Península de Snaefellsnes
Fecha del viaje: Julio de 2022
Puedes ver aquí el itinerario completo de este viaje por Islandia.
Podéis leer aquí el artículo de nuestro octavo día en Islandia, donde visitamos la cascada Godafoss, la ciudad de Akureyri, los baños termales de Forest Lagoon, y la antigua granja de Glaumbaer.
Recomendaciones importantes
- La península de Snaefellsnes es un lugar muy solitario, para comer en esa zona una de las pocas opciones es el pueblo de Grundarfjörður, muy cerca de la famosa cascada Kirkjufellsfoss.
- Esta cascada, por sí sola, es quizá la menos espectacular del puñado de cascadas representativas de Islandia, tiene poca altura y no mucho caudal, pero el conjunto que forma con la montaña que tiene detrás es realmente bello, y se ha convertido en una de las imágenes icónicas de Islandia.
Día 9
Amanecimos en la granja de Stora Vatnshorn, alojamiento que nos costó 158 euros por una noche. Estaba en mitad de la nada, hasta el punto de que para llegar aquí los últimos km fueron de pista de tierra sin asfaltar. Abajo, un par de fotos en el lugar, a la izquierda, un pequeño cementerio que llamó mucho la atención de Inés, y a la derecha, la casa en la que dormimos, que era toda para nosotros, teníamos espacio de sobra.
Este alojamiento estaba un poco alejado de la carretera principal que da la vuelta a la isla, la Ring road, ya que nuestro plan era dedicar ese día a recorrer la península de Snaefellsnes, para acabar al final de la jornada en Reikiavik. Esta península es una zona un tanto aislada y solitaria, y tiene dos grandes atractivos principales, que son la cascada Kirkjufellsfoss, famosa por tener detrás una antigua montaña que parece el sombrero de Harry Potter, y también la playa de Ytri Tunga, donde con suerte, se puede hacer avistamiento de focas. Otra curiosidad que tiene esta península, es que en su extremo se situa el volcán Snæfellsjökull, famoso por ser el punto de entrada al mundo subterráneo en la novela de Julio Verne "Viaje al centro de la Tierra".
La granja estaba bien situada muy cerca del comienzo de la península. Para llegar hasta dicha península, tuvimos que hacer unos cuantos km por una pista de tierra en buen estado, apta para cualquier vehículo, abajo a la derecha la podéis ver. El paisaje en este tramo era realmente soberbio, como de otro planeta, y absolutamente solitario.
Una vez ya dentro de la península, volvimos al asfalto, aunque el paisaje siguió siendo igual de espectacular. Abajo un par de fotos de esta parte, donde se pueden ver unos antiguos campos de lava cubiertos de una capa espesa de líquenes o musgo, algo que no habíamos visto nunca antes.
Desde la granja, teníamos 106 km hasta la cascada Kirkjufellsfoss, como una hora y cuarenta minutos de viaje. Antes de llegar, hicimos una parada en mitad de la nada para dar de comer a unos caballos. Es algo que habíamos hecho varias veces durante este viaje, y a Inés le encantaba. Esta vez, además, teníamos zanahorias que habíamos comprado en Akureyri, pero para nuestra sorpresa, los caballos preferían que les diésemos ramilletes de hierba a esas magníficas zanahorias. Cuestión de costumbre, imagino.
Y llegamos por fin a la cascada Kirkjufellsfoss. La famosa montaña que acompaña a esta cascada se ve muy distinta según el ángulo desde el que la mires, como se puede ver en las dos fotos de abajo.
Aquí estuvimos un buen rato, admirando este bello y tan icónico paisaje, y haciendo bastantes fotos. Esta es una de las imágenes más famosas de Islandia. Esta montaña no es un volcán, sino que está formada por estratos horizontales de lava de antiguas erupciones, que por la acción de glaciares durante millones de años han erosionado las partes más blandas, dejando esta curiosa montaña con forma de sombrero.
Había que pensar en comer ya, y la verdad es que no había muchas posibilidades, la península de Snaefellsnes es un lugar muy solitario. Uno o dos km atrás, habíamos pasado un pueblo llamado Grundarfjörður donde vimos un restaurante en la calle principal, así que decidimos no arriesgarnos, y desde la cascada retrocedimos hasta ese pueblo, donde comimos muy bien unas hamburguesas (64 euros los tres). Abajo a la izquierda podéis ver una foto de dicho sitio, sacada desde la distancia.
Ya con el estómago lleno, seguimos viaje hasta la playa de Ytri Tunga, situada a 40 minutos de distancia en el lado sur de la península. Lo que hace especial a esta playa rocosa, es la posibilidad de poder ver focas en libertad, con lo que nos gusta a nosotros todo lo que tiene que ver con avistamiento de fauna en general.
Antes de llegar a la playa, ya en la costa sur de Snaefellsnes, hicimos una parada breve en una cascada que vimos desde la carretera y nos gustó, se trata de la cascada Bjarnarfoss, con una caída de 80 metros de altura. Es lo bueno de Islandia, hay cantidad de cosas increibles que ni siquiera vienen en las guias y te vas encontrando de repente. Arriba a la derecha, una muestra del paisaje típico que había por esa zona. El volcán Snæfellsjökull no pudimos verlo por que estaba cubierto de nubes.
Y llegamos a la playa. Ya antes de llegar al mar, junto al parking, hay un cartel avisando de que no hagas ruido, y de la distancia mínima que tienes que tener con las focas, si tienes suerte de verlas. Al llegar a la altura del mar, gran parte de la gente se iba hacia el lado derecho de la playa, así que decidimos ir hacia la izquierda. La razón de que las focas vengan por aquí es que no es la típica playa de arena, sino más bien una playa rocosa, con poco oleaje, y donde las focas pueden descansar encima de las rocas. Ahora la marea estaba baja, y resultaba un poco difícil caminar por todas esas rocas llenas de algas, como podéis ver en las fotos de abajo.
Tuvimos suerte, y vimos un par de focas tumbadas a la bartola en mitad de la siesta. La verdad es que nos acercamos bastante, y a las focas parecía darles igual, estaban a su aire, ignorándonos por completo. En un momento dado, ambas se fueron al agua, y una se fue a otro lado, pero la otra, para nuestra sorpresa, se acercó más a donde estábamos, saliendo a las rocas y tumbándose muy cerca nuestro. Inés lo flipaba, se la hubiera llevado a casa.
Y tocó emprender el camino de vuelta al coche, y despedirnos de nuestra amiga la foca. Abajo, un par de fotos del paisaje que teníamos a nuestro alrededor. Hasta nuestro destino final, nuestro apartamento para las dos siguientes noches en Reikiavik, nos quedaban aún dos horas y cuarto de carretera.
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