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Melnik y Rozhen


Fecha del viaje: Agosto de 2025

Antes de comer habíamos estado visitando Las tumbas reales de Aigai, en Macedonia, Grecia, donde está, entre otras, la tumba intacta de Filipo II, padre de Alejandro Magno. Desde allí, seguimos viaje hacia el norte, hasta llegar al pintoresco pueblo de Melnik, ya en Bulgaria, donde íbamos a pasar la noche.

Recomendaciones importantes

  • Melnik y el monasterio de Rozhen están muy cerca, a diez minutos uno de otro. Lo ideal, si se puede, es pasar noche en el pintoresco pueblo de Melnik y al día siguiente ir a ver el monasterio en cuanto lo abran, seguro que lo veréis solos. En Melnik hay dos o tres sitios fantásticos para comer o cenar. Por lo demás, el pueblo da para un paseo de una hora aproximadamente.

Llegamos al atardecer a Melnik. Es un pueblo pequeño y muy pintoresco en mitad de la montaña, y muy cerca de uno de los monasterios más bonitos de Bulgaria, el de Rozhen, que visitaríamos al día siguiente después de desayunar.

Al llegar, seguimos con el coche la calle principal hacia el extremo superior del pueblo, que es donde estaba nuestro alojamiento, casa Manoleva. Se trata de una casa muy bonita de estilo búlgaro, muy bien rehabilitada, que está arriba del todo. Abajo a la izquierda podéis ver una vista del pueblo sacada desde nuestra habitación.

Se puede llegar en coche hasta el mismo pie de la casa, donde hay una zona amplia de aparcamiento, y desde ahí tenéis que subir una escalinata hasta la propia casa. Abajo a la derecha podéis ver una foto de la casa desde ese camino de subida. No es recomendable para personas con movilidad reducida.

La casa es muy bonita, de lo mejor que hay en el pueblo para alojarse, y la mujer que la lleva, junto a su hijo, muy atenta y simpática. Nuestra habitación era muy grande, con dos grandes ventanas desde las que veíamos todo el pueblo a nuestros pies. Pagamos 106 euros por una noche, con desayuno, que también estuvo genial (incluía zumo natural y huevos o tortilla al gusto hechos en el momento).

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Una vez instalados, salimos a dar un paseo por el pueblo, antes de que se fuera la luz. La verdad es que el pueblo es pequeño y se ve enseguida, si simplemente vais a hacer una parada aquí camino del monasterio, con tres cuartos de hora tenéis de sobra, a no ser que además toméis algo en alguna de las terrazas que hay. Abajo, fotos bajando desde la casa hacia el centro del pueblo.

Arriba a la derecha, al fondo de la calle, se puede ver un restaurante, que es uno de los dos que nos recomendó nuestra anfitriona. Finalmente cenamos en el otro, que estaba más céntrico, y tenía terraza. Podéis verlo en las fotos de abajo, está en una plaza cerca de un enorme árbol realmente espectacular.

La cena, en esa terraza, estuvo fenomenal y fue muy barata (solo 31 euros en total por los tres). Después, volvimos a nuestra casa en un agradable paseo. Al día siguiente, desayunamos en la casa. Podías pedir huevos fritos, revueltos o tortilla al gusto, y además había zumo natural. Fue un desayuno realmente bueno.

Después de eso, nos despedimos de nuestros anfitriones y cargamos el equipaje en el coche para ir a la primera visita de ese día, el monasterio de Rozhen, a sólo 10 minutos de distancia. Este monasterio tiene una localización muy bonita, en mitad de la montaña, lejos de todo, y al estar tan aislado es quizás uno de los menos visitados.

El hecho de estar tan aislado ha sido una de las causas de que se haya conservado tan bien, y no fuera destruído en época otomana, como le pasó a muchos otros monasterios. Sigue la misma distribución que otros que ya habíamos visitado durante el viaje, con una pequeña iglesia cruciforme en el centro de un gran patio, rodeada por un muro de piedra y ladrillos donde se sitúan las dependencias del monasterio.

El monasterio fue fundado en el siglo XIII, pero la iglesia actual es del siglo XVI, y tiene hermosos frescos de ese siglo y el XVII. Las dependencias de alrededor, en piedra y madera, junto con el hecho de que no había prácticamente nadie más que nosotros, le daban una atmósfera de recogimiento y paz.

Lo primero que hicimos fue entrar a la iglesia, que como es habitual en estos monasterios, no tiene un solo centímetro cuadrado sin cubrir con frescos. La entrada a este monasterio, como los demás de Bulgaria, es gratuita.

Y luego estuvimos un rato curioseando por el patio alrededor de la iglesia. Se puede subir a la terraza que hay en el muro que rodea la iglesia.

Es un sitio realmente bonito, como podéis ver, y muy tranquilo. Un lugar detenido en el tiempo.

Después de la visita, tuvimos que volver por la misma carretera, e hicimos una breve parada en Melnik para despedirnos de este bonito pueblo con un último paseo, y curiosear en alguna de sus tiendas de recuerdos. Luego, pusimos rumbo hacia nuestro siguiente destino, el monasterio más grande e importante de Bulgaria, el de Rila, situado hacia el norte, a dos horas de distancia.


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