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Aigai


Fecha del viaje: Agosto de 2025

Habíamos dedicado esa mañana a la visita del santuario de Dion, en la falda del monte Olimpo, y los dos días anteriores a descansar en la playa, a la sombra del monte sagrado. Podéis leer aquí el relato completo de nuestra estancia en la playa de Litochoro y el santuario de Dion.

Recomendaciones importantes

  • Muy recomendable comprar con antelación las entradas para las tumbas reales, ya que el aforo es bastante limitado para que la experiencia de la visita sea mejor.
  • Aunque en muchos sitios web y blogs dicen que está prohibido sacar fotos en el interior, nosotros sí que pudimos, aunque sin usar flash.
  • Junto a las tumbas hay unos cuantos restaurantes donde poder comer o simplemente tomar algo. También tiendas de recuerdos.
  • La mayoría de la gente que visita las tumbas, no va al palacio, ya que hay que dar un paseo como de 25 minutos desde las tumbas. A mi me pareció un sitio muy evocador, como se puede ver en las fotos de abajo.

Después de la visita al santuario de Dion, en una hora más nos plantamos en Vergina, donde están las ruinas de la antigua capital real del reino de Macedonia. Carano, el primer rey macedonio, fundó la ciudad aquí porque según el oráculo debía hacerlo en un lugar donde encontrara cabras, y eso ocurrió aquí, que es un lugar montañoso. Aigai significa en griego "el lugar de las cabras".

Sin duda, lo más importante de los restos de esta ciudad, son las tumbas reales, del siglo IV a.C., donde se descubrieron dos tumbas subterráneas que permanecían inalteradas, no habían sido abiertas ni saqueadas. Una de ellas, además, pertenece al gran rey Filipo II, padre de Alejandro Magno. Es un conjunto arqueológico realmente imprescindible para los amantes de las ruinas y la historia antigua, no en vano fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996. Fueron descubiertas en 1977.

Abajo a la izquierda, en una parada que hicimos en ruta junto a un maizal, y a la derecha, en la entrada al recinto de las tumbas. Se trata de un túmulo, similar a los que visitamos en las tumbas tracias de Bulgaria, en el que se han encontrado los restos de cuatro tumbas, dos de ellas intactas.

Nosotros sacamos la entrada por internet con días de antelación, ya que es un sitio muy visitado y el aforo es limitado para una mejor experiencia. La entrada la sacas para una hora en particular, está todo muy calculado. El túmulo de las tumbas abre todos los días en verano, en invierno cierra los martes. Para comprar los tickets online (recomendado) puedes hacerlo aquí. El precio es de 20 euros por adulto, y niños gratis.

Nosotros habíamos reservado entradas para las 13:00, aunque llegamos un poco antes. Sobre la duración de la visita, pues con una hora es suficiente, te da tiempo a disfrutarlo con tranquilidad. Una vez dentro del recinto, bajas por la rampa del túmulo que se ve en la foto de arriba a la derecha, y ya estás en la zona de las tumbas que hace también las funciones de museo. Hay poca gente, lo cual hace que la visita se disfrute más, no hay gente arremolinada sobre las vitrinas o la entrada a las tumbas.

Nosotros íbamos pensando que no podríamos hacer fotos (con lo que nos gusta), ya que en internet se dice en todos sitios que está absolutamente prohibido hacer fotos. Bueno, quizá lo estuvo antes, pero ahora, en Agosto de 2025, se puede hacer fotos libremente, todas las que veis en este artículo las hemos hecho nosotros, y nadie nos llamó la atención. Sin flash, eso sí. Los objetos expuestos son los encontrados en el interior de las tumbas II y III, que son las que se encontraron intactas.

Como podéis ver, es una pasada. Multitud de objetos de todo tipo: cotidianos, armas, joyas hechas en oro macizo... y conservados en perfecto estado, tal y como los dejaron allí los macedonios hace 2300 años. Abajo, la entrada a la tumba II, en la que se encontraron unos restos humanos que se piensa son del rey Filipo II. No se puede pasar al interior de las tumbas, están cerradas, y lo único que se puede admirar es su entrada. Como podéis ver por las fotos, todo el recinto está bastante a oscuras, excepto los objetos o sitios de interés, para crear una atmósfera especial.

Fijáos bien en las fotos de abajo con la fachada de la tumba. Dicha tumba está construída por debajo del nivel del suelo, mediante una excavación inicial del terreno. Para llegar hasta ella, hay un pasillo ceremonial (dromos) que va desde el nivel del suelo, en bajada, hasta la fachada de la tumba. Ese pasillo, al bajar bajo el nivel del suelo, tiene unos muros laterales de piedra para contener la tierra y que no se venga encima, obstruyéndolo.

Una vez que el difunto ha sido introducido en la tumba, la puerta de la tumba se sella, y no solo eso, además ese pasillo se entierra también, de forma que la fachada de la tumba queda oculta a la vista de todos, enterrada bajo tierra, y desde fuera lo único que se ve es un montículo de tierra que sobresale sobre la llanura (el túmulo).

Estas tumbas no dejan de tener cierto parecido con las tumbas tracias que vimos unos días atrás en Bulgaria, en Starosel y en Kazanlak. Abajo podéis ver una pequeña maqueta del interior de las tumbas II y III que tienen allí expuesta. Ambas son similares y tienen dos cámaras, la primera sería una especie de vestíbulo, y la segunda donde estaría los féretros o urnas con los restos de los difuntos.

Abajo, fotos de la fachada de la otra tumba, la III, muy similar a la anterior. Estas tumbas son para la cultura griega, como la de Tutankamon para la egipcia. Es realmente raro y sobre todo muy valioso encontrar una tumba intacta, por la gran cantidad de objetos que se guardan en ellas, y que casi siempre han sido expoliados desde muy antiguo.

Y más fotos de los tesoros descubiertos en el interior de la tumba II. A la izquierda, corona y urna funeraria, ambos de oro macizo, encontrados en la antecámara de la tumba. A la derecha, corona y urna, también de oro, encontrados en la cámara principal. Ambas urnas contenían los restos incinerados de dos personas.

Arriba, una vajilla de plata en perfectas condiciones de conservación y un adorno tallado en madera. Abajo, dos imágenes de la armadura y escudo ceremoniales, con incrustaciones de oro y marfil, encontrados en la tumba II y que casi con seguridad pertenecieron al rey Filipo II.

Abajo a la izquierda, lo que se conserva de la tumba IV, que fue saqueada ya en la antiguedad. Tan solo conserva restos de las cuatro columnas dóricas de la fachada. Abajo a la derecha, una de las paredes de la tumba I, que es de lo poco que se ha conservado, representando el rapto de Perséfone por Hades. Esta tumba también fue saqueada en la antiguedad.

Abajo a la izquierda, una foto expuesta en el museo que muestra parte de los frescos de la tumba III, donde aparece una carrera de carros. En la otra foto, una urna de plata (tumba III también) en la que se encontraron las cenizas de una persona, y encima una corona de oro. Se piensa que las cenizas correspondían a Alejandro IV, hijo de Alejandro Magno, que fue asesinado siendo adolescente.

Después de una hora aproximadamente disfrutando de este apasionante lugar, salimos con intención de visitar el palacio real de Aigai antes de comer. Fuimos caminando hasta la zona de aparcamiento, y ahí comienza un camino cuesta arriba de 1 km de longitud que lleva hasta el palacio. Lamentablemente, no se puede acceder con el coche, hay que hacerlo caminando. En la zona de aparcamiento hay algún que otro resto de algún santuario, pero que son cuatro piedras realmente.

El camino, a esas horas y con calor, se hace un poco largo, la verdad. Por el camino pasamos por los restos del pequeño teatro donde fue asesinado el rey Filipo II por Pausanias, un miembro de su guardia personal, durante la boda de su hija Cleopatra. Nunca se supo exactamente por qué lo había hecho, ya que fue inmediatamente ejecutado, antes de que nadie pudiera preguntarle. Del teatro no queda nada, ni una piedra casi, tan solo la huella que ha dejado en el terreno. Por suerte, de camino había algunas zarzas con moras, que consiguieron distraer un poco a Inés de ese absurdo paseo justo a la hora de comer. Abajo, un par de fotos del paseo.

Abajo, fotos ya por fin en el palacio, en lo alto de la colina. Como podéis ver, tampoco queda mucho de este palacio, aunque con lo que quedaba han hecho una reconstrucción bastante buena. No en vano, su reconstrucción ha durado desde 2007 hasta 2024, 17 años cerrado por obras. En su dia fue el mayor palacio de todo el mundo griego, y fue mandado construir por Filipo II.

Junto a la entrada de las ruinas hay un enorme roble centenario, tan espectacular como los restos del palacio. Este palacio fue destruído por el ejército romano en el año 168 a.C en su campaña de conquista de Grecia, y nunca volvió a ser completamente restaurado. Tiempo después, sobre sus ruinas se construyó una iglesia, que fue desmontada durante la reconstrucción del palacio. Es increíble pensar que por estos patios podría corretear Alejandro Magno cuando era un chaval de 13 años, y recibía clases de su maestro Aristóteles.

Apenas había casi nadie visitando estas ruinas. Quizás debido al paseo que hay que dar desde el túmulo de las tumbas reales, sobre 1,5 km en total, mucha gente decide no venir, pero es un buen complemento a la visita de esas tumbas.

Debimos estar en el palacio como media hora o cuarenta minutos, recorriendo los diferentes patios y haciendo fotos con tranquilidad. Estábamos casi solos. Si Alejandro y su padre levantaran la cabeza y nos vieran a nosotros, paseando tranquilamente y haciendo fotos por el que fue el lugar que representaba la máxima expresión de su poder... ¡Qué frivolidad! Dónde han quedado aquellos tiempos de esplendor y conquista, ahora es una ruina recuperada del olvido, en mitad del monte, que permite en cierta manera evocar aquellos lejanos tiempos.

Volvimos por donde habíamos venido. En los alrededores de las tumbas hay unos cuantos restaurantes con terraza donde poder comer, así que elegimos uno de ellos, donde comimos bastante bien a base de una ensalada y varios platos de carne a la parrilla, y unos buenos zumos naturales, como podéis ver en la foto de arriba. Pagamos 48 euros en total por la comida. Desde aquí, emprendimos ruta hacia el destino final del día, el pequeño y pintoresco pueblo de Melnik, ya en Bulgaria. Algo menos de dos horas y media en total.

Pensamos hacer una parada en otras ruinas macedonias, la que fuera nueva capital del reino en sustitución de Aigai, y donde nació realmente Alejandro, la ciudad de Pella, pero vimos por internet que realmente no parecían unas ruinas muy espectaculares, eran cimientos y poco más, así que decidimos no parar para no llegar muy tarde a Melnik. Aquí podéis leer el relato de nuestro paso por Melnik y el monasterio de Rozhen.


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