Lucerna y Monte Pilatus
Fecha del viaje: Agosto de 2019
Puedes ver aquí el itinerario completo de este viaje por Suiza.
Este es el artículo de nuestro cuarto día en Suiza. Si quieres leer como fue nuestro tercer día, en el que visitamos el tren de Jungfraujoch, lo puedes ver aquí.
Recomendaciones importantes
- Nosotros le dedicamos a Lucerna cerca de tres horas, y desde luego es escaso, es una ciudad en la que puedes dedicar facilmente casi un día completo, o al menos medio día largo.
- La ciudad es muy bonita, pero desde luego recomiendo dedicar 5 o 6 horas a hacer el Golden Trip al monte Pilatus en barco, tren de cremallera y teleférico. De las mejores cosas que se pueden hacer en Suiza en mi opinión. En la cima del monte Pilatus se puede comer en plan caro, en un restaurante, o en plan barato en un kiosko de perritos calientes.
- En la bajada en teleférico, bajaos en la estación intermedia para montar en el trineo de verano. Nosotros no pudimos porque lo cerraron por lluvia, pero tiene pinta de ser muy divertido.
Día 4
Ese día amaneció lloviendo, con el cielo muy cubierto, pero no nos dejamos impresionar y seguimos con el plan previsto. Después de un buen desayuno en la casa que teníamos alquilada por unos días, pusimos rumbo a Lucerna, que estaba a una hora de distancia. Estuvo lloviendo durante casi todo el camino. Al llegar a la ciudad, dejamos el coche en un parking subterráneo justo al lado del centro histórico, la verdad es que fue muy sencillo. Me encanta Suiza por lo fácil que te lo ponen todo y lo bien organizado que está todo.
A la salida del parking, teníamos como 100 metros hasta el puerto desde donde salen los barcos para el Golden Trip, y tuvimos que ir a la carrera porque seguía lloviendo. Una vez junto a la taquilla, tuvimos unos minutos de duda sobre qué hacer, ya que seguía lloviendo, y había que decidir rápido porque el barco partía en 10 minutos. Al final, por suerte, nos decidimos a seguir con el plan y hacer el circuito al monte Pilatus, porque realmente tampoco teníamos ningún plan mejor que hacer. Así que sacamos los tickets y subimos al barco. Para más información puedes consultar en la web oficial. Mejor si tienes la Swiss Card para obtener descuento, porque como todo en Suiza, no es barato.
En ese embarcadero puedes comprar los tickets para el circuito completo del "Golden Trip", que incluye un paseo en barco de algo más de una hora hasta el otro extremo del lago de los Cuatro Cantones, en Alpnachstad (ese tramo se puede hacer también en tren, pero es mucho menos bonito), y allí coger el tren de cremallera con más pendiente del mundo, que nos llevará en 40 minutos hasta la cima del monte Pilatus, a 2132 metros de altura. Una vez arriba, hay restaurante, varios miradores, y se puede hacer una excursión de senderismo muy chula, como veréis en las fotos de abajo. Luego, puedes bajar directamente hasta Lucerna en teleférico, en unos 30 minutos. Ese teleférico no te deja exactamente en el centro, junto a la estación inferior, al salir, se coge un autobús urbano (incluido también en el precio que has pagado) que te lleva en unos 15 minutos al mismo centro de Lucerna, donde empezaste el viaje horas antes. Abajo podéis ver un mapa esquemático de todo el circuito.
Ya a bordo de nuestro barco, a los cinco minutos de subir, antes de partir, dejó de llover. Menuda suerte. El día pintaba muy bien. Además, debido a que había estado lloviendo desde bien temprano, mucha gente había decidido no subir, y estábamos casi solos en el barco. La suerte pertenece a los valientes.
Adiós Lucerna, por la tarde volveríamos a esa bella ciudad. Desde la popa del barco estuvimos observando como íbamos dejando atrás las torres y edificios de la ciudad. Abajo, un par de fotos del monte Pilatus, nuestro destino final y donde teníamos pensado comer. Desde ahí, parecía tan lejos como ir a la Luna, es increíble que en unas dos horas fuésemos a estar en la cima de esa montaña.
Durante el crucero, en la ribera del lago podíamos ver maravillosas mansiones donde seguramente viviría gente muy afortunada.
Y además, iba parando en algunos embarcaderos donde se iba subiendo más gente. En todo momento el paisaje era realmente hermoso y bucólico, un viaje muy relajante.
En las fotos de abajo, con la proa apuntando hacia el monte Pilatus. Las vistas desde arriba prometían ser de infarto.
Arriba a la derecha, el embarcadero de Alpnachstad, punto final de nuestra fantástica travesía por el lago. En la imagen se puede ver que justo frente al embarcadero, está la estación del tren de cremallera. Está todo organizado para que el tren esté ya esperando, y según te bajas del barco, caminas unos metros y te metes ya en uno de los vagones, y el tren comienza su viaje hacia las nubes a los pocos minutos.
Un consejo, situate bien en el barco para bajar de los primeros, y así conseguir un buen sitio junto a ventana en el tren, que puede ir bastante lleno. Abajo, unas fotos sacadas durante el vertiginoso ascenso.
Una vez arriba, estuvimos un rato en el mirador, contemplando otros trenes que iban remontando la montaña, en medio de un paisaje soberbio. Este tren, llamado Pilatusbahn, fue inaugurado en 1889, y desde entonces tiene el record de ser el tren de cremallera con la mayor pendiente del mundo, nada menos que un 48% de pendiente máxima para subir un desnivel total de 1635 metros. Fue toda una proeza en su tiempo construir este ferrocarril. Desde 1937 la locomotora es eléctrica, pero hasta entonces era de vapor.
Aun era pronto para comer, pero queriamos hacer una excursión de senderismo que nos iba a llevar un par de horas o más, y no era buena idea hacerla con el estómago vacio, y que además a la vuelta ya sería tarde para comer, así que decidimos comer lo primero, aunque fuera un poco pronto. Hay un restaurante que tiene pinta de ser bueno, y caro, y en el exterior, una especie de chiringuito o kiosko donde hacían perritos calientes, con bancos y mesas para comerlo. No nos lo pensamos mucho, nos quedamos en el kiosko. Apetecía estar en el exterior, disfrutando de ese paisaje, y además era mucho más barato que el restaurante.
Después de comer, empezamos nuestra excursión, por un sendero con unas vistas espectaculares, como se puede ver en las fotos de abajo. En las dos primeras fotos, detrás nuestro se puede ver la estación de tren desde la que empezamos el paseo.
En este tramo, Inés siempre iba de la mano de uno de nosotros, ya que como se puede ver en las fotos, tiene cierto peligro para niños muy activos que vayan corriendo un poco a lo loco.
Arriba a la derecha se puede ver la pendiente que tiene la rampa final del ferrocarril, ya llegando a la estación. El día nos estaba respetando, el cielo estaba cubierto, pero no parecía que se fuese a poner a llover en breve. Ese tiempo inestable ayudó a que en la cima del monte Pilatus hubiera poca gente, y concretamente en este sendero que estábamos haciendo, nadie salvo nosotros.
Arriba a la derecha, foto con zoom de un tramo del ferrocarril, sacada desde el sendero. El camino va todo el tiempo tallado en la roca de la escarpada ladera, atravesando algún pequeño túnel de vez en cuando, y sin desnivel apenas.
Según nos íbamos acercando a la cima, el camino iba empinándose, cogiendo cierto desnivel que se salva con tramos de escaleras o rampas. Inés no parecía cansarse, tenía la misma curiosidad que nosotros por ver qué se veía desde arriba.
Y por fin llegamos a la cima del monte Pilatus. La primera cima de Inés, y en los Alpes nada menos. La verdad es que empezamos ese paseo sin muchas pretensiones de llegar hasta arriba, ya que Inés tenía entonces 2 añitos y 9 meses, y pensábamos que al poco de empinarse el camino iba a empezar a protestar y habría que darse la vuelta, pero nada de eso ocurrió. Nunca se quejó, y subió todo el camino como una campeona.
Si vais con niños, eso sí, no olvidéis llevar agua, no hay fuentes en todo el camino. Las vistas desde arriba eran soberbias, con nubes bajas rodeándonos por todas partes, una auténtica cima alpina. La verdad es que estábamos muy sorprendidos y orgullosos por el aguante de Inés, ya apuntaba maneras. Algún tiempo después, con 6 años ya subió Peñalara con nieve desde el puerto de Cotos.
Después de un merecido descanso en la cima, emprendimos la vuelta hacia la estación de tren, aun quedaban muchas cosas que hacer ese día.
Una vez en la estación, nos sentamos a tomar un helado con la satisfacción del deber cumplido, en el mismo kiosko en el que habíamos comido unas horas antes. El cielo se estaba cubriendo por momentos, así que cogimos el teleférico de bajada, ya que queríamos parar en la estación intermedia de Fräkmüntegg, que hay un trineo de verano similar al que habíamos montado el día anterior. Lo podéis ver en la foto de abajo a la derecha, sacada desde la cabina del teleférico.
Llegamos, y nos bajamos del teleférico. Desde ahí hay que caminar algo más de 5 minutos, y al llegar nos encontramos con la decepción de que habían cerrado, por que decían que iba a llover en 10 minutos. El cielo estaba cubierto, pero tampoco como para llover en tan poco tiempo.
Decepcionados, volvimos a subir al teleférico para continuar la bajada, y al poco empezó a llover con una fuerza tremenda (menudo control del tiempo que tiene esa gente), de tal manera que en nuestra cabina, en la que íbamos solo nosotros cuatro, no se veía nada a través de las ventanas, solo una espesa lluvia. Por suerte, al llegar a Lucerna (Kriens en realidad) paró, y nos acercamos hasta la estación de bus, que estaba al lado de donde te deja el teleférico, ya sin lluvia.
Apenas tuvimos que esperar para el bus, y en 15 minutos o algo menos de recorrido, ya estábamos donde empezó todo, en el centro de Lucerna ¡Y sin lluvia!. Aun quedaban como algo más de dos horas de buena luz, que íbamos a dedicar a recorrer la ciudad, especialmente sus dos famosos puentes de madera.
Este primer puente, llamado de "la Capilla" es el puente de madera cubierto más antiguo de Europa, ya que fue construido en el año 1360. En medio del puente se encuentra una impresionante torre octogonal de piedra, conocida como Wasserturm, que es incluso anterior al propio puente. Se cree que fue construida alrededor del siglo XIII y que tenía una función defensiva, integrada en las fortificaciones medievales de Lucerna. Estuvimos un rato recorriéndolo en los dos sentidos y haciendo unas cuantas fotos.
Desde ese puente fuimos paseando remontando el rio Reuss, buscando el siguiente puente, llamado "de la paja", y más corto que el anterior. Junto al rio se ven muchas casas antiguas realmente bonitas. En una de ellas había una heladería, y nos sentamos a tomarnos un helado en la terraza del local. Inés estaba empeñada en comerse el super helado de atrezzo que tenían en el exterior.
Y llegamos al puente de la paja, un poco más moderno que el anterior, ya que es del año 1408. El nombre viene de que es el único puente de la ciudad desde el que se permitía arrojar al río los restos de la trilla del cereal, como la paja y la cascarilla. Al estar situado río abajo, estos desechos podían ser arrastrados por la corriente sin atravesar el resto de la ciudad.
Esos últimos momentos del atardecer los aprovechamos paseando por las inmediaciones del rio. Como podéis ver abajo, la luz era estupenda en ese momento para inmortalizar algunos de los bellos rincones de esta ciudad.
Acabamos cenando en un burguer que había junto al parking donde habíamos dejado el coche, que nos vino al pelo. El parking, como dije al principio, estaba junto al casco histórico, muy cerquita. Después de cenar, ya de noche, una horita de carretera hasta nuestra casa en Brienz.
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