Ratisbona
Fecha del viaje: Diciembre de 2025
Por la mañana habíamos estado pasando unas horas de relax en las fantásticas termas de Erding, puedes leer aquí el relato de esa visita. Después, pusimos rumbo a Ratisbona, también llamada Regensburg en alemán, donde llegamos a la hora de comer.
Dejamos nuestra furgo en un parking al comienzo del centro histórico, la ciudad estaba bastante llena y los parkings más céntricos estaban completos. Encontramos sitio en un parking junto a la estación de tren, desde donde teníamos unos 12 o 15 minutos caminando hasta la catedral.
Recomendaciones importantes
- Ratisbona es una ciudad con bastante encanto, yo reservaria un día completo para disfrutarla con calma. Nosotros dedicamos una tarde, y se hizo escaso.
Desde el parking fuimos caminando hasta introducirnos en las calles del centro histórico, camino de la zona de la catedral. Lo primero era comer, las termas nos habían abierto el apetito, y las niñas no querían oir hablar de otra cosa que no fuera comer. Lo intentamos en un restaurante muy chulo situado justo frente a la catedral. Es el edificio color salmón que se ve en la foto de abajo, en la parte izquierda. El lugar era realmente bonito, pero lamentablemente estaba lleno y sin reserva era imposible.
Por suerte, justo un poco antes habíamos visto una especie de hamburguesería pequeña que estaba vacía pero abierta, así que fuimos para allá. Era un sitio un poco básico, solo tenían hamburguesas, y el lugar no tenía calefacción ni baños ni cerveza (lógico que estuviera vacio), pero las hamburguesas estaban buenas, y además era barato. Lo podéis ver en la foto de abajo a la derecha, con una de las torres de la catedral al fondo, totalmente andamiada.
Después de comer, callejeando pusimos rumbo hacia el puente de piedra sobre el Danubio, que está muy cerca de la catedral. No quedaba mucha luz, y queríamos por lo menos ver el puente antes de que se hiciera de noche.
Esta ciudad es sin duda una de las más bonitas del sur de Alemania, y la verdad es que me supo a poco estar solo una tarde, y casi ni eso, por lo pronto que anochecía. No en vano, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2006. Fue fundada a partir de un campamento romano que vigilaba la frontera del Danubio.
De camino hacia el puente pasamos por la plaza donde está el ayuntamiento viejo, un edificio medieval muy bien conservado, donde han puesto un gran árbol de Navidad. El edificio se puede visitar por dentro (nosotros no lo hicimos), y al parecer hay una gran sala gótica muy bonita, la cámara imperial, donde se reunía la asamblea de los representantes de cada uno de los estados que formaban el Sacro Imperio Germánico. Eso muestra hasta qué punto era importante esta ciudad.
Como anécdota, en el siglo XVI el emperador español Carlos I viajó hasta aquí para asistir a esa reunión, como emperador que era también de Alemania, además de las Españas, y durante su estancia tuvo un affaire con una joven mujer de la nobleza local, Bárbara Blomberg, y de esa relación nació Don Juan de Austria, que llegaría a ser bajo el reinado de su medio hermano Felipe II, uno de los mejores estrategas militares de la historia de España, artífice por ejemplo de la victoria en la batalla de Lepanto. Vivió aquí hasta los tres años, y entonces fue trasladado a España.
Pasamos bajo el arco del edificio del ayuntamiento y seguimos el paseo, por calles más tranquilas, hasta llegar a la calle principal que va paralela al rio Danubio (foto de arriba a la derecha). Seguimos por esa calle un par de minutos, y cruzamos para ir hacia el rio, que estaba justo detrás, como podéis ver en las fotos de abajo.
Este puente es sin duda la seña de identidad de Ratisbona, uno de los más antiguos que cruza el Danubio, ya que es del siglo XII, aunque como se puede ver en las fotos, ha sido muy restaurado con el transcurrir de los siglos. Como se ve en una de las fotos de arriba, hay un pintoresco barrio llamado Stadtamhof situado en una pequeña isla en medio del rio. Desde aquí, nos acercamos a la torre del puente (Bruckturm) bajo la cual se puede acceder al puente.
Al parecer es posible subir a lo alto de esta torre, aunque nosotros no lo hicimos, estaba cerrado ya. Aunque en verano y primavera abre hasta las 18:00, en invierno está cerrado el acceso a la torre. Una pena, porque las vistas desde arriba tienen que ser la leche. Además de las vistas, en la torre hay un museo sobre la historia del puente. Abajo podéis ver unas fotos sacadas desde el puente hacia la torre, había bastante gente sobre el puente y no era fácil sacar buenas fotos, además la luz ya estaba decayendo mucho. El gran edificio que podéis ver a la izquierda de la torre es el antiguo almacén de sal, del siglo XIII.
Junto al viejo almacén de sal, hay un pequeño kiosko histórico que es una fábrica de salchichas, se trata de la Historische Wurstkuchl que podéis ver en la foto de abajo a la derecha. Lleva siglos fabricando y vendiendo salchichas a la parrilla, como se puede ver, había cola para comprarlas.
Lo siguiente que hicimos, ya de noche, fue meternos en una cafetería a merendar. Hay más de una por esas calles del casco histórico. Al lado de la cafetería, y al lado también de la catedral, está el edificio del obispado de Ratisbona, que tiene una especie de patio interior muy bonito, con un restaurante muy chulo, y un árbol de navidad. Es un rincón muy entrañable, como podéis ver en las fotos de abajo.
Aquí estuvimos un rato haciendo unas fotos, la vista de las torres de la catedral emergiendo iluminadas sobre los tejados, es espectacular. Además, había poca gente, teniendo en cuenta que el resto de calles estaban bastante llenas. Salimos por el extremo opuesto al que habíamos entrado, que es ni más ni menos que la famosa "puerta Pretoria", los restos romanos más importantes de la ciudad, correspondientes a la entrada a la antigua fortificación que dio origen a la ciudad, y ahora están perfectamente integrados en el edificio del obispado. Podéis ver un par de fotos abajo.
Desde aquí volvimos a la plaza del ayuntamiento, donde está instalado una parte del mercadillo navideño. La verdad es que estaba bastante petado de gente, dimos una vuelta entre los puestos, y seguimos nuestro paseo por la calle que se sale junto al edificio del ayuntamiento, la que se puede ver en la foto de abajo, a la izquierda del árbol de navidad. Esta calle desemboca enseguida en otra plaza de forma triangular llamada Haidplatz, donde está instalado la otra parte del mercadillo.
Arriba a la derecha podéis ver una imagen del mercadillo instalado en la plaza del ayuntamiento, y en las fotos de abajo, el mercadillo de la plaza Haidplatz.
Aquí también estuvimos un rato curioseando entre los puestos, pero la verdad es que había mucha gente. Esta plaza de día tiene que ser bonita, está rodeada por todas partes de edificios históricos, incluyendo la llamada "torre dorada" que se puede ver en la foto de arriba al fondo, y a la cual al parecer no se puede subir. Esta torre es del siglo XIII y fue la residencia de una familia adinerada, ya que era costumbre construir sus viviendas en forma de torre como ostentación, como por ejemplo se hacía también en Bolonia.
Aquí decidimos que ya era hora de dar por terminada la visita. Aún teníamos como 15 minutos de paseo hasta donde habíamos dejado el coche, y después una hora y media hasta Gunzenhausen, donde teníamos el alojamiento para las siguientes tres noches. Allí habíamos reservado una casa de cuatro habitaciones por airbnb que nos había salido muy bien de precio, 803 euros por tres noches. No estaba nada mal, teniendo en cuenta que éramos ocho personas. Estaba situada cerca del casco histórico, al otro lado del rio.
Cuando llegamos, tuvimos algún problema para encontrar la caja de seguridad donde estaban las llaves, pero al final lo solucionamos y pudimos instalarnos. Era una casa bastante amplia, con un gran salón. Como ya era un poco tarde, apenas dejamos las maletas nos acercamos al pueblo para cenar. Se podía perfectamente ir andando, el centro histórico estaba a no más de 15 minutos, pero dado que era tarde, fuimos en coche. Al no ser un pueblo turístico, no nos costó aparcar.
Cenamos en una antigua taberna que nos encantó, posiblemente el mejor sitio de todo el viaje. Estaba todo hecho en madera, y decorado con adornos navideños, pasamos un rato realmente agradable cenando allí, y la cerveza estaba realmente buena. El lugar se llama Lehner zum Storchennest y está justo frente a una torre medieval que se puede ver en la foto de abajo a la izquierda.
Después de tan estupenda cena, volvimos hasta el coche, y a la casa a dormir. Al día siguiente nos esperaba un emocionante día en uno de los pueblos más bonitos de Alemania. Podéis leer aquí el relato de nuestra visita de día completo a Schwäbisch Hall.
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