Schwäbisch Hall
Fecha del viaje: Diciembre de 2025
El día anterior por la tarde estuvimos visitando la fabulosa ciudad de Ratisbona, puedes leer aquí el relato de esa visita, una de las ciudades más antiguas y bonitas de Alemania. El listón estaba muy alto con esa visita, no iba a ser fácil superarlo, pero la visita de ese día a Schwabisch Hall nos iba a demostrar que Alemania tiene ciudades monumentales para sorprendernos una y otra vez.
Recomendaciones importantes
- Schwäbisch Hall fue todo un descubrimiento. No quisiera dar pie a que saliera de ese bendito anonimato, pero es uno de los pueblos medievales más bonitos de Alemania (y los hay bien chulos), y a la vez un sitio muy desconocido, que no figura en los circuitos turísticos y es muy poco visitado.
- Si estáis haciendo un viaje de mercadillos navideños, como era nuestro caso, su visita es doblemente obligada, ya que los mercadillos de otras ciudades y pueblos más turísticos están realmente petados de gente.
- No os perdáis una visita a la cafetería Ableitner, sin duda la mejor del lugar, donde tienen una variedad enorme de maravillosas tartas.
Empezamos el día desayunando en el pueblo donde teníamos la casa, Gunzenhausen. Abajo a la izquierda, Inés y Nora jugando en el enorme salón de nuestra casa, mientras preparábamos todo para empezar un nuevo día de excursiones. Fuimos con el coche hasta el centro del pueblo, donde aparcamos sin problema, y desayunamos en una especie de pastelería que estaba genial. Tenían tanto bollería de todo tipo como diferentes platos de huevos fritos o tortillas, desayunamos realmente bien, como podéis ver abajo a la derecha.
Gunzenhausen no es un pueblo turístico, pero aun así tiene un centro histórico con cierto encanto, con una torre medieval y bastantes casas históricas bien conservadas, como podéis ver en las fotos de abajo (y además, casi sin gente).
Una vez desayunados, pusimos rumbo al gran destino del día, la ciudad medieval de Schwabisch Hall, situada a una hora de distancia. Al llegar, tuvimos mucha suerte y pudimos aparcar en un aparcamiento al aire libre que hay en la parte superior del pueblo, junto a la parte trasera de la gran iglesia de San Miguel. En realidad estaba lleno, pero justo cuando llegamos se iba una familia.
Sin duda es el mejor sitio para dejar el vehículo, ya que estás en el mismo centro. Desde ahí, caminamos unos metros rodeando la iglesia y nos plantamos en la terraza-mirador junto a la entrada de la fachada principal de la iglesia, desde la que tienes una visión panorámica de toda la plaza, con las casetas del mercado navideño.
Ya solo con estas fotos os podéis hacer una idea de hasta qué punto es monumental y bonito este pueblo. Y lo mejor de todo, es que no está en los circuitos turísticos, apenas se habla de él en las guias, es un gran desconocido. Y gracias a eso, podéis ver en las fotos como el mercado navideño no está petado de gente y es mucho más visitable y disfrutable que el del día anterior en Ratisbona o el de Rothenburg que veríamos al día siguiente.
Después de esas primeras fotos, extasiados por la belleza de esa plaza a vista de pájaro, entramos a ver la iglesia por dentro. Es gótica del siglo XIV y XV, y tiene tres naves separadas por hileras de columnas y rematadas por bóvedas de crucería realmente altas y espectaculares.
A la salida de la iglesia, hicimos alguna foto más desde ese maravilloso mirador, antes de bajar al mercado navideño por la gran escalinata. En el verano, se hacen representaciones teatrales en esta escalinata mientras la gente está sentada en hileras de sillas en la plaza.
Y por fin bajamos a disfrutar de ese mercadillo. A mí, fue el que más me gustó de todo el viaje. No solo es realmente bonito, es que la cantidad de gente que había lo hacía mucho más disfrutable. Por lo general, los mercados navideños de las ciudades más conocidas son un hervidero de gente, suelen estar tan llenos que es difícil pasear entre sus puestos, pero en este caso no era así. En las fotos de abajo podéis ver lo que quiero decir. Tanto nos gustó, que decidimos que aprovechariamos la mañana para recorrer el resto de la ciudad, y volveríamos aquí a comer.
En las fotos de arriba, la fuente del pescado, de 1509, llamada así por que es lo que se vendía en el mercado de esta plaza. Después de curiosear un rato en el mercadillo, pusimos rumbo a la parte baja del pueblo, junto al rio, que es la parte más fotogénica de Schwabisch Hall (más aún que la plaza principal)
Una vez abajo del todo, cruzamos un puente de piedra sobre el rio Kocher, construido en 1502. En esta parte el rio se bifurca en varios ramales, creando varias islas, y hay un par de puentes de madera muy fotogénicos. En realidad, en esta parte, mires a donde mires, todo es fotogénico. Es, en mi opinión, la parte más bonita de Schwabisch Hall.
Fijaos en las fotos, qué conjunto de casas de entramado de madera más espectacular. Y además, me parece increible la poca gente que había, casi estámos solos. Al final, que un pueblo bonito como éste acabe figurando en los tours y circuitos de agencias de viaje, es más un castigo que una bendición. Schwabisch Hall es uno de los pueblos más bonitos de toda Alemania, y no hay casi turistas, más que otros alemanes (diría que éramos los únicos extranjeros allí) Nada que ver con lo que nos encontraríamos al día siguiente en Rothenburg, pueblo medieval muy bonito, pero hiperturístico.
Y la razón de que este pueblo sea tan monumental, no es otro que la sal. En los alrededores hay manantiales de agua salada, que ya desde tiempo de los celtas en el siglo V a.C. se utilizaban para obtener sal hirviendo ese agua. La sal era muy valiosa, pues se usaba sobre todo para conservar alimentos, en una época en la que no existían las neveras. Esa industria de la obtención de sal, le dio a la ciudad un gran poder económico, que se tradujo en las increibles casonas que se han conservado hasta hoy.
Las niñas estuvieron un rato jugando en una zona infantil con tirolia, junto al rio. Desde aquí fuimos hacia otro puente de madera que cruza uno de los ramales del rio y da acceso a la otra parte del pueblo. Pero antes, nos sentamos en una terraza, justo antes de ese puente, a tomar una cerveza.
Abajo a la izquierda, las niñas jugando mientras los mayores disfrutábamos de nuestra cerveza. Se puede ver el otro barrio de la ciudad que está al otro lado del rio. Abajo a la derecha, vista del casco histórico de Schwabisch Hall que hay hacia el lado del que veníamos. El gran edificio que despunta sobre todos los demás es un antiguo almacén de grano.
Y junto a ese chiringuito, el puente cubierto de madera (original del siglo XVI) que íbamos a traspasar para conocer otro barrio de esta bella ciudad. Justo al otro lado, está la que seguramente es la mejor pastelería-cafetería de la ciudad (volveríamos por la tarde), y desde ahí tenéis un paseo muy agradable siguiendo el curso del rio, hasta el siguiente puente de piedra.
Arriba a la derecha, la cafetería que comentaba antes, el café Ableitner, un sitio maravilloso que no os podéis perder. Desde aquí, lo mejor es seguir el paseo que hay junto a la ribera del rio. Es un paseo muy agradable, pero es que además desde aquí podréis sacar una de las mejores fotos de Schwabisch Hall, con otro de los puentes cubiertos de madera y las casas de entramado de madera surgiendo sobre él. En la foto de abajo, podéis ver en el extremo derecho el puente de madera que acabábamos de cruzar, un poco más a la izquierda las sombrillas de la terraza donde habíamos estado tomando algo, y más a la izquierda, el otro puente de madera.
Y aqui abajo, fotos durante ese paseo junto a la rivera del rio Kocher, hasta llegar al puente de piedra. Una vez cruzamos el puente, no tenemos más que seguir la calle para llegar de nuevo a la plaza del ayuntamiento, donde está el mercado navideño, y habremos completado la ruta circular que recorre lo mejor de Schwabisch Hall.
Arriba a la derecha, la iglesia de San Juan, que alberga un museo de arte medieval. En la otra foto, el llamado puente del verdugo, que tiene en el centro una caseta de piedra donde antiguamente se cobraba un peaje. Siguiendo esta calle, en unos pocos minutos llegamos de nuevo a la plaza del mercado. Enseguida escogimos un puesto de salchichas donde nos pusieron un buen bocata a cada uno, y comimos allí mismo, junto a una de las mesas altas que están repartidas por la zona. Al no estar muy petado, resultó bastante cómodo.
Después de la comida, dimos un paseo en el que llegamos hasta el enorme granero que se veía en las fotos anteriores, que estaba cerrado. Hay que subir unas cuantas escaleras, y llegas a una terraza-mirador desde donde hay buenas vistas del barrio que está al otro lado del rio, como podéis ver en las fotos de abajo. En la de la izquierda se puede ver la terraza en la que estuvimos por la mañana, y el puente de madera que lleva hacia el café Ableitner, que era nuestro próximo destino.
Desandamos el camino hacia la cafetería, cruzando el puente de madera. Ya era completamente de noche. Por suerte encontramos mesa libre en el café para todo el grupo, y estuvimos muy a gusto tomando un café y un buen trozo de tarta. Tienen una enorme variedad de tartas, todas ellas con una pinta increible y por supuesto, caseras. Abajo podéis ver una foto en el puente, y otra en la puerta del café. A esas horas, y serían como las cinco y media de la tarde, no había apenas nadie en la calle más que nosotros, en un lugar tan mágico como éste, es algo que me parece increible.
Después de ese rato tan agradable en la cafetería, volvimos al mercadillo navideño para disfrutarlo de noche. Tenía ambiente, había gente, pero sin ser de ninguna manera agobiante. Daba la impresión de que éramos los únicos turistas extranjeros allí. Esta es la manera en que se disfruta de verdad un mercadillo navideño, hay que huir de los pueblos y ciudades más conocidos y turísticos. Casi me dieron ganas de comerme otro bocata de salchichas, pero estaba lleno con la tarta que acababa de comerme.
Y aquí acabó nuestra visita de día completo a Schwabisch Hall, un pueblo que nos encantó a todos, no solo por lo espectacular y bonito que es, sino también por la poca gente con quien tuvimos que compartirlo (y eso que era Domingo). Pusimos rumbo a Gunzenhausen, con la idea de cenar en el mismo sitio que la noche anterior, pero lamentablemente estaba cerrado. Pero bueno, a unos minutos había un restaurante italiano abierto donde también cenamos muy bien.
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