plaza que la verdad es que la afean bastante.

Dimos un paseo por las callejuelas del pueblo, y visitamos el interior de la catedral, donde habían montado un bonito belén navideño. El claustro, que se puede ver en las fotos de arriba, es barroco, y resulta menos espectacular que el interior de la catedral. Junto a la plaza, hay una tienda de las de toda la vida donde venden un poco de todo, y particularmente tienen unas empanadas gallegas artesanales con una pinta increíble. Desde aquí ya tiramos directamente hacia Madrid, haciendo una parada en un restaurante de carretera nada reseñable para comer.


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