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Palmira


Fecha del viaje: Agosto de 2010

Puedes ver el itinerario completo de nuestro viaje a Siria, aquí.

Nuestro último desayuno en ese hostal barato de Damasco que tanto encanto tenía. Abajo a la izquierda podéis ver una foto en la sala donde servían el desayuno. El día anterior lo pasamos entero haciendo una excursión a los formidables templos de Baalbek, en Líbano. Después del desayuno, recogimos nuestro equipaje y cogimos un taxi a la estación de autobuses, donde nos montamos en el que iba hacia Tudmur, el pueblo en el que están las ruinas de Palmira.

Era un autobús bastante decente, amplio, donde fuimos más o menos cómodos las tres horas que duró el viaje. Al llegar, hay mogollón de taxistas que en cuanto ven a los pocos turistas que bajan del bus corren a ofrecerte sus servicios. Escogimos a uno para que nos llevase al hotel Zenobia, donde ibamos a alojarnos. En Tudmur hay unos cuantos alojamientos impersonales y baratos, y es donde se queda la inmensa mayoría de la gente que viene a Palmira, pero el hotel Zenobia es distinto, es otra cosa.

Es el único hotel que está dentro de las mismas ruinas de Palmira, y fue construido en la década de 1920. Nos costó 84 euros la noche, con desayuno. Aquí se alojaba, por ejempo, Agatha Christie, cuando venía a Palmira en sus viajes por Oriente Medio. Abajo podéis ver algunas imágenes del hotel, en las que se ve hasta qué punto está cerca de las ruinas. El hotel fue creado por la aventurera francesa Marga D'Andurain, que llevó una vida digna de una película y se enamoró de las evocadoras ruinas de Palmira, comprando un antiguo y desvencijado hotel y convirtiéndolo en el Hotel Zenobia, abierto a finales de los años 20. Podéis buscar la historia de esta mujer, una auténtica aventurera a la que fascinaba el arte y cultura del Oriente Medio de entonces. Si la pobre levantara la cabeza ahora... por lo que he podido ver en internet, el hotel sufrió muchos daños en la guerra civil, quien sabe si algún día será reconstruído y volverá a abrir sus puertas.

El taxista, naturalmente, quiso saber cual era nuestro plan para los siguientes días, para convertirse en nuestro conductor personal. De esta manera, quedamos con él por la tarde para que viniera a buscarnos y nos subiese al castillo, desde donde se ve un atardecer realmente maravilloso. Una vez instalados en nuestro señorial hotel, fuimos dando un paseo a visitar las ruinas de Palmira, empezando por uno de sus edificios más espectaculares, el templo de Bel. Nos quedamos sin comer, pero es que sino no íbamos a poder ver con tiempo el templo, es lo que tiene el turismo extremo.

Bel era la principal divinidad de Palmira, y éste el templo más importante y sagrado de la ciudad. Fue construído entre los siglos I y II, la época de mayor esplendor de la ciudad. Sobrevivió al paso de los siglos gracias a que en el siglo V fue convertido en iglesia, y un par de siglos más tarde, en mezquita. Lamentablemente, el estado islámico lo dinamitó en el año 2015, durante la guerra civil siria, y ya no existe.

Abajo, fotos en el exterior, frente a su monumental entrada, y en el interior del templo. Los agujeros que se ven en las paredes son de los anclajes metálicos que se usaban para sujetar los paneles de mármol que lo cubrían y decoraban en su época de esplendor, y que han sido saqueados ya desde la antiguedad. Como podéis ver, estábamos completamente solos en tan magnífico lugar.

La cella, lo que es la sala central del templo, se conservaba muy bien, con todos sus muros íntegros. Originalmente estaba rodeado de una columnata, como es habitual en los templos grecorromanos, de la que queda en pie un sector en la parte trasera, y restos dispersos de tambores de columnas en el resto del perímetro.

La antigua ciudad de Palmira fue declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1980, aunque en 2013 la incluyó en la lista del patrimonio en peligro, debido a la guerra civil siria. Finalmente, en 2015, con la invasión del estado islámico, gran parte de estas ruinas fueron destruídas.

Palmira está rodeada de desierto, y el hecho de que se edificase aquí una ciudad es debido al enorme oasis que surge aquí entre la arena. Fue parte de la provincia romana de Siria, pero en el año 268 d.C., Zenobia, que era viuda del gobernador de la ciudad, aprovechó la debilidad del imperio romano en aquellos años y declaró la independencia, estableciendo en Palmira la capital de un reino que extendió por Siria y el Líbano.

Ese sueño duró solo cuatro años, hasta que el imperio se recompuso de la mano del nuevo emperador Aureliano, y fue vencida en el año 272 d.C. Zenobia fue hecha prisionera y llevada a Roma, donde pasó el resto de su vida, y Palmira volvió a ser parte del imperio romano, y siglos después del bizantino. En el año 634 fue tomada por los musulmanes y en el 1089 un terremoto le causó graves daños, por lo que fue finalmente abandonada.

Recorrimos todo el complejo del templo de Bel, que son varios edificios y recintos con columnatas, como podéis ver en las fotos de arriba. Una vez visto esto, volvimos al hotel, porque hacía mucho calor, eran las horas centrales del día en pleno desierto sirio, y en Agosto. Allí estuvimos descansando un poco en el salón del hotel, tomando algo, mientras hacíamos tiempo hasta la hora en que tenía que venir a buscarnos nuestro taxista, para llevarnos a ver las torres-tumba situadas a las afueras de la ciudad, y luego al castillo para ver la puesta de sol.

A la hora convenida, apareció nuestro conductor y fuimos hacia la torre de Elahbel, del siglo I d.C. y que fue volada por el estado islámico en el año 2015, como el templo de Bel. Abajo podéis ver una imagen del exterior de la torre, y varias del interior. Por dentro, al ser una torre funeraria, tenía varios nichos en altura con unos resaltes para apoyar los sarcófagos.

Y desde aquí nuestro conductor nos llevó hasta lo alto del castillo de Qalʿat Ibn Maʿn, una fortaleza defensiva de época otomana, del siglo XVII. Todos los turistas que había en Palmira, estábamos allí en ese momento. Si hay un evento totalmente imprescindible para todo el mundo, es ver el atardecer desde allí. Aun así, no éramos muchos, había sitio de sobra para buscar tu propio rincón con vistas increibles hacia Palmira. Detrás de las ruinas de la ciudad, podéis ver el gran oasis, un enorme bosque de palmeras. Y más allá, el desierto que se extiende hasta donde alcanza la vista.

Nos quedamos allí, extasiados con esas vistas maravillosas, hasta que se hizo de noche. Entonces, nuestro conductor nos llevó de vuelta al hotel (y al resto de turistas, sus correspondientes conductores). Qué suerte alojarnos en el hotel Zenobia, en vez de en la ciudad. Pudimos cenar en terraza, delante del templo de Bel Shamin, como podéis ver en la foto de arriba a la derecha. Una auténtica maravilla. Y después de cenar, un paseito por las ruinas de Palmira, toda la ciudad para nosotros. Podías caminar libremente entre los templos y las columnatas, sintiendo el misterio de esas ruinas en la oscuridad de la noche.

Qué bien dormimos en nuestra cama en el hotel Zenobia... arrullados por el eco de tantos siglos de historia que envuelven esta mágica ciudad. Al día siguiente, después de desayunar, dedicamos unas horas de la mañana a recorrer la parte de Palmira que nos faltaba, la larga via columnada y el teatro, especialmente. Justo al lado del hotel, teníamos el templo de Bel Shamin, que podéis ver en las fotos de abajo. Ya no existe, fue dinamitado por el estado islámico en 2015. En algunas fotos se puede ver también la silueta del castillo sobre la colina, desde donde el día anterior contemplamos el atardecer.

Arriba a la izquierda, el tetrapilón, que marcaba el cruce entre las dos principales calles de la ciudad, perpendiculares entre si. Una de las calles, la vía columnada, la podéis ver en la foto de la derecha. Lo siguiente que vimos fue el teatro, que está muy bien conservado, tanto la grada como la escena, como podéis ver en las fotos de abajo.

El teatro aun se conserva, al parecer. Como los terroristas del estado islámico lo usaron como lugar para las ejecuciones de prisioneros, no lo destruyeron. Y visto el teatro, deambulamos un poco más entre las ruinas, para volver de nuevo al hotel en un paseo. Allí estuvimos esperando a nuestro conductor, el mismo que el día anterior, que tenía que venir a buscarnos para llevarnos hasta Tudmur, a la estación de autobuses donde llegamos el día anterior.

Una vez allí, preguntamos por el autobús que iba a Homs, desde donde luego cogeríamos un coche con conductor para ir a Hama, pasando por el castillo del Krak de los caballeros, el mayor castillo construido por los cristianos durante las cruzadas. Abajo podéis ver el microbus (y su conductor) en el que fuimos hasta Homs, nada que ver con el cómodo bus que nos trajo hasta aquí desde Damasco. Las mochilas iban todas arriba, no se como no se cayó alguna durante el viaje, y nosotros apretados en ese cacharro junto con otros viajeros.


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