Rothenburg
Fecha del viaje: Diciembre de 2025
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La primera parte del día lo habíamos dedicado a la pequeña ciudad medieval de Dinkelsbühl. Un lugar muy bonito y recomendable, además es poco turístico y se agradece pasear por sus calles con poca gente. Sobre las 12:30 ya estábamos aparcados en Rothenburg ob der Tauber.
Recomendaciones importantes
- Rothenburg es una ciudad muy bonita, pero también muy turística, lo que quiere decir que la vais a compartir con mucha más gente. En estos sitios, el mejor consejo es madrugar e ir temprano para verla con la menor cantidad de gente posible. También a última hora de la tarde es un buen momento.
- Nosotros comimos muy bien y a buen precio en el restaurante Ratsstube, situado en un antiguo palacio medieval en la misma plaza del ayuntamiento.
- Si hay una actividad imprescindible que hacer en Rothenburg es subir a lo alto de la torre del ayuntamiento, las vistas desde allí son inmejorables. También hay buenas vistas desde el paseo por el adarve de la muralla al que se sube desde la puerta Siebersturm, y desde los jardines de Burggarten, a los que se llega saliendo por la puerta Burgtor.
Aquí no aparcamos tan cerca del casco histórico como en Dinkelsbühl. No nos la quisimos jugar, y dejamos el coche en un aparcamiento de superficie muy amplio y con mucho sitio libre a unos 6 o 7 minutos de paseo de la puerta de la muralla. Cuando llegamos caminando, vimos que había un aparcamiento justo al lado de la muralla, como en Dinkelsbühl, pero estaba a tope y la gente estaba esperando a que se quedara algún hueco. Realmente absurdo, cuando hay sitio de sobra unos 400 o 500 metros más allá. Abajo podéis ver un par de fotos de la puerta por la que entramos a Rothenburg.
Esa calle lleva directo hasta la Marktplatz, la plaza del ayuntamiento, donde está montado el mercadillo navideño. Allí está el imponente edificio del ayuntamiento, que tiene una torre a la que se puede subir. No nos lo pensamos dos veces, y decidimos hacer eso lo primero, aprovechando que había buena luz. Seguramente por ser lunes, no había demasiada gente en el mercadillo, se estaba bastante bien.
Esta torre es la más alta de todo el casco histórico, y si hay una actividad realmente imprescindible en Rothenburg, es subir hasta arriba. Son 220 escalones que te llevan a un mirador de 360 grados a unos 54 metros de altura. De ve toda la ciudad hacia cualquier lado, es absolutamente genial. Mejor subir cerca del atardecer, que la luz será mejor (en nuestro caso aún faltaban unas tres horas para la puesta de sol).
Se entra por la puerta del ayuntamiento que da a la plaza, y hay que subir un primer tramo de escaleras hasta llegar a la taquilla, donde se paga 4 euros por adulto y los niños 2 euros. Para los horarios, consultar la web de turismo de Rothenburg. Cuidado, por que los últimos tramos de escaleras para llegar arriba, son realmente empinados. Esta torre, al igual que el ayuntamiento, es gótica de los siglos XIII y XIV, aunque con añadidos posteriores del XVI.
Arriba a la izquierda se pueden ver las dos torres que señalan la calle que habíamos seguido desde el exterior de la muralla para llegar a la Marktplatz. Subir hasta aquí arriba fue una experiencia fantástica, sin duda de lo mejor que se puede hacer en Rothenburg. La torre, al ser tan alta y delgada, resulta muy aérea, y como además está en el centro de la ciudad, las vistas son inmejorables hacia cualquier lado.
Una vez de nuevo abajo, decidimos pasear y recorrer el centro histórico el tiempo que quedaba hasta la hora de la comida, para aprovechar esa luz tan buena, y ya nos entretendríamos en el mercadillo navideño y las famosas tiendas de la navidad al caer el sol. Lo primero que hicimos fue ir por la calle que va hacia el oeste desde la plaza del ayuntamiento, Herrngasse. En esta calle, apenas hemos caminado unos metros desde la plaza, están las famosas tiendas de la Navidad de Rothenburg. No tiene pérdida, junto a la puerta de una de ellas hay aparcado una especie de autobús antiguo, como podéis ver en las fotos de abajo.
Frente a ese autobús hay también un coche antiguo negro de exposición, junto a otra de las tiendas de navidad. Como podéis ver en las fotos de abajo, está justo al lado de la torre del ayuntamiento de la que acabábamos de bajar.
Dejamos las tiendas de navidad atrás y seguimos por esa calle hasta llegar a la puerta de la muralla que nos saca de la ciudad al recinto donde antiguamente estaba el castillo, y que hoy es un parque, llamado Burggarten. Abajo, una foto de esa monumental puerta (Burgtor) desde fuera. Desde aquí, hay amplias vistas del skyline de la ciudad, pero a esa hora estaba el sol de frente y se veía bastante mal. Desde allí fuimos por unas callejuelas muy solitarias, buscando el punto más fotografiado de Rothenburg.
Ese punto es, sin duda, el Plönlein, que quiere decir "plaza pequeña". Desde ahí se pueden ver dos de las puertas de la muralla, una más alta que otra, formando un conjunto muy armonioso. La puerta de la izquierda es la Siebersturm, y la de la derecha la Kobolzeller Tor. Como podéis imaginar, es muy difícil hacer una foto decente aquí por la cantidad de gente que suele haber. Nosotros, con un poco de paciencia, lo conseguimos como podéis ver abajo. Sin duda, el mejor momento para disfrutar de este rincón es venir lo más pronto posible por la mañana. Abajo a la derecha, la calle principal de Rothenburg, Obere Schmiedgasse, que va desde la plaza del ayuntamiento hasta el Plönlein.
Abajo a la izquierda, vista de la puerta Siebersturm desde el otro lado. Aquí dimos la vuelta y volvimos sobre nuestros pasos. Justo al lado de esta puerta, por el lado interior de la muralla, se puede subir al camino de ronda, y hacer un tramo paseando por la parte superior de la muralla. Desde allí hay bonitas vistas de los tejados y torres de la ciudad.
Después de ese paseo por el adarve de la muralla, volvimos de nuevo hasta la torre Siebersturm para bajar de allí, y seguimos el paseo por la Obere Schmiedgasse hasta la plaza, desde donde fuimos por otra calle hasta otro de los rincones más fotografiados de Rothenburg, la puerta Rödertor, una imagen icónica de la ciudad desde ambos lados de la puerta. Es una de las más antiguas de la ciudad, y ha conservado intacta su estructura medieval.
Venir hasta esta última puerta ya costó algunas protestas de las niñas, que querían comer ya. Era hora de buscar un sitio bonito donde descansar un poco y llenar los estómagos. Callejeamos un poco camino de la Marktplatz, preguntando en un par de sitios que, o estaban llenos, o ya era tarde para comer.
Afortunadamente, en la misma plaza encontramos un restaurante muy bonito donde enseguida nos prepararon una mesa. Se trata del restaurante Ratsstube, ubicado en uno de los edificios medievales del siglo XV que podéis ver en la foto de abajo a la izquierda, que sacamos desde la torre. Es el edificio amarillo de la derecha. Las niñas ya están contentas, están sentadas y pueden sacar sus cuadernos y rotuladores para pintar mientras nos traen la comida.
Y después de comer, llegó el momento tan esperado por las niñas de ir a la famosa tienda de la navidad, situada a dos pasos del restaurante, en la calle que va de la Marktplatz hacia la Burgtor. Abajo podéis ver las diferentes tiendas que hay, junto a la iglesia de los franciscanos.
La tienda de la navidad de Rothenburg es una auténtica pasada, por dentro es como un laberinto, increiblemente grande. Tienen cualquier cosa que puedas imaginar relacionada con la navidad, pero eso sí, es una tienda cara. Después de recorrerla un rato y comprar unos recuerdos, seguimos nuestro paseo, esta vez por una de las calles que desde allí mismo salen hacia la catedral, donde hay más puestos del mercado navideño.
La verdad es que el ambiente navideño es total, tan solo faltaba que estuviera nevando un poco. No pude resistirme a comerme un bocata de salchichas. Las niñas se montaron en un carrusel junto a la catedral, y estuvimos un rato curioseando entre las diferentes casetas del mercadillo. Pensaba que iba a estar mucho más lleno de gente, como el de Ratisbona, pero aunque había gente, se estaba bien, no era agobiante.
Y llegó el momento de dejar esta ciudad tan navideña. Desde la Marktplatz desandamos el camino hacia la puerta de la muralla por la que habíamos entrado. Fuimos mirando a ver si veíamos una cafetería donde tomar un café y un trozo de tarta, como el día anterior en Schwabisch Hall, pero ya a esas horas las que vimos estaban cerradas. Para ir a una cafetería tiene que ser antes de las seis de la tarde. Abajo, las últimas fotos que sacamos en nuestra visita a Rothenburg ob der Tauber. La verdad es que ya con la noche caída, la ciudad está realmente bonita con toda la iluminación navideña que tiene.
Hasta Gunzenhausen, donde teníamos nuestro alojamiento, teníamos como tres cuartos de hora de viaje. Al llegar, aparcamos sin problema en el centro, y antes de ir a cenar las niñas estuvieron un rato patinando en la pista de hielo que habían puesto en la calle principal. Al no ser Gunzenhausen un sitio turístico, estábamos casi solos, y eso que es un pueblo con cierto encanto, como se puede ver en las fotos de abajo.
Y después de un poco de patinaje para abrir el apetito, nos fuimos a cenar al restaurante italiano de la noche anterior, que estaba a un paseo de 5 minutos desde la pista.
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